Dos años de “Gabinete veneciano”: texto completo

gabinete cover

La portada aborda uno de los temas mayores de la obra

Hace dos años, silbando bajito, publiqué mi primera novela, Gabinete veneciano. Aunque publicada en 2011, la novela en cuestión fue escrita a inicios de 2009 y, vista desde aquí (octubre de 2013), creo que intentaba capturar experiencias, sensaciones y emociones de años pasados (diría entre 2004 y 2008), o sea de idas y venidas entre Perú, España y Estados Unidos, en un triángulo de las Bermudas en el que felizmente no naufragué. Como primer intento, refleja el entusiasmo y las obsesiones de un aprendiz de novelista que intenta encajar todo lo que ha venido reuniendo como un botín de inquietudes, citas y fragmentos sueltos.

Una de las características que más saltan a la vista de Gabinete veneciano es la ausencia de una representación realista de la sociedad peruana. Fue una decisión personal, estética, si se quiere, renunciar a una representación de ese tipo. Cuando imaginé el proyecto, me interesaba hablar de una clase media alta en la que pudiera traslucirse el caso peruano, el que me resulta más familiar, pero sin pretender radiografiarlo. De allí vino también mi renuencia a publicar la novela en Perú, en un intento (creo ahora que vano) de apuntar a una audiencia que no me prejuzgase como un émulo de Vargas Llosa. Pagué la ingenuidad con creces, ya que el libro aparece catalogado bajo el rótulo de “literatura peruana” en todas partes y es juzgado bajo ese marco de expectativas por cualquier lector potencial. Ahora, luego de haber probado y fracasado en ese aspecto, admito mi equivocación: uno no elige la tradición literaria en la que se forma, así como no elige a sus padres. Esto me lleva a otro asunto, del cual soy plenamente consciente: alejarme de la representación realista que se identifica (acertadamente) como uno de los puntales de la narrativa peruana es un gesto, además de pretencioso, condenado a la incomprensión. Mantener un tono frívolo, ausente de aroma local, resulta, según me lo dijo una lectora, un delito de lesa verosimilitud si no se hace adoptando una poética radicalmente distinta, como la del relato fantástico o kafkiano. Total, o eres un raro a lo Bellatin o te ciñes a la tónica realista tradicionalmente local. Más allá, me atrevería a afirmar que le sale más “natural” a un narrador peruano escribir siguiendo paradigmas realistas que provienen de Alegría, MVLl, Zavaleta, cierto Ribeyro (que no todo) y Reynoso (hasta remontarse quizás a Palma y al propio Concolocorvo) y producir, con ello, una novela legible, decente y hasta buena.

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Único testimonio de la recepción de la novela en medios limeños

Ahora bien, la estética y pretensiones de estilo de Gabinete veneciano obedecen también a mi posición insular y peregrina, por no decir límbica. Dos años después de sacarla en estampa, siento que la novelita pasó sin pena ni gloria y ha quedado atascada en un intersticio, como un perro entre dos puertas. No se publicó en Lima, no formo parte de ningún círculo literario allí; tampoco me interesé en perseguir críticos e instarlos a juzgar la novela, aunque cumplí con hacerles llegar un ejemplar a varios, de cuyos nombres no quiero acordarme. Apenas hubo una nota (que aún agradezco), firmada por Gabriel Meseth, en la revista Caretas. En España, donde vio la luz, ya no vivo ni tengo contactos entre los creadores o críticos. Lo cierto es que radico en Estados Unidos, pero no escribo en inglés ni pretendo enarbolar, escribiendo en español, una poética migrante o de búsqueda de una gaseosa identidad latina; temas estos últimos que son mejor recibidos entre las pocas editoriales interesadas en publicar en la lengua castellana en estos pagos. El resultado de este entrampamiento (desconectado de la patria, instalado en un lugar donde no encontraba espacio para mi texto y publicado en un país afín, pero lejano geográficamente) redundó en que Gabinete veneciano haya quedado como pieza aspirante a integrar, seguramente, aquella colección del museo de los esfuerzos inútiles del que hablaba Cristina Peri Rossi.

Otro problema de fondo es que me cuesta aún definirme en términos de oficio. La nota biográfica que aparece en la contratapa reproduce, creo yo, esa inseguridad en torno a mi vocación. Cuando tuve que hacer una semblanza de mí mismo me percaté de que, en realidad, había dedicado la última década de mi vida (entre 2001 y 2011) a educarme para ser un investigador y nada más. De esa forma, yo mismo contribuí a que Gabinete veneciano fuera recibida más bien como una excentricidad, tal como algunas manías de su trío protagónico. Sin embargo, uno es juzgado según se presenta, por lo cual esa percepción fue alentada y delineada por mí. Mi pudor o excesiva humildad hicieron que renunciara a escribir unas líneas con elogios gratuitos y superfluos, como los he visto en abundancia en gentes más crédulas y necias. Pudor y humildad hicieron igualmente que me guardara de ventilar por extenso mi vocación entre los colegas del gremio. Al vergonzoso a palacio el diablo lo trajo dice el refrán y yo soy tal vez también como aquel pastor que pasó de su majada a vivir entre tapices flamencos y no sabe aún portarse como un buen don Dionís.

Para acabar, diré que estoy escribiendo (robándole tiempo al trabajo, que es mucho) otra novelita cuyo título proviene de una de las primeras y más delicadas canciones de Miguel Abuelo. Sin ser vargasllosiana, creo que está más cerca de la tradición literaria peruana y la asume parcialmente, sin repulsión alguna: habla de la niebla de Lima con pelos y señales (al menos según la recuerdo, seguramente ahora ya no es así), aunque creo que el perfil de sus personajes se encuentra más cerca del Sábato de Sobre héroes y tumbas que de Oswaldo Reynoso u Óscar Malca. Mi esperanza, que me motiva a perseverar, es que alguna página mía se parezca, con el abrasivo paso del tiempo, a una de Luis Loayza, otro autor cubierto de niebla, o de Carlos Calderón Fajardo, cuya lucidez nunca deja de admirarme.

Se puede acceder al texto completo de Gabinete veneciano haciendo clic aquí.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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2 respuestas a Dos años de “Gabinete veneciano”: texto completo

  1. R. dijo:

    Esta novela está emparentada con “El copista” de Teresa Ruiz Rosas, que salió por Anagrama hace veinte años.

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