Diario de Luis Alberto de Celis, II

He recibido comentarios a través de correo electrónico que se sorprenden de estas confidencias del corazón de mi malogrado amigo Luis Alberto. Aquí presento una nueva selección. A diferencia de la entrega anterior, aquí no hay tantas reflexiones, sino una serie de sentimientos encontrados, entre la euforia a veces y la derrota en otras, en torno a cuitas personales. Ofrezco a continuación un mínimo de contexto: entre 2007 y 2008, Luis Alberto acababa su tesis doctoral y buscaba estabilizar su vida. Había ya tenido una hija, pero no vivía con la madre (a quien se refiere como C).  A partir de 2009, ya en Potsdam, Nueva York, las entradas menguan y el espíritu vacila. Las iniciales se acumulan y a mí mismo –el transcriptor- me cuesta encontrar coherencia entre tantos nombres. Por lo que sé, el suceso aciago de 2011 en Boston no tuvo repercusiones de largo plazo, sino que fue solo un mal paso. Finalmente, no será una infidencia lo que para cualquier lector agudo resultará obvio: en el diario, F soy yo.

Jueves, 3 de mayo de 2007

Hoy vi Días de Santiago. Qué feo es el Perú. Por qué no pueden hacer películas sobre gente menos fea y siniestra? No pido un blockbuster a la manera de Hollywood siquiera, pido algo como The Road Home. Películas íntimas, baratillas nomás, pero sin truculencias. Días de Santiago está bien hecha, pero me deja una sensación parecida a la que me dejaría ver una hora completa de Laura en América, es decir que el Perú es un país de animales: chicas putas y vulgares, hombres zafios y sin modales, tierra, cerveza, música espantosa y mucho resentimiento.
Salí del Perú para ampliar mis horizontes intelectuales. Ahora me mantengo fuera por razones puramente estéticas.

Domingo, 13 de enero de 2008

Año nuevo, sin corazón nuevo. Sigo siendo el mismo enamoradizo, solitario, seudomarginal y raro de siempre. Acabo de conversar con E. Está delirando. Que va a estudiar filosofía, que se va a Suecia… a nadie le importa lo que ella haga, aunque se esfuerce en pensar que sí. A nadie le importa lo que haga con su vida porque no es nadie. Hay que pisar tierra.
Pero quién soy yo para romperle los sueños…
Quizás logre verla en julio, pero no creo que haya algo más que eso. Tengo que moverme.
Ver a C el próximo mes. Empezar a mover eso desde ahora.
Ir a Barcelona en marzo. Ver a M. Subir a Pamplona y ver a F, contarle, entre copas, mi triste historia con E.
Acabar esta tesis pronto.

Martes, 19 de febrero 2008

la-educacion-sentimental¿Recibí mi señal en Florencia? Lo que quedó claro es que solo nos queda T como único vínculo. Junto a ellas, a C y T, siento destellos de familia, que se reactivan por horas o días, pero no se prolongan a más. Fuera de esos momentos, mucho cariño y respeto. Punto.
Lo triste es que, como al final de “La educación sentimental” siento que en otra circunstancia vital, en otro momento de nuestras vidas, hubiéramos podido cambiar la historia. Pero, claro, nunca nos propusimos seriamente vivir juntos en el mismo país y no parece que vayamos a hacerlo en algún momento.
Por otra parte, E volvió con ganas. ¿Me dará alguna oportunidad a mitad de año? Mis sentimientos siguen intactos, creo yo. Reconozco que tal como están las cosas es lo mejor que puede estar ocurriendo: una amistad bien mantenida. Aquí no obstante, hay un ingrediente distinto, que la diferencia, por ejemplo, de la amistad de C. Con C las cosas son más homogéneas y en ese aspecto, objetivas, enfáticas y transparentes. Hasta el punto de contarnos nuestros problemas y angustias. Con E, la relación, por sus orígenes y por la diferencia de edad, posee cierta verticalidad que me huele a veces a paternalismo mío que no puedo evitar. Porque es una muchacha y no pudo dejar de llenarme de ira de su necedad. Es el lado cruel de onettianismo, como le gusta decir a F, que el buen JCO nunca admite.
Ahora me queda ir a Nueva York dentro de un mes.
Y a todo esto, he cancelado toda comunicación con M, merecidamente.

Miércoles, 6 de septiembre de 2009

Pegado a internet, en mi piso de doctor reciente, el departamento A3 de condominios Millcreek, en Potsdam, Nueva York, USA. Algo tristón. La rubia que me gusta la veo algo lejana. ¿Dónde me metí? ¿Quién me manda a subirme a aviones y venir a lugares que no conozco? En fin, a lo hecho pecho. Tengo que ser fuerte. F me dice en su último mensaje que soy “ducho y valiente”. Quiero creerle.

Domingo, 6 de mayo de 2010

La heladería Cold Stone de la calle principal de Potsdam (NY, USA) me hace pensar en aquella heladería que naufragó en manos de mi bohemio tío abuelo PC, donde mi madre –siendo niña- hizo sus primeras armas en el mundo de las cuentas y los negocios. Siento nostalgia por algo que no conocí. Las heladerías tienen un espíritu infantil, inocente. Igual sentimiento me produjo la heladería de la Plaza Ghirardelli en San Francisco. Hasta le dejé una propina de cinco dólares a la chica que despachaba los helados.
La chica más dulce de upstate New York: Cheryl Woll. Con su mandil guinda de enfermera de geriátrico me hizo acordar a Cameron Diaz en In Her Shoes. Nos despedimos brevemente. Yo queriendo restarle importancia al asunto, ella con la timidez y la indiferencia de siempre (indiferencia involuntaria: simplemente, no siente nada en absoluto hacia mí). Sentí otra vez ese nudo en la garganta y la respiración algo agitada de esos momentos cruciales en que, como ocurría en el Perú, yo prefiero callar y tragarme mis ganas de conocerla mejor.

Lunes, 2 de marzo de 2011

Leaving_Las_Vegas_11158_MediumMe reafirmo: si las cosas siguen como están, seré Nicolas Cage en Leaving las Vegas: me iré a Lima este verano a perderme, a arruinar mi carrera, beber y gastar todo el dinero en los próximos años. Porque no pude hacerlo. Me fulminaron o, finalmente, es que la vida te pasa factura. Mucha frivolidad estos años.
No quiero saber nada de E y A (con dolor, muchísimo dolor, la única que me hace sentir eso), C (lejos, muy lejos, en Florencia), M vistiendo Adolfo Domínguez y hasta R, si es que algo estaba consiguiendo con tanta charla interesante.
En Boston me quemé. Toqué fondo. Me choqué con la realidad.
Llegué, vi y perdí.
Tendría que pasar un milagro o la suerte irlandesa de la que siempre me habla F para que algo cambie.

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Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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