Silva de varia lección, II

ONETTI“Gertrudis y el trabajo inmundo y el miedo de perderlo –iba pensando, del brazo de Stein-; las cuentas por pagar y la seguridad inolvidable de que no hay en ninguna parte una mujer, un amigo, una casa, un libro, ni siquiera un vicio, que puedan hacerme feliz” (J. C. Onetti, La vida breve).

“Pero es que el placer sexual casi siempre se paga muy caro; tarde o temprano, por cada minuto de placer que vivimos, sufrimos después años de pena; no es la venganza de Dios, es la del Diablo, enemigo de todo lo bello. Pero lo bello siempre ha sido peligroso. Martí decía que todo el que lleva luz se queda solo; yo diría que todo el que practica cierta belleza es, tarde o temprano, destruido. La gran humanidad no tolera la belleza, quizá porque no puede vivir sin ella; el horror de la fealdad avanza cada día a pasos acelerados” (Reynaldo Arenas,  Antes que anochezca).

“Hoy, al inicio de la noche, otra vez, esa emoción, esos nervios frente a lo nuevo, el misterio de una persona que no conoces, cuyos gestos intentas interpretar y que no lo alcanzas. Ah, eso no es el amor, es el deseo, la curiosidad frente a la aventura o a su insinuación. Y es triste, pero hay que reconocerlo, ¿cuántas veces en el pasado ha ocurrido esto mismo? Y con personas que conoces largamente y con las que ya todo parece muermo: pasó con Leonor (esos tropiezos en la facultad cuando éramos críos, de charlas en la banqueta llamada Manhattan), con Beatriz (esos encuentros y charlas fugaces en el pasillo, intentando robarle unos minutos y alguna idea clara de su interés) y seguirá pasando con otras personas, las que aún no conoces” (L. A. De Celis, Tiempo en una botella).

la-revolucion-en-bicicleta“Será que el exilio es una manera de ir haciendo cosas para pasar el tiempo” (Mempo Giardinelli, La revolución en bicicleta).

“Aquel hijo de ricos sin sentido de la riqueza, rico por fatalidad, como se es jorobado o tartamudo. […] No, no vivían pendientes del dinero, pero carecían de ideales, de vida emotiva. No les agradaba nada en particular, no tenían gustos definidos; por nada habrían muerto ni pasado en vela una noche”. (Enrique Amorim, El paisano Aguilar)

“Quería cambiar a mi antojo de nombre, de ciudad, de país y de idioma, y mientras caminaba solo por las calles de Mágina o trabajaba en silencio en la huerta, al lado de mi padre, estaba inventándome de manera incesante pasados y porvenires, y había días y semanas enteras que me dedicaba a la invención detallada de una sola vida” (Antonio Muñoz Molina, El jinete polaco).

“Soy el hombre que camina y sonríe satisfecho. Puedo ser tan feliz como un perro corriendo sobre la arena. Como carne todos los días. Puedo vivir en cualquier lugar. Tengo el lujo de no tener hambre” (L. A. De Celis, Diario).

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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