Una promesa peruana: Luis Alberto de Celis (1975-2012)

Hace una semana recibí la noticia del deceso de Luis Alberto de Celis (Miraflores, 1975) en Potsdam, Nueva York. La salida con retraso de esta entrada, que mis lectores sabrán excusar, obedece a que se me dificultó mucho la confirmación de su muerte, ya que vivía solo y ni siquiera su familia en Lima sabía del trágico suceso.

De Celis era profesor en la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en la sede de Potsdam, donde se había propuesto dedicarse a la tarea de ser olvidado por todos. Así me lo había dicho la última vez que lo vi, hace tres años en Lima, en la presentación del libro de un amigo en común: “Quiero perderme en un campus remoto con estudiantes a los que enseñar disciplinadamente la diferencia entre carpe diem y tempus fugit a la luz de versos de Quevedo. Estaré tan ocupado que espero llegar a olvidarme de mí mismo”. Recuerdo con nitidez sus palabras porque era la primera ocasión en que lo escuchaba desear algo con tanto énfasis. Hasta entonces, los últimos cinco años de su vida habían sido erráticos, de idas y venidas entre Europa, Estados Unidos y el Perú. Luego de vivir en Francia, donde se doctoró bajo la supervisión de Augustin Redondo, había recibido una oferta para enseñar en Norteamérica, aunque se daba tiempo para ir a Italia (ya que tenía un hijo con una profesora de Florencia, especialista en Lope de Vega) y volver a mitad de año a Lima, siempre, para dar alguna conferencia, seminario o asistir a actos culturales diversos.

Su obra puede dividirse en dos: la estrictamente académica y la literaria. En lo que respecta a la primera, deja una voluminosa Introducción al estudio de la poesía germanesca (por la editorial Juan de la Cuesta de Newark, Delaware) que, a decir de James Iffland, “supera los estudios léxicos de Alonso Hernández y amplía el corpus establecido por John M. Hill”. También publicó, en separata de la RFE, la reconstrucción de la Segunda parte del Coloquio de los perros de Miguel de Cervantes, pergeñada por el licenciado Ginés Carrillo Cerón, la cual, según afirmaba Francisco López Estrada en su elogioso prólogo, “vino a echar por tierra los infundios hechos a Emilio Cotarelo de haberse inventado segunda parte de la novelita de los perros de Mahudes”; no obstante el reciente hallazgo del texto por Abraham Madroñal haya vuelto fantástico el trabajo de Celis, es una hazaña de su pericia filológica. Súmense a estas dos obras medio centenar de textos más breves, entre artículos, notas y reseñas, publicados en revistas de Estados Unidos (Hispanic Review, Romance Notes), España (Anales cervantinos, RFE), Francia (Bulletin Hispanique) e Italia (Rassegna Iberistica). Sobre la calidad y valor de toda esta parcela humanística no he de opinar, por no caer en la subjetividad. La última voz al respecto la posee el hispanismo más autorizado.

Sí me permitiré, en cambio, hablar de su obra literaria, que hasta hoy se mantuvo, si no perdida, al menos sí olvidada. De Celis es autor de Vida oscura, un libro de prosas y versos que publicó a los veinte años en edición no venal, para un círculo de amigos. No ha sido reeditado y es una lástima, porque el libro merece ser leído para comprender mejor los motivos del proteico intelectual. La Vida oscura es una parodia seria de la Vida nueva de Dante. Así como este último recrea un proceso amoroso que lo conduce a una epifanía, en Vida oscura, De Celis nos conduce por el camino inverso: hacia una decepción que supone para el poeta entregarse al silencio perpetuo. Repárese en el primer párrafo del libro teniendo en mente el texto dantiano:

En aquella parte del libro de mi memoria, antes de la cual poco podría leerse, hay un epígrafe que dice La vida oscura empieza. Bajo ese epígrafe se hallan escritas las palabras que es mi propósito reunir en este librito, ya que no en su integridad, al menos sustancialmente.

El verso “La vida oscura empieza” proviene del poema El fuego y la poesía de César Moro. De Celis actualiza a Dante y plantea una versión postmoderna del mito de Beatriz: Sandra, una hermosa muchacha de dieciséis años a la que el poeta no se atreve a hablar durante todo un año, su último año de colegio. Finalmente, en el baile de promoción, Sandra aparece del brazo del más canalla de los compañeros de clase del poeta: Ángel Guerra (nótese el oxímoron). El poeta pasa toda la noche mirando a hurtadillas a Sandra hasta que, armándose de valor, la espera a la salida del baño de mujeres. Cuando la donna angelicata aparece, él solo atina a preguntarle si ella es la chica a la que veía todos los días caminando por su calle al salir él en el auto de su padre, quien lo llevaba al colegio. Sandra sonríe y desaparece. Al final de la fiesta, el poeta observa a Guerra llevándose a Sandra por el malecón de Miraflores, donde él la vio por primera vez, donde lloró por ella y escribió los poemas que introduce según va progresando su experiencia sentimental. Tras el silencio de Sandra, la musa, el poeta también opta por el silencio y descubre que más allá de su amor baldado no existe creación literaria posible: de nada valen los versos cuando tu ángel se va con el primer fantasma que la saca a bailar.

Me atrevo a pensar que De Celis nunca dejó de escribir literatura, solo que lo hizo entre líneas, con escritura invisible. A través de su obra crítica, de base filológica y erudita, trato de desmontar el edificio literario, revelándolo como un juego con reglas fijas, predecibles. Tal es la continuación, absolutamente coherente, de la Vida oscura. Porque nunca alcanzó el amor, no al menos como él lo establecía en su plan poético de corte dantiano: el primero, para siempre y en su ciudad natal. Murió solo y lejos, que es la mayor desdicha que puede sufrir alguien. De Celis, como otros antes que él, fue una promesa peruana: en vez de dedicar su vida a escribir una obra literaria sólida y patente, convirtió su vida en mala literatura.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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4 respuestas a Una promesa peruana: Luis Alberto de Celis (1975-2012)

  1. Alvi dijo:

    Quizás darse cuenta, hasta la obsesión, de las reglas fijas, predecibles, del universo de ficción y de la ficción que es la vida, nos puede llevar fácilmente a la frontera de lo insoportable, a la insensibilidad absoluta que nos ofrece la insoportable levedad del ser. La mala literatura en uno es acaso el resultado de una vida brillante en otros aspectos, y una equivocación de términos que nos alumbran y nos confunden hasta lanzarnos a lo desconocido sin regreso. No lo conocí, pero tras leer tus palabras, lo siento mucho. De Celis parece ahora un Ulises fantasma a la vuelta del Hades de una esquina de una minúscula ciudad europea.

    • orodeindias dijo:

      Quizás, como decía Borges, y esto funciona bien para De Celis, “la fama es un malentendido”. Creo que él quiso ser demasiado coherente con la literatura (que no con la vida) y por ello naufragó.

  2. Pingback: Diario de Luis Alberto de Celis I | Oro de Indias

  3. Pingback: La “Segunda parte del coloquio de los perros” de Ginés Carrillo Cerón | Oro de Indias

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