Un Kafka colonial: “Zama” de Antonio di Benedetto

portada-zamaCreo que fue Jorge Luis Borges quien dijo que cada escritor creaba su genealogía. Así como muchos lectores descubrieron o vieron de otra forma a Roberto Arlt gracias a la obra de Ricardo Piglia, otros llegamos (porque usar la tercera persona aquí es insostenible) a Antonio di Benedetto gracias a la admiración que le tributaba Roberto Bolaño, la cual quedó grabada en letras de oro en su relato “Sensini”. Entre otras cosas, el protagonista del cuento –alter ego de Bolaño- habla en estos términos de la novela que admira:

Se llamaba Ugarte y trataba sobre algunos momentos de la vida de Juan de Ugarte, burócrata en el Virreinato del Río de la Plata a finales del siglo XVIII. Algunos críticos, sobre todo españoles, la habían despachado diciendo que se trataba de una especie de Kafka colonial, pero poco a poco la novela fue haciendo sus propios lectores…

Naturalmente, el Sensini del cuento es Di Benedetto (no hay gran misterio en ello) y Ugarte es en realidad la novela Zama, así como el personaje de Juan de Ugarte corresponde a Diego de Zama. Esta entrada se dedica a aquel Kafka colonial y constituye, indirectamente, un tributo a Bolaño.

La novela de Antonio di Benedetto habla, en realidad, de casi una década en la vida, episódica, fragmentada, contemplativa, de un letrado criollo. Diego de Zama es el hombre que espera, pacientemente, regresar a un centro de poder, a la urbe, al puesto que se merece y del que ha sido desplazado por ser un tipo justo. A causa de ser como es, Zama vegeta en un pueblo, en medio de la mediocridad de los matachines y oficiales corruptos. Lo único que lo mantiene vivo, diríase, son sus lances amorosos, auténticas aventuras donjuanescas que adoptan un sentido casi de fin’amor: Zama se enamora como un galán de comedia áurea, ronda de noche junto a las ventanas, sufre por la aparente indiferencia de la amada, suspira, adora y besa la mano femenina como si fuera una reliquia, además de que mezcla la melancolía amorosa con la furia del deseo. Sin embargo, los años pasan, los lances del enamoradizo, así como las dificultades del funcionario, no cesan, el traslado no llega, las cartas menguan. En ese aspecto, algunas páginas de la novela recuerdan a la morosa y altamente recomendable El desierto de los tártaros de Dino Buzzati.

Antonio di Benedetto

Antonio di Benedetto

Quizás como último recurso, Zama decide desempolvar la coraza y se propone alcanzar la gloria por la vía de las armas. Se embarca en una expedición que tiene algo de la tragedia de Lope de Aguirre, con ese ambiente de perfidia y muerte que lo impregna todo conforme avanza la hueste a la caza de un rebelde (el borroso Vicuña Porto) que, en realidad, se encuentra entre sus propias filas. Así muere Zama, literalmente desgarrado, indigno y absurdo, a manos de los hombres infames en un ambiente agreste, lejos de los amores refinados y de su familia.

Una de las mayores virtudes que Di Benedetto expone en Zama es un estilo singular, diáfano e inconfundible. Su prosa es espartana, sobria, con el adjetivo preciso y oraciones cortas, sentenciosas, que se alternan con párrafos sólidos:

Ningún hombre –me dije- desdeña la perspectiva de un amor ilícito. Es un juego, un juego de peligro y satisfacciones. Si se da el triunfo, ha ganado la simulación, ante interesado tercero y contra la soledad, guardiana gratuita. (Zama, p. 35)

Una prosa eufónica, con tintes líricos dosificados, clásica y distinguida. ¿Dónde más encontrar un adverbio como “asiduamente” que no suene afectado y una metáfora como “lamedor” para designar al río?

Vicuña Porto era como el río, pues con las lluvias crecía.

Cuando las aguas del cielo tórrido se derramaban sobre la tierra, se hinchaba la lengua de la corriente, mientras Vicuña Porto escapaba de aquellos suelos asiduamente mojados.

Entonces, si una vaca se perdía, la culpa se echaba al río, el lamedor de la gula incesante, y si un mercader moría, en la cama, destripado, ya la culpa era de Porto. (Zama, p. 201)

Invito a la lectura de Zama de Antonio di Benedetto, para pasar por sus páginas sentado frente al mar o en el porche de casa, saboreando sus palabras como té helado y con el fresco de la brisa en el rostro. Además, recomiendo encarecidamente la lectura de “Sensini” de Bolaño, que es mucho más que un homenaje a la figura del autor mendocino.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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3 respuestas a Un Kafka colonial: “Zama” de Antonio di Benedetto

  1. Pingback: Roberto Bolaño y los talleres literarios | Oro de Indias

  2. Andrés Bayas dijo:

    Te felicito por tu blog. Hace unas tres semanas descubrí a Di Benedetto. Empecé con Los Suicidas y ahora estoy leyendo Zama. Me fascina el lengua límpido y a la vez complejo de estos libros. Es claro, exacto, pero muy sugerente y los diálogos están muy bien trabajados. Pero lo mejor es que Di Benedetto nuca se dejó obnubilar por la supuesta riqueza del lenguaje que pierde a los textos en una palabrería vacía e intrascendente que afea y vuelva aburridas a las novelas y cuentos de muchos autores que he leído, sino que todas las palabras que caen exactas. Es lo mismo que con Onetti.

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