¿Para qué leer el Quijote?

34091426El problema de un clásico, y nadie le escatima este adjetivo a la novela de Cervantes, es que goza de un prestigio superlativo que ahuyenta a probables lectores. Una broma dice que “clásico” es todo libro del que todos creen tener derecho a hablar, pero que nadie ha leído. En ese sentido, el mayor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo. La Real Academia Española y sus pares en los países de habla hispana aunaron esfuerzos en 2004 para brindar al público una edición popular del Quijote que partía de este noble principio: acercar al “clásico” y que al fin se le conozca de primera mano.

Como bien escribía Borges en su “Pierre Menard, autor del Quijote el libro de Cervantes fue ante todo un libro “agradable”, o sea divertido: un “libro de entretenimiento”, como se decía en el XVII. Pero el tiempo también escribe y nuestra recepción del Quijote no es la de 1605. No leemos como entonces. En el siglo XVIII el Quijote fue descubierto por la intelectualidad inglesa, entre cuyos literatos influyó notablemente, y es de notar que la primera edición de lujo de la novela se hizo en la Inglaterra de entonces. En el XIX, la novela fue tomada por los alemanes, quienes vieron en su protagonista al arquetipo del héroe romántico, que persiste entre nosotros en un adjetivo tan usual como “quijotesco” en tanto sinónimo de “idealista”. Solo para 1905 se promoverá, desde los medios de prensa y los círculos intelectuales, la propuesta de “celebrar” la novela cervantina dentro de España. Nosotros, en el 2005 fuimos herederos de esta tendencia que privilegiaba los “brindis patrióticos”, “la soberbia gramatical” y las “obscenas ediciones de lujo” (de las que ha huido, felizmente, la Real Academia) que provocaban las quejas de Borges.

¿Para qué leer el Quijote, un texto cuya primera parte fue publicada en 1605 y cuyas primeras líneas (“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”) requieren, en un curso universitario, de un comentario de no menos de diez minutos? Aparentemente son más las razones en contra que a favor de su lectura: el español en que fue escrito, las alusiones que encierra, así como al mundo al que hace referencia nos son ya lejanos. Hasta muchos de los chistes que, en el momento de su aparición, provocaron su éxito editorial requieren explicaciones poco menos que eruditas. No obstante, me permito romper una lanza por este libro al que su autor expresaba cariño, pero que jamás fue admitido por él mismo como obra maestra. Es bien sabido por los cervantistas que el autor del Quijote dedicó sus últimos meses de vida a preparar la publicación de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, novela que esperaba fuese la mejor, no solo de su pluma, sino de todo su época. Y efectivamente así fue. Los trabajos de Persiles… se publicó más veces en el siglo XVII que el Quijote. Con todo, de estas ironías está repleta la historia de la literatura.

Un lugar común es señalar que el Quijote es la primera novela moderna o hablar de la modernidad de Cervantes. ¿En qué reside tal modernidad? Posee muchísimos aspectos. En primer lugar, modernidad literaria, pues, como señala Milan Kundera en El arte de la novela, “no me siento ligado a nada salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes”. O sea: todo lo que se ha escrito en los últimos siglos, de Dickens a Kafka, de Dostoievski a Borges, de Flaubert a Vargas Llosa, remite al Quijote, donde Cervantes exprimió todos los recursos literarios que a partir de su obra cobrarían carta de ciudadanía en la literatura universal.

El famoso retrato de Cervantes. Una falsificación histórica.

El famoso retrato de Cervantes. Una falsificación histórica.

Luego, podemos hablar de una modernidad de pensamiento. Cervantes, sin olvidar que era hombre del siglo XVII formado por lecturas del XVI, o sea embebido de la cultura de Renacimiento, se perfila, a través de su novela, como un sujeto cuyos valores, intereses y preocupaciones vitales nos son afines. Gran defensor de la libertad -como quien la había perdido al ser esclavo en Argel durante cinco años y preso injustamente dos veces-, Cervantes nos propone, página a página, una serie de ideas sobre el mundo que nos hablan de un hombre tolerante, curioso, compasivo, culto y prudente: un humanista, finalmente, que sabe que la auténtica sabiduría se encuentra en la rara conjunción de saber libresco y experiencias vitales. Mucho de lo dicho se encuentra en su protagonista, don Quijote, pero también en Sancho Panza. Ya se sabe que ambos constituyen, más que nada, figuras complementarias, el haz y el envés de una misma moneda. Todo esto se encuentra en una novela que fue escrita con propósitos serios, pero bajo la férula del humor. ¿Por qué? Nosotros desplazamos al género cómico a un segundo plano, pero en los tiempos de Cervantes la risa era considerada terapéutica y la locura inspiraba tratados filosóficos. El Quijote es una novela de compleja elaboración llevada a cabo por un escritor que, autodidacto, poseía una gran cultura: filosofía neoplatónica, poesía, historia, mitología, etc.

Finalmente, el Quijote es, recordando un célebre estudio sobre la novela, una obra de arte del lenguaje. Accediendo a él mediante las necesarias notas explicativas el lector actual puede comprender que la novela encierra un patrimonio lingüístico riquísimo. Obviamente, ello no significa que debamos hablar ni mucho menos escribir como Cervantes en el siglo XVII, pero sí saber valorar su estilo y reconocer que es producto de un esfuerzo por alicatar una lengua, la española, que le debe al autor del Quijote buena parte de lo que es actualmente: una lengua viva, cada vez más hablada y estudiada. Solo así se comprende que hablemos del español o castellano como “la lengua de Cervantes” y que celebremos el día del idioma el 23 de abril de cada año. En ese sentido, todos -escritores y lectores, usuarios del español- somos herederos de Cervantes. Quizás tal sea la razón más fuerte para leer el Quijote.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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  1. Pingback: En el blog de Fernando Rodríguez Mansilla, un interesante texto sobre el Quijote |

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