Imitación de Lucas Corso

Hace unos días, buscando otra cosa, me topé con el siguiente pasaje en un texto de Luis Alberto Sánchez, polígrafo peruano de la llamada generación de 1900:

En 1959 la efímera editorial Olympia, de París, publicó en inglés un libro de 612 páginas titulado The Black Dairies, de Sir Roger Casement, por Peter Singleton-Gates, un periodista audaz, y Maurice Girodias, su compañero de hazaña. La edición fue de 1,500 ejemplares; yo tengo el número 1,437, enviado por Félix Álvarez Brum. Reconozco que ha sido un valiosísimo regalo. Hace casi cuarenta años, en 1929, la Editorial Shakespeare and Co., también de París y en inglés, publicaba el Ulysses de James Joyce en una edición de lujo de doscientos ejemplares: tengo el número 11. Me siento satisfecho y orgulloso de su posesión. Me lo envió de París, Pedro Bentín Mujica, a quien Dios tenga en su regazo. (“El amargo recuerdo de Roger Casement”, Correo, 4 de julio de 1967)

Sánchez nos recuerda que los libros tienen algo de fetiches y objetos preciosos. Esto me hizo pensar en las dulces posesiones que uno alberga o desea poseer en su biblioteca personal. Sin la diligencia de Fernando Colón, que inclusive anotaba el precio del libro y dónde lo compró, yo referiría humildemente:

  • comentarios reales emeceLa edición de Ángel Rosenblat de los Comentarios reales (primera y segunda parte), publicada por la vigorosa Emecé de Buenos Aires entre 1943 (primera, en dos tomos) y 1944 (segunda, en tres tomos). El tomo dos de la según parte o Historia general del Perú incluye un mapa del imperio incaico y la conquista.
  • La primera edición de Los cachorros con fotos de Xavier Miserach. No la tengo, pero he visto y manejado ejemplares en Lima (PUCP), Pamplona (UNAV) y Geneva, NY (HWS).
  • La primera edición de La vida breve de Juan Carlos Onetti, publicada por editorial Sudamericana en 1950. Con unas rayitas al margen y subrayados en tinta azul.
  • El facsimilar del Lazarillo de Tormes de Medina del Campo. Publicado en 1996 (con múltiples reediciones) por la Junta de Extremadura. Se trata del ejemplar encontrado en Barcarrota.
  • La primera edición de Salón de belleza de Mario Bellatín, publicada bajo el sello de Jaime Campodónico/editor, en Lima, 1994.
  • La edición no venal de El dueño del secreto de Antonio Muñoz Molina, publicada por la FNAC en 1994.
  • Lectura y lectores en la España de los siglos XVI y XVII de Maxime Chevalier (Turner, 1976). El ejemplar perteneció a Elias Rivers, acabó en un librero ambulante de Lima y allí lo adquirí. Tiene la dedicatoria, con caligrafía minúscula y vertical, de Chevalier para su amigo y colega.
  • La edición de 1984 de Poesía satírico burlesca de Quevedo, adquirida en la librería The Bookshop de Chapel Hill, NC, en 2006, con dedicatoria del autor (fechada en 1987) a sus amigos Julio, Consuelo y Antonio Cortés.
  • Una curiosidad que cayó en mis manos recientemente: la interesante novela El copista de Teresa Ruiz Rosas, publicada en Anagrama en 1996. Adquirida en julio del año pasado en la librería de remates que hay en la rambla de Piriápolis, Uruguay.

la vida breve sudamericana Desearía poseer y todavía estoy buscando La relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas del Inca Garcilaso de la Vega en edición de Raúl Porras Barrenechea. Incluye reproducción facsimilar del manuscrito autógrafo. La tuve entre mis manos en una visita de hace un año atrás a Luis Alberto de Celis. El pudor o el respeto mal entendido me ha llevado a no indagar a dónde han ido a parar los fondos de su respetable biblioteca. ¿Alguna biblioteca de una prisión norteamericana acabará albergando ese ejemplar? Entre las rarezas de mi buen amigo, se encontraban un facsimilar de la Circe publicado en Madrid en 1935 (gracias al que pude verificar aquello de “aquí vuelva vuestra merced la hoja” en La desdicha por la honra) como The Syntax of Castilian Prose de Keniston (con el que completé alguna nota de mi tesis), y opúsculos tan escurridizos como El tapiz narrativo del Polifemo de Jesús Ponce Cárdenas y Défense et illustration du sens littéral de Marcel Bataillon.

Y tú, lector carísimo, embriagado de tinta, ¿qué libros preciados tienes o desearías tener? ¿Conoces las dulces prendas bibliográficas de un amigo o colega que puedas mencionar?

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Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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11 respuestas a Imitación de Lucas Corso

  1. Dueñas dijo:

    Es difícil darle principio a una lista de los libros que se quieren porque ya forman parte de nuestras vidas. Sin embargo, entre los me jacto tener puedo mencionar un ejemplar de Of Grammatology con la firma del filósofo. Habiendo sido gran conversador con Don Pedro Lastra, también me hice de un ejemplar de un tomo dedicado al poeta chileno, agotado hoy en día, que se titula “Con tanto tiempo encima”. El vate chileno me ayudó con las lecturas sobre Roque Dalton, con quien se mantuvo en contacto por algún tiempo, y así me conseguí un ejemplar de “Poesía escogida” imposible de comprar hoy en día. Del cuentista cubano tengo su deleitosa selección de cuentos llamado Pedir de boca. De Victoriano Roncero también he logrado de hacerme algunos ejemplares, pero sus tempranas publicaciones se me han difícil de conseguir. Hay tanto que gustaría mencionar como algunas novelas de Cercas, Muños Molina, Piglia, etc. mas dejo hasta aquí mis comentarios. No hay que olvidar, valga la redundancia pues no recuerdo quien lo dijo, que no hay mejor jardín que un cuarto lleno de libros.

