“El infierno tan temido” y la poesía religiosa

Uno de los mejores cuentos de Juan Carlos Onetti es El infierno tan temido. Lectura densa, morosa, de sábanas frías y aroma a tabaco, en una noche interminable iluminada solo por un flexo de luz amarilla; como decía Muñoz Molina, leyendo a Onetti uno mismo se descubre como criatura de su propio mundo ficcional. La frase que da título al relato proviene, como lo intuye el lector entendido, de un soneto anónimo de gran difusión en el Siglo de Oro:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Resulta inesperado el vínculo intertextual entre este poema religioso y el texto de Onetti, cuyos escepticismo y desgano en materias ajenas a la literatura son proverbiales. El uruguayo carecía de compromiso alguno, renegaba de la literatosis, que era como él llamaba al fervor del aspirante a escritor (de allí que su encuentro con Vargas Llosa fuera decepcionante para este último) y hablar de religión le provocaba un enorme bostezo. ¿A qué viene una referencia al poema anónimo religioso más famoso de la literatura hispánica?

Para comprender mejor las circunstancias creativas que rodean a El infierno tan temido es oportuno traer a cuento el comentario del propio autor, en entrevista con Joaquín Soler Serrano. Onetti resume el argumento y el proceso de escritura que lo envolvió en los siguientes términos:

Era una pareja de dos chicos que trabajaban en la radio y se habían hecho ese juramento de amor. Que nada, nada, puede interferir, pase lo que pase. Cuando ella violó el juramento de amor, el individuo rompió con ella. Entonces, por despecho (y eso ha sucedido) ella comenzó a mandarle cartas donde había una fotografía de ella y fotos obscenas todas para martirizarlo. Ahora yo me acuerdo que yo intenté… que me habían dicho que yo no era suficientemente puro para escribir esa historia, me habían hecho esa advertencia, quien me contó esa anécdota. Después de escribirla varias veces noté que fracasaba, fracasaba, fracasaba. Hasta que un día otra alemana, que puede estar allí escuchándome, me dijo ¿por qué no la escribes como una novela de amor? Porque si ella le sigue mandando las fotos, si le sigue mandando eso, es porque sigue enamorada del individuo, aunque quiera destruirlo, si no se olvidaría totalmente… Y entonces fue así, escrito como una novela de amor. Ahora, los hechos son todos verdaderos. (Onetti, Juan Carlos. A fondo. Entrevista de Joaquín Soler Serrano. Madrid. Radio Televisión Española. 1977)

Según lo refiere Onetti, la idea inicial era contar una historia de despecho, de infligir dolor al otro para vengarse frente a su rechazo. Luego, quizás de inmediato, la misma persona que le narró la historia le dijo que no era suficientemente puro para plasmarla. ¿Qué significa que no poseyera tal grado de pureza? Pareciera que Onetti no hace caso a la advertencia y al intentar escribir el relato fracasaba, fracasaba, fracasaba. Entonces aparece otra alemana, sutil referencia a Dorotea Muhr, su última esposa, y es ella quien le da el mejor consejo para que el cuento fragüe (porque, como dice García Márquez, los cuentos fraguan o no fraguan, no hay término medio): convertir el despecho, la venganza, la crueldad en amor, tal como este sentimiento se problematizaría en una novela de amor. Porque no es un amor sencillo, claro está, sino un tipo de amor malsano, enfermizo, que derivará en tragedia. Otorgando una motivación esencial al impulso torturador del personaje, Onetti le otorgaba mayor complejidad y hondura al tema del cuento. El remate de esta operación viene con la elección del título. Llamarlo El infierno tan temido supone una lectura profana del poema mencionado más arriba a la vez que nos ofrece la clave para interpretar las acciones principales del relato. De esa forma, el acto de Gracia César es el del pecador obsesionado con el Dios que sufre y cuyo dolor ella misma provoca, ya que lo martiriza. Risso, el esposo abandonado y torturado, ocupa el lugar de un Cristo crucificado. Quizás en la adopción del amor divino, vuelto humano en manos del uruguayo, se encontraría aquella pureza que le exigían tener para contar la historia terrible de El infierno tan temido.

