Entre el Ser y la Nada: “En la masmédula” de Oliverio Girondo

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Oliverio Girondo. Juan Carlos Onetti les dedicó a él y a Norah Lange su novela “La vida breve”

Aunque inserto en un vanguardismo ya algo tardío en el momento de su publicación, En la masmédula (1954) representa la concreción definitiva de un lenguaje poético propio e irrepetible en la obra de Oliverio Girondo (1891-1967). Un antilenguaje, en tanto ruptura con la sintaxis convencional del idioma y exacerbado empleo de neologismos, palabras que con un prefijo cobran nueva significación y mayor capacidad de sugerencia. Pero esta “rarificación” del lenguaje no pasa por ser una experimentación más, sino que responde a una exigencia formal vinculada con los propósitos mismos que mueven a Girondo: se trata, precisamente, de acabar con las formas establecidas y cuáles de ellas más sancionadas que las léxicas y las sintácticas. Como lo ha señalado Luis Jaime Cisneros, en particular es la renovación de las palabras la base que constituye el léxico poético, una práctica abundante en La masmédula.

A través del enfrentamiento mismo del lenguaje en su aspecto convencional, el poemario nos introduce en los caminos que frecuenta la poesía girondiana: la indagación por la esencia (el Ser) que desvela el vacío que encierra la existencia, lo que conduce al absurdo y con ello a sentirse “errante”, perdido en un mundo del cual ya nada se puede esperar.  Estos temas, que pudieran ser objeto de una poesía grave y quejumbrosa, son, sin embargo, abordados por Girondo de manera atemperada. Según el propio poeta, en su “Carta abierta a La Púa”:

Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra?

No es propiamente un nihilista radical sino a ráfagas (considérese un poema cuyo tema es el “no”, la afirmación de la negación: “El puro no”). Hay en nuestro poeta aquella sabiduría del desencantado, de quien ha vivido y no le cuesta aceptar, en el fondo, que el sinsentido es parte de la vida. Es un implícito que en un poema como “El pentotal a qué” queda explicitado: “a qué/ el pentotal a qué/ a qué/ a qué /a qué/ y sin embargo…”. Es este “sin embargo” la concesión que hace Girondo al inevitable absurdo.

Aún así, queda lugar a la rebeldía, a manifestar la molestia a viva voz. El poemario está marcado por la presencia de la Nada, lo cual no convierte –como decíamos- al poeta en un nihilista. La Nada se revela constantemente y lo que se condena, sobre todo, es el afán por ocultarla. Esa es la crítica hacia el mundo contemporáneo, en un poema como “Tropos”: “toco y mastoco/ y nada […]/ que nada toco/en todo”. Este tocar y no encontrar nada se debe a la ausencia del Ser, del verdadero sentido de todo. El título mismo del poema apunta a las figuras, a las formas, el campo del artificio, lejos de lo auténtico y esencial.

Oliverio-Grindo-En-la-masmedulaDebemos preguntarnos: ¿y qué es lo esencial? ¿Acaso un Logos? ¿Una especie de armonía con el universo que el mundo contemporáneo ha perdido? En absoluto. No hay en Girondo la menor nostalgia, ni mucho menos una certeza. La respuesta quizás se encuentra en el poema que abre el libro. “La mezcla”: “La total mezcla plena/ la pura impura mezcla que me merma los machimbres el almamasa tensa las tercas hembras tuercas/ la mezcla/ sí/ la mezcla con que adherí mis puentes”. La mezcla, la conjunción caótica, parece ser la verdadera esencia del mundo, frente al orden impuesto por la forma, lo convencional, el discurso normativo que tan pronto es observado con perspicacia se desmorona. Hemos de considerar al lenguaje como otra de estas modalidades de sujeción, por lo cual Girondo se constituye de este antilenguaje del que hablamos al principio.

Si bien consideramos correcta esta intuición de “la mezcla” como lo esencial (opuesta al “orden” de las formas convencionales), es de justicia aclarar que el poema “La mezcla” refiere otro tema, que no es tan ajeno si se tiene en cuenta que es crucial en el libro: el amor. En este poemario, el amor se presenta en su faceta de deseo y se acentúa sobre todo en lo puramente sexual. Considérese a este respecto poemas como “La mezcla”,  “Mi lumía”, “Maspleonasmo”, “Hasta morirla”, “Balaúa” y “Topatumba” (donde se asocia el goce sexual con la muerte, la petite mort en francés). Lejos de sentimentalismos, el poeta parece encontrar en el amor (o mejor dicho, en el deseo sexual) el remedio de sus conflictos existenciales. Es una luz -“mi lu tan luz tan tú que me enlucielabisma”- que lo aparta de la fúnebre “fosanoche inululada” del poema “Las puertas” y le otorga otra muerte (más agradable) que lo lleva a la “Topatumba”. Además, el amor le permite mezclarse y adherir sus puentes, lo cual resta la desolación, otro tema frecuente y muy bien desarrollado en un poema como “Yolleo”: “Aquí yollando/con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla”. El dar vueltas en sí mismo se vincula con la incapacidad de pertenecer, de fusionarse con el todo. Este problema es resuelto por el amor, comprendido con toda su carga sexual en Girondo.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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