Novela latina II: “El asno de oro” de Apuleyo

Un siglo después del Satiricón, aparece El asno de oro, también denominado Las metamorfosis del norteafricano Apuleyo (125-180). El asunto no parece original, sino que debe proceder de algunos relatos antiguos, de las “milesias” ya referidas. En particular, de una novela más larga (de la cual El asno sería resumen), atribuida a Lucio de Patra. El mérito de Apuleyo ha sido reunir todos esos episodios y generar un argumento atractivo y divertido. Esta novela estuvo perdida durante siglos, hasta que fue rescatada en el siglo XIV por Giovanni Boccaccio, quien la encontró en el monasterio de Monte Cassino. En adelante tuvo un grandísimo éxito, sobre todo durante el Renacimiento. Un joven llamado Lucio utiliza por error un ungüento mágico y se convierte en asno, pero sin perder su inteligencia humana. Bajo la figura de asno, sufre toda suerte de calamidades y conoce todo tipo de ambientes, especialmente los más bajos, hasta que recupera su forma gracias a la intervención de la diosa Isis, a cuyo culto se entrega al final de la obra. Apuleyo vincula la trama de la novela a creencias mágicas que estaban de moda en su época.

%28Apuleyo+Lucio%29+La+Metamorfosis+o+el+asno+de+oroPese a estar escrita en latín, la ambientación de El asno de oro es totalmente griega. La estructura de la obra obedece a la “fábula milesia”, tal como el mismo autor lo refiere al inicio del libro: un relato, ligero y fresco en su lenguaje, situaciones cotidianas y con algunas cuotas de humor verde o fantasía. Lucio, en su disfraz de asno, es testigo de historias y de experiencias que de otra forma no podría haber visto. Esto vincula la novela de Apuleyo con el moderno género picaresc0, fenómeno que ha producido un largo río de tinta.

Siempre se ha reconocido que, por encima de la novela en su totalidad destaca una hermosa y simbólica fábula mitológica: la historia de Eros y Psique. Se trata también de un tema anterior a Apuleyo, pero cuya versión es sin duda la mejor. La esencia de la fábula, el rompimiento del secreto que separa a la pareja de enamorados, que provoca el fin de su felicidad, es sin duda de origen folclórico y reaparece en otras leyendas famosas y posteriores, recreada a lo largo de la cuentística europea. La historia de Eros y Psique es una narración que reúne todos los lugares comunes de la novela de amor y aventura que tenía popularidad por esa época. Psique es una joven virtuosa y tan bella que la gente empieza a desatender el culto a Venus por venerarla a ella. Celosa de la joven, Venus planea castigarla. Para eso manda a su hijo Eros, a que la haga infeliz, casándola con un hombre miserable, sin fortuna. Pero este acaba por enamorarse de ella y se la lleva a su palacio. Ya casados, Eros no puede presentarse ante ella a plena luz y solo están juntos por la noche. Las hermanas de Psique, celosas y con envidia de la fortuna de su hermana, le plantean dudas sobre su esposo, le dicen que es un monstruo, una serpiente, y la instan a verlo acercando una vela hacia su rostro en plena noche. Al hacerlo, Psique vierte una gota de aceite de la lámpara sobre Eros, quien se enfada porque ya le había advertido a su esposa sobre sus maldicientes hermanas y se marcha por sentirse traicionado por ella. En adelante, Psique, guiada por su amor, tendrá que buscar a Eros y recuperarlo. El dios Pan, dios de las montañas, le da a Psique la solución a su problema: “Procura aplacar con plegarias al dios Cupido (Eros), que es el mayor de los dioses, y trabaja por merecer su amor con servicios y halagos”.

Jacopo_Zucchi_-_Amor_and_Psyche

Eros y Psique, según Jacopo Zucchi

Psique busca apoyo en alguna diosa (Juno o Ceres), pero ninguna le hace caso, porque no quieren reñir con Venus, quien ya se enteró de lo que le ocurrió a su hijo y lo ha encerrado. Tanto Venus como Eros son dioses que todo el mundo respeta y nadie quiere ofenderlos. Psique busca a Venus y esta, como las brujas o madrastras malvadas de los cuentos, la atormenta: la flagela y luego le propone retos, que ella supera con ayuda, porque todos aprecian a Cupido y ella es su mujer: separar granos (la ayudan las hormigas), recoger la lana de oro de unas ovejas muy violentas (la ayuda una caña verde), recoger agua de los arroyos que vienen de los infiernos (le ayuda un águila). La última prueba es descender a los infiernos para pedirle a Proserpina que le regale a Venus algo de su belleza metida en una cajita. Cuando le ordena esto, Psique piensa en suicidarse, pero la torre a la que se ha subido le habla y le dice todo lo que necesita para ir al infierno y salir con vida (llevarle el pago a Caronte, no hacer caso de los que le pidan ayuda, migajas para el Cancerbero, etc.). Cuando sale del infierno, vuelve a cometer un error: su curiosidad la lleva a abrir la cajita, para quedarse con algo de la belleza que Proserpina le daba a Venus. Pero la cajita no tenía belleza sino espanto y horror, “un sueño infernal”. Psique se desvanece, pero es rescata por Eros, su esposo, que ya se ha recuperado. Psique ha sido perdonada por Cupido (necesita la gracia de él que le permite subsanar su último error) y este aboga por ella ante Júpiter, quien convoca a los dioses y hace efectivo el matrimonio de ambos, volviendo a Psique inmortal. La hija de Eros y Psique se llama Placer o Regocijo.

Una interpretación de esta historia, que vincula lo maravilloso con lo alegórico, encuentra en Psique la personificación de alma (psique es alma en griego). El Alma persigue al Amor fugitivo, a través de un camino de perfección. Psique es abandonada porque ha quebrantado el misterio o secreto (tabú) por un exceso de curiosidad (que es un error). Por ello debe bajar al mundo de los muertos (otra vez el infierno) en busca del don ágmico que pueda aplacar la ira de la diosa celosa y despótica (Venus), que le impone una tarea lewisimposible. Psique es un símbolo del alma humana que caída en el pecado pierde su contacto con el bien (el Amor) y debe purificarse en un camino de pruebas difíciles. Parte de esa purificación entraña descender al infierno (catábasis), desafiar a la muerte y renacer, con ayuda divina, para alcanzar la felicidad anhelada. Toda la narración recrea un rito iniciático. La curiosidad pecaminosa es fatal para el Alma. Recuperar el vínculo con lo sagrado exige las pruebas. En realidad, esto mismo es lo que le pasa al protagonista de El asno de oro, aunque en clave más bien realista: es por su curiosidad por la que es convertido en asno, debe sufrir y pasar por muchas pruebas hasta que finalmente es religado al recuperar su forma original y entregarse al culto de la diosa Isis, su redentora.

En el Siglo de Oro, El asno de oro gozó de gran popularidad, por la misma época del Lazarillo de Tormes, en la traducción de Diego López de Cortegana, hasta el punto de haberse encontrado una notable influencia del libro de Apuleyo en el anónimo de 1554. Ya en siglo XX, le debemos a C. S. Lewis una recreación muy original del mito en la novela Mientras no tengamos rostro.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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