“Sin pena ni gloria” y la autobiografía en el Perú

pedro cornejo-5aHasta que pueda leer y hacerme una idea de las Memorias de un soldado desconocido (2012) de Lurgio Gavilán, seguiré considerando Sin pena ni gloria. Monólogos de un desconocido (2010), de Pedro Cornejo Guinassi, la más interesante autobiografía -aunque sea apócrifa- que se ha escrito en años recientes en Perú. El otrora entrañable Alfredo Bryce Echenique nos ofreció la segunda parte de sus Antimemorias a inicios de la década del 2000, pero salvo el dato menudo y más propio de revista frívola (de esas en las que en los últimos tiempos se le ha homenajeado más que nunca), se trata de una pálida continuación de las pioneras Antimemorias que ya poseían ese recusado tono que había forjado en La vida exagerada de Martín Romaña. De forma que encontrarse con Sin pena ni gloria era darle a la literatura peruana nuevos aires en lo que respecta a un género poco frecuentado. Contamos, por cierto, con el estudio de María Cecilia Esparza, El Perú en la memoria. Sujeto y nación en la escritura autobiográfica (2006), el cual ha esbozado con destreza la trayectoria del género autobiográfico que se puede rastrear en las letras peruanas del siglo que acaba de pasar.

Lo primero que llama la atención es el vocablo desconocido en el título de esta autobiografía, quizás para marcar distancia de la tradición de las “memorias de escritor”, por lo general canónico, que son las muestras destacadas de autobiografía en la literatura peruana contemporánea. El narrador de Sin pena ni gloria es un oscuro personaje que solo revela su nombre al final del relato, Pedro K, cifrando en su nombre la incomunicación y la marginalidad dentro de una sociedad, violenta e irracional, que le resulta ajena. El título de la autobiografía expresa, en ese aspecto, el lugar que ocupa Pedro K en su entorno social: el de un sujeto mediocre, arrinconado, sin proyectos, carente de una rebeldía que lo lleve a sobresalir o cuestionar el orden siquiera, simplemente sumergido en su soledad que no tiene remedio.

Un espacio privilegiado en las autobiografías es el otorgado a la genealogía o al menos al origen familiar, con descripción de los padres y la crianza a la que es sometido el protagonista. Sin pena ni gloria ofrece algunas de las páginas más estremecedoras de lo que puede ser una familia disfuncional, marcada por los resentimientos, la brutalidad y las taras inherentes a la sociedad peruana (quizás equiparables a las de El pez en el agua o relatos arguedianos). Se trata de un mundo familiar en el que solo el fútbol, como expresión desaforada de los sentimientos y los impulsos más básicos, puede aliviar el malestar vital del individuo. Tras la disección de los conflictos familiares, que cubren poco más de la mitad del texto, se procede a abordar los años de la escuela, marcados igualmente por la represión y la violencia a manos de religiosos que contravienen cualquier rasgo de bondad que debieran poseer. Estas experiencias formadoras, en el hogar y luego en el centro educativo, son claves para conducir a un adolescente y después joven Pedro K a la miseria existencial, mucho más cuando despierta al amor, ya que este desafía sus limitaciones sociales y emocionales.

El final del relato coincide con la conclusión de un autoexamen, germen de toda autobiografía. Los lectores podemos ahora comprender cómo y por qué Pedro K es prácticamente una sombra que se desliza por la vida rumiando su furia silenciosa:

El sufrimiento es la mejor escuela y cuando la interacción con los demás ha sido una experiencia sistemáticamente dolorosa, uno se vuelve no sólo desconfiado sino temeroso de los otros. Y entonces uno se refugia dentro de sí mismo y trata, por todos los medios, de evitar todo contacto –empezando por el contacto visual– con los seres humanos. Por eso –ya que no puedo vivir encerrado en mi habitación– yo siempre voy por el mundo cabizbajo y nunca miro a los ojos de la gente. No solo porque no me gusta sentirme observado sino porque me da miedo. Cuando ello ocurre, por un descuido mío o por alguna circunstancia ineludible, empiezo a sudar y la angustia se apodera de mí. Tengo la impresión que la persona en cuestión tiene malas intenciones y, como me considero un hombre absolutamente débil y vulnerable, me acobardo fácilmente y emprendo la huida. Por eso detesto andar por la calle y odio las multitudes. Y como no sé ni me interesa manejar auto, trato de desplazarme lo menos posible y así mi vida transcurre entre mi habitación y la universidad, donde trabajo como profesor de filología. (Pedro Cornejo Guinassi, Sin pena ni gloria. Monólogos de un desconocido)

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Nota aparecida en la revista “Somos”

La enseñanza de la filología, la disciplina que estudia la interpretación de textos desde una perspectiva histórico- lingüística, es el último refugio para el protagonista. Es comprensible que encuentre en la reflexión filológica algún tipo de paliativo a su malestar cotidiano: se dialoga con los textos en silencio, sin violencia, con la serenidad que da la distancia del papel (cuando no los siglos que nos separan de quien escribe). Cualquier incomprensión u oscuridad en el texto es asumida por el filólogo como un desafío sutil, que pone en juego sus habilidades de rebuscador de otros textos que pueden iluminar aquel que le resulta difícil de entender. La vida real nada tiene que ver con el orden y las correspondencias que el ejercicio filológico propugna como sus pilares.

Recomiendo la lectura de Sin pena ni gloria, en razón de aquel apretado e intenso “viaje a los infiernos” que ofrece su narrador evocando los principales episodios de su vida. Imposible quedar indiferente a ciertas páginas salidas de la pluma de Pedro Cornejo. Tan solo me animaría a objetar el hecho de que, a ratos, el texto se ve deslucido por alusiones a elementos de la cultura pop que resultan discordantes (verbigracia, aludir en algún lugar a un personaje cómico como Tres Patines). Afortunadamente, se trata de excepciones en una prosa que transmite, con energía y énfasis crítico, las adversidades que surcan la vida del protagonista, un auténtico hombre sombra.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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