Diario de Luis Alberto de Celis I

Algunas semanas después de publicar la nota sobre el fallecimiento de Luis Alberto de Celis, recibí un sobre enviado desde Potsdam, Nueva York. La secretaria del departamento donde laboraba De Celis me mandaba, en un paquete sellado, el diario personal de mi malogrado amigo. Es un cuaderno escrito sin respetar márgenes o líneas, con letra nerviosa en tinta azul. Hay entradas desde el año 2005 hasta el 2012 que, evidentemente, fueron copiadas – decir “pasadas a limpio” me suena excesivo- en tiempos recientes. Leerlas me ha brindado una imagen más compleja de Celis y decidí transcribir algunas de ellas, solo para ilustrar su personalidad y manías. Creo que constituye un dietario con cierta calidad literaria. He respetado la puntuación y la ortografía (no presentan mayores problemas) y he decidido convertir en iniciales los nombres propios de personas aludidas. Algunos nombres me resultaban familiares, por conversaciones con Luis Alberto, otros no tanto. Lo he hecho para evitar intromisiones a la privacidad de los vivos. Finalmente, cuando no entendí un pasaje he puesto entre corchetes la palabra “ilegible”.

27 de mayo del 2005

Hoy salimos en grupo, estaba M, he tenido algunos minutos dignos, luego, caída en lo convencional. ¿Por qué será que cuando uno va conociendo más a una mujer va dándose cuenta que no es tan especial? O quizás mejor dicho: esa persona que te parecía especial, quizás única, que llega a ti, tiene una vida normal, hasta interesante. Ella contó que salió ayer, que estuvo hasta las tres de la mañana. Saber eso me entristeció. Saber que tiene una vida, un mundo entero, aparte, ajeno, diferente, me entristece. Uno quisiera pensar más bien que sale de la nada, como Venus de la espuma, sin pasado ni presente que no sea contigo. Pero por lo general es como coger un libro a la mitad. Para ti la historia empieza, pero hay un montón de páginas atrás con historias que empezaron y acabaron, unas que están a medias y otras, para colmo, que están ocurriendo al mismo tiempo que la tuya. Y quizás sean mejores que la tuya.

21 de junio 2007

La pobreza vuelve a la gente mezquina, la degrada. Quizás si siempre has sido pobre eres puro e inocente, como quieren algunos, pero lo terrible es cuando has tenido dinero o, peor que eso, creíste que tenías dinero. En ese caso la pobreza saca lo más ruin de cada uno.

23 de abril de 2008

hopper4.3Soy muy infeliz.
La negativa de M ayer, una negativa presumible, totalmente justificada, me dolió muchísimo. Tal vez precisamente por eso, porque todo apuntaba a mi mala fortuna. Digamos: tuve que ir a verla justamente cuando ya había bajado y acababa de volver a instalarse. No nada peor que descubrir que los dioses, el Hado o cómo se llame están jugando en tu contra.
Y yo no quería nada del otro mundo. Solo una vulgar charla. Contemplar sus ojos y su sonrisa [ilegible]. ¿Acaso es demasiado?
Don Juan es un tipo solo, no solitario. En el fondo, es un apestado. Nadie lo quiere. No es un ente real. Todo en él es puro teatro. Nadie sabe lo mucho que sufre. Finge ser duro, pero es sumamente blando, hasta la médula.
En estos últimos meses, tres mujeres me han dicho exactamente lo mismo sin ponerse de acuerdo: “En otro momento”, “En otro lugar”, “En otra circunstancia”… No hay nada peor que achacar los males no a las personas sino al contexto, a los dioses tutelares.
Soy muy infeliz.

19 de agosto de 2008

Hoy me puse a pensar en cómo recordaré este tiempo cuando todo haya pasado. ¿Serán estos mis años heroicos? Diré acaso: “Ay, en aquel lejano 2008, dejé los pisos compartidos, me puse a vivir solo y tenía régimen de boxeador. Iba a la universidad, daba clases, leía y escribía”. Poco más.
Por las mañanas, me levanto, me aseo, pongo el cacito con agua, me hago dos bocadillos (pavo y queso, salchicha, atún con mahonesa o tortilla), bebo una taza de té (earl grey o verde). Salgo a la universidad. Llego a la oficina. Despacho e-mails. Enseño. Acabo eso y regreso a la oficina. Despacho e-mails. Almuerzo (arroz y pollo con sésamo). Luego voy a la biblioteca. Me pongo a leer o escribo algo. Último despacho de e-mails. Estoy en eso hasta las seis y pico. A las siete tomo el autobús de vuelta a casa. Entonces pongo el cacito, me hago otro par de bocadillos o abro una lata de sopa (pollo con fideos). Escribo en el portátil, preparo cosas para mañana, me acuesto y leo. A las diez y pico, fin de la jornada.
¿Pensaba llegar a los 33 años viviendo de esa forma? Pues estoy por llegar. En tres meses.

8 de agosto de 2009

Leyéndolo pensé: uno de esos ilusos que creen enaltecer a Cervantes llamándolo frescamente “don Miguel” o que escriben, anacrónicamente, “novela de caballerías”. Me basta encontrar dos de esos dislates para descartar al sujeto.

22 de abril de 2011

Salgo de la ducha y escucho un tema de Diego Vasallo. Pienso: en una época de mi vida, entre 2008 y 2009, viví sumido en la melancolía, la depresión artística, que es una actitud beatífica, rodeada de un hálito sagrado, de ungido por los dioses. Es el tipo de depresión creativa de los románticos. La depresión del blues, del que fuma sin cuestionárselo, porque es un solitario y el humo lo aísla más.
En esa época yo era un melancólico profesional. Escuchaba música suave, de atmósfera (In a sentimental mood o Love’s Theme) o algo pop de otro siglo con título emblemático, El joven nostálgico. Ganaba poco dinero, mi vida era una vida mediocre, de monje benedictino, cargando el botín de algunos años en España donde tuve ilusiones y fui libre. Ese fue mi primer año como doctor, emigrado en Estados Unidos, viviendo en un piso solo, por primera vez, en realidad, luego de vivir cuatro años de doctorando en pisos compartidos. Quizás, como decía Sabina, la vida era dura, distinta y feliz.
christina-rosenvinge-tu-labio-superiorA fines de 2008, escuchaba Diego Vasallo o Anoche (el puñal y la memoria) de Christina Rosenvinge (otra cantante para melancólicos) y andaba torturado por el desamor.
Esa depresión artística no es de mal gusto, ni es una depresión violenta. No es la depresión contagiosa y realmente invasora, de mala leche, de los depresivos corrientes. Los depresivos que, digámoslo así, tienen serios motivos para sentirse como se sienten. El artista se deprime profesionalmente. Es el sufridor ejemplar del que habla Sontag. Su depresión es admirable y es una fuerza que lo puede impulsar a componer literatura, música o pintura.
Pero el deprimido clínico… cuidado… su presencia es intolerable, te contagia de malhumor, lo convierte todo en negro y blanco. Si el artista aparece como un ente sagrado, el deprimido clínico está degradado.

1 de julio de 2011

Anoche, en Brooklyn, en una charla de artistas, tan abstractos y tan convencidos de su propia valía. T es amiga y me resulta auténtica, pero el otro, creo que no era más que un pelagatos. Pobre gente de París, pobre gente de Nueva York.
Y las rubias de Nueva York también estaban allí.
Al final, nadie sabe para quién trabaja.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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