Máximas / François de La Rochefoucauld

Introducción necesaria: La Rochefoucauld (1613-1680) era un perfecto cortesano del XVII. Menos sentimental y platónico que el modelo diseñado por Castiglione, vigente el siglo anterior, La Rochefoucauld encarna el desengaño y sagacidad política que solemos identificar con el periodo barroco. Fue un gran animador de salones, lector de Baltasar Gracián (cuyo estilo aforístico claramente imita y venera) y mentor de Madame de La Fayette, autora de La princesa de Cleves, la primera novela psicológica. Cuando investigaba en torno a la sociedad cortesana, con el libro de Norbert Elias como manual de cabecera, me di a leer la antología Máximas y reflexiones diversas, en edición de F. Diez del Corral y traducción de Esther Benítez (Madrid: Akal, 1984). Entonces compuse mi propio florilegio, que me gustaría compartir aquí, con una advertencia: mi criterio ha sido el de ponderar la agudeza del razonamiento, a veces al margen de la ideología que este transmite. La Rochefoucauld, como individuo del antiguo régimen, era misógino, absolutista y cínico; en ese aspecto, lejano a la sensibilidad contemporánea. Sin embargo, quedan algunos aforismos que aún siguen vigentes y pueden iluminarnos con la fuerza de un pedernal. Verbigracia: Es una especie de coquetería hacer observar que nunca se es coqueto (lo pudo decir Óscar Wilde) o La naturaleza da el mérito, y la fortuna lo pone en práctica. Mi favorito es este: La fortuna y el humor gobiernan el mundo. Finalmente, la numeración de los aforismos se remite a la edición referida.

48. La felicidad está en el gusto y no en las cosas; y somos dichosos por tener lo que amamos, no por tener lo que los otros hallan amable.

49. Nunca somos tan dichosos ni tan desdichados como imaginamos.

83. Lo que los hombres han llamado amistad no es sino una sociedad, una recíproca consideración de intereses y un intercambio de buenos oficios; no es, en fin, sino un comercio en el que el amor propio se propone siempre alguna ganancia.

90. En el comercio de la vida agradamos con más frecuencia por nuestros defectos que por nuestras buenas cualidades.

107. Es una especie de coquetería hacer observar que nunca se es coqueto.

113. Hay buenos matrimonios, pero no los hay deliciosos.

123. Si nunca nos jactáramos, casi no tendríamos placeres.

144. A nadie le gusta alabar, y jamás se alaba a nadie sin interés. La alabanza es un halago hábil, oculto y delicado, que satisface diversamente a quien la hace y a quien la recibe. El uno la toma como recompensa de su mérito; el otro la hace para destacar su discernimiento y su equidad.

146. De ordinario solo se alaba para ser alabado.

147. Pocos hay tan sabios que sepan preferir la censura que les es útil a la alabanza que les traiciona.

153. La naturaleza da el mérito, y la fortuna lo pone en práctica.

157. La gloria de los grandes hombres se debe medir siempre por los medios de que se han servido para adquirirla.

203. El verdadero hombre de bien es el que no presume de nada.

312. Lo que hace que los amantes nunca se aburran de estar juntos es que hablan siempre de sí mismos.

433. La más auténtica señal de haber nacido con grandes cualidades es haber nacido sin envidia.

435. La fortuna y el humor gobiernan el mundo.

469. Jamás se desea ardientemente lo que se desea solo por razón.

497. De nada sirve ser joven sin ser bella, ni bella sin ser joven.

 

Máximas póstumas

22. Dios ha permitido, para castigar al hombre por el pecado original, que convirtiera en dios a su amor propio para ser atormentado por él en todas las acciones de su vida.

39. Son menester pocas cosas para hacer feliz al sabio; nada puede contentar al loco; por eso casi todos los hombres son míseros.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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2 respuestas a Máximas / François de La Rochefoucauld

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