La crítica tradicional sobre Juan Carlos Onetti, cuyas bases se asientan en los años setenta, no reparó mayormente en esta intertextualidad. Hubo que esperar hasta el relativamente reciente trabajo de Gustavo San Román, publicado en una revista de difícil acceso, para encontrar una interpretación que auscultara más a fondo en la evocación que encierra el título. Por mi parte, mantuve durante años el proyecto de escribir mi propia lectura (ya que algunos matices del artículo de San Román no me convencen), pero los trabajos y los días me tienen consumido en otros menesteres. Espero que estos elementos, las ideas sueltas y la bibliografía adjunta estimulen a alguien a volver a El infierno tan temido y explorar más su relación con la poesía religiosa que el excelente soneto aludido encarna. Valga entonces esta nota como una invitación a leer críticamente a Onetti, así como a estudiar la recepción de la poesía religiosa aurisecular en la época contemporánea.

Bibliografía sobre El infierno tan temido de J. C. Onetti

Ainsa, Fernando. “Función del amor en la obra de Juan Carlos Onetti”. Homenaje a Juan Carlos Onetti. Ed. Helmy F. Giacoman. Nueva York: Anaya-Las Américas, 1974. 112-129.

Mercier, Lucien. “Juan Carlos Onetti en busca del infierno”. Homenaje a Juan Carlos Onetti. Ed. Helmy F. Giacoman. Nueva York: Anaya-Las Américas, 1974. 227-234.

San Román, Gustavo. “Lectura de El infierno tan temido”. Río de la Plata 25(2003).

http://www.onetti.net/es/descripciones/san-roman-6

Verani, Hugo J. Juan Carlos Onetti. Madrid: Taurus, 1987.

 

Bibliografía sobre No me mueve, mi Dios…

Bataillon, Marcel. “El anónimo del soneto No me mueve, mi Dios”. Varia lección de clásicos españoles. Madrid: Gredos, 1964. 419-440.

Huff, Mary Cyria. The Sonnet “No me mueve, mi Dios”. Its Theme in Spanish Tradition. Washington, DC: The Catholic University of America Press, 1948.

Johnson, Carroll. “De nuevo sobre el soneto No me mueve, mi Dios”. NRFH 19(1971): 383-388.

López Baralt, Luce. “Anonimia y posible filiación islámica del soneto No me mueve mi Dios, para quererte”. NRFH 25(1975): 243-266.

Spitzer, Leo. “No me mueve, mi Dios…”. NRFH 7(1953): 608-617.

P.D. La intertextualidad se cierra con la película El infierno tan temido (1980), dirigida por Raúl de la Torre y la pieza, igualmente homónima, compuesta por Astor Piazzolla como banda sonora.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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5 respuestas a “El infierno tan temido” y la poesía religiosa

  1. Elena Nicolás Cantabella dijo:

    No he leído ese cuento de Onetti, aunque he leído otras cosas; de hecho este verano leí “Juntacadáveres”. Gracias por la información, me has insuflado muchas ganas de leerlo.

    • orodeindias dijo:

      Gracias a ti por comentar. Leer a Onetti es duro al principio. Yo siempre recomiendo empezar con los cuentos, para familiarizarse con el estilo y la temática, y luego abordar las novelas; salvo que empieces por las cortas, como “El pozo” o “Los adioses” (hay una edición de estas piezas cortas en Biblioteca Ayacucho). Dejaría “Juntacadáveres”, “El astillero” y “Dejemos hablar al viento” para el final. En medio, como puente entre estas últimas y las primeras mencionadas, leer “La vida breve”, que es su obra maestra.

  2. R. dijo:

    Interesante lectura que asocia un trasfondo religioso con el cuento de Onetti. El dolor gozoso de los amantes, la relación víctima-victimario me hacen acordar a algunas ideas de Bataille en torno al erotismo. Y efectivamente, así como se requiere de experiencia para escribir algunos temas, también en ocasiones es indispensable la pureza que se le exigía a Onetti, porque de otro modo ¿cómo ser verosímil?
    R.

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