  2. Alejandro dijo:

    Tengo particular aprecio por ciertos volúmenes “de trabajo” en mi biblioteca personal que son, sin ser especialmente significativos, no dejan de ser un tanto esquivos: un ejemplar de la “Cronología” de Morley y Bruerton, el epistolario de Lope en cuatro volúmenes (aunque en la reedición más moderna de la RAE) y la incompletísima “Obras completas de Lope” comenzada por Entrambasguas (proyecto del que sólo se publicó un volumen).

    Como curiosidad, guardo –creo que todavía en España– un ejemplar mecanografiado (sospecho que tal vez un “original”) de una comedia compuesta por un dramaturgo de última fila en el franquismo, el cual incluye anotaciones relacionadas con el sistema de censura existente. Encontrado por casualidad en una feria de libro antigua en Valencia hace unos pocos años, debería buscarlo y dedicarle una lectura más calmada y profunda.

  3. orodeindias dijo:

    Un mecanoscrito original con anotaciones, vaya, eso es destacable. Y la cronología de comedias de Lope es una rareza que vale mucho.

    • Alejandro dijo:

      Como con todo, entra en el juego el valor personal (o “aura”, que diría W. Benjamin) que cada uno damos a libros específicos. En el caso de la “Cronología”, durante años había fatigado las páginas de una versión fotocopiada, por lo que hacerme con un ejemplar de la primera y creo que única edición de 1968 suponía dejar atrás el mundo de la reproducción y adentrarme en el de la realidad.

      Post scriptum: Hoy en día manejo exclusivamente una versión en PDF de esta obra para mi trabajo, pero el libro impreso formará parte por siempre de mi biblioteca.

  4. R. dijo:

    Tres libros que deseo posser no tanto por tratarse de rarezas bibliográficas, sino por apego sentimental:

    a.) “Lima Religiosa” de Ismael Portal (Lima: Librería e Imprenta Gil, 1924) Este libro consigna buena parte del patrimonio religioso colonial de Lima y está acompañado de hermosas fotografías de lugares de difícil acceso para el vistante o incluso que ya no existen. Se me ha escapado dos veces de las manos, en la tercera será mío.

    b.) “Marie-Antoniette. The portrait of an average woman”, de Stefan Zweig (New York: The Viking Press, 1933) Cláisica biografía de la trágica reina de Francia traducida al inglés. Este libro estaba en la diminuta (y adorable) biblioteca de un instituto en el que dictaba hace unos años. Fue el primer libro que leí íntegro en inglés. Tiene lindos grabados al interior. Hice todo lo posible porque me lo vendieran pero jamás lo logré. Tal vez lo consiga por Internet

    c.) “La pintura galante francesa en el siglo XVIII” de Jacques y Francois Gall (México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1953) Compré este librito delicioso hace unos años en una feria de libro viejo en Lima. Lamentablemente, estuvo expuesto a malas condiciones y se arruinó por completo. Ojalá pueda adquirr otro ejemplar

    R.

  5. Alvi dijo:

    Hace unos meses encontré varias ediciones de algunos trabajos de Twain en Ithaca, NY, y compré para un regalo Life in the Mississipi en una edición de principios de siglo, desde luego muy cercana a la original de 1883, ya que se mantenía la portada de dicho año. Era además un regalo para dos amantes de los libros y los viajes, así que llegó como caido del cielo.
    Hace algunos años, en 2005 o 2006, estando en Reno, NV, el milagroso préstamo interbibliotecario de la biblioteca universitaria me permitió tocar al fin (e inmediatamente escanear para uso privadísimo), el Juego de Cartas de Max Aub, únicamente editado en México en 1964. Me preguntaba cuándo reeditaría alguien este libro-baraja, esta rareza fascinante, y hace un par de años acometió la tarea Torre del Vigía en Cádiz, que ha limpiado y pulido, restaurado, el brillo a partir de uno de los pocos originales que aún se localizaban por el mundo.
    Por mi cumpleaños, hace un tiempo alguien me regaló un Garcilaso de faltriquera, en edición decimonónica.
    No recuerdo grandes firmas en hojas de libros que haya adquirido finalmente, aunque he encontrado muchos con la hoja firmada cortada, la hoja de guarda fantasma que alguien se llevó despreciando el libro y dejándolo huérfano de alguna rúbrica ilustre.

    • orodeindias dijo:

      Un Garcilaso de faltriquera del XIX. ¿Recuerdas al editor o el sello editorial?

    • Alejandro dijo:

      Un cuento que Borges nunca escribió transcurría parcialmente en una biblioteca de libros raros y curiosos formado por dulces posesiones de diversos lectores que albergaba esta biblioteca común, o libros que deseaban poseer (y que acababan apareciendo misteriosamente en esta biblioteca).

      Queda pendiente ver el “Juego de Cartas” (y el Garcilaso decimonónico). 🙂

  6. Pingback: Silva de varia lección, II | Oro de Indias

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