Las lágrimas de Julianne Moore: el “bel morir” de una guerrillera

2006_children_of_men_017En Children of Men, Julianne Moore es Julian Taylor, la líder de un grupo terrorista antisistema que apoya la investigación para encontrar la cura contra la infertilidad que campea en el mundo. Estamos en el año 2027, en una Inglaterra, literalmente, aislada (con fronteras cerradas y control de vigilancia en todas partes), bajo un gobierno militar aparentemente fascista. En este mundo de distopía, Clive Owen es Theodore, un oscuro funcionario, de existencia gris, algo cargado de espaldas y sin estímulos. La violencia y la represión estatal pasan a su lado y se ofrecen como un telón de fondo (según aguda observación de Slavoj Zizek). Este hombre deprimido tiene un pasado en el que parece haber sido feliz: tiene una fotografía junto a una mujer pelirroja sonriente y un niño entre ellos. Dicha mujer, ahora ex esposa, es Julian Taylor, quien lo va a buscar para pedirle ayuda en una misión clandestina.

¿Existe todavía algún sentimiento entre ellos? Salvo la amistad, pareciera que no, al principio. Ella viste con sencillez, aunque se arregla lo suficiente para lucir guapa. Trasluce seguridad en sí misma. Aquí no necesita endulzar la voz, que suena relajada, pero firme. Al fin y al cabo es una terrorista, una rebelde, y transmite esa energía. Sin embargo, también carga con una tristeza interior, compartida con Theodore, ya que el niño de la fotografía murió, por lo que su vida quedó incompleta. Quizás esa tragedia la llevó a abrazar la lucha armada, aunque sea el mismo hecho que también ha provocado la desidia de Theo.

julianne-moore-child-men5Pese a todo, a la tristeza y el gobierno represivo, ambos han adquirido complicidad y momentos gratos. Estamos cerca de la primera media hora de Children of Men y viajan en un coche con la preciada carga (la primera mujer embarazada en dieciocho años en todo el mundo). Julian le propone a Theo jugar un juego idiota (lanzarse una pelotita con la boca y embocar en la del otro) y regresan las risas y el brillo en los ojos, el de los antiguos enamorados. Inclusive, en el momento más distendido y feliz (que anticipa lo peor), se besan en los labios. Qué bella puede ser entonces Julianne Moore, en medio de un país convulsionado, junto a ti, prófugos los dos, con el vínculo sentimental fuerte que te da compartir un pasado, un niño fallecido, sobre las espaldas. Ella lleva el cabello suelto, liso, hermosamente despeinado, una blusa blanca y un blazer verde militar, porque es una líder guerrillera y es una rebelde (atención: no una mujer dura, ya que eso intentó ser Julianne Moore en Hannibal y sabemos los terribles resultados). Para rematar su look medio macarra, nótese el tatuaje de estrella que tiene en el cuello y el piercing en la nariz; sin embargo, estos aderezos no desentonan en ella.

Y entonces la matan. Repentinamente, los terroristas son atacados y no tienen capacidad de reacción. A Julianne Moore acaban de dispararle directamente en el cuello. Se produce un zafarrancho colosal dentro del coche. Mientras, ella se desangra copiosamente, sin queja, sin llanto, sin manifestación alguna de dolor. Theo le sujeta la cabeza y Julianne Moore luce con la serenidad cautivante de una reina a la que acaban de degollar.

Así hemos pasado el minuto 30 de Children of Men. Los rebeldes tienen que reagruparse y trazar un nuevo plan. Theo, el apático, sale de su marasmo en un rincón. Y le toca llorar, verter las lágrimas que Julianne Moore no arrojará porque la vida se le fue sin que tuviera tiempo de reaccionar. Theo llora en privado, recostado en un árbol, por aquella mujer, la madre de su hijo, probablemente su único amor, cuyo cuerpo dejan ahora abandonado en el bosque, como se habría hecho con una princesa bárbara. En efecto, en Children of Men Julianne Moore no llora. En su lugar lo hace Clive Owen. No llora porque no encajaría con su papel de guerrillera y rebelde. La comparación con la fallida Hannibal es inevitable: en Children of Men se ha evitado, sabiamente, hacerla portar armas o dispararlas (ya que resulta un desatino) ni mucho menos la vemos con una dureza acartonada. Esos pantalones negros, camiseta sin mangas y cabello mustio recogido que la hacían lucir como una ridícula novia de Rambo se han trocado en discreta blusa blanca y chaqueta verde olivo, a juego con la cabellera de un rojo intenso que compite con la sangre que abraza su cuello, en aquel bel morir que nos ofrece el personaje de Julianne Moore en Children of Men. La escena va debajo y es de antología.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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