Un guiño quijotesco en “La que se avecina”

En el capítulo 49, perteneciente a la cuarta temporada, de La que se avecina (“Un apagón analógico, un parto psicológico y un adicto al sexo”) encontramos una divertida escena. Enrique y Antonio escapan de la comunidad vecina llevándose la antena robada para captar televisión digital. Enrique sostiene en un brazo el pararrayos y en otro la antena parabólica. Antonio va a su lado y Coque, el conserje, detrás de ellos.

lqsa dq Antonio: ¿y tú de qué te ríes?

Coque: Que parecen don Quijote y Sancho Panza.

Antonio (dirigiéndose a Enrique): ¡Uy, Sancho Panza eres tú! Dame el escudo y la lanza.

La escena es evidentemente cómica porque ambos, Enrique y Antonio, se parecen a la pareja protagónica de la novela cervantina según la iconografía tradicional. Enrique es más alto, de barba frailuna, evidentemente más viejo que Antonio. Si a esto se le suma lo que ya sabemos de él –locuacidad, romanticismo y vocación de servicio-, queda como un don Quijote bastante convincente. En contraste, Antonio es algo más bajo, simple sin ser ignorante y pragmático en materia económica (como lo hubiera sido un Sancho Panza traficante de esclavos).

Sin embargo, esta dicotomía aparente no es exacta, por lo que Antonio no anda del todo errado. Él también tiene un toque quijotesco. De hecho, posee el carácter más polémico del enajenado manchego: la cólera y la falta de razón en los momentos críticos. Ni qué decir de su manejo de armas para impartir justicia a su manera: durante las temporadas tercera, cuarta y quinta andaba con la pistola de su suegro joyero y en la sexta portaba un arma eléctrica paralizante. Antonio Recio sería un Quijote tan reaccionario como soñador. Durante la escena de don Quijote y Sancho Panza, Antonio ha hilvanado una de sus fantasías: “Somos héroes”, sostiene. Hasta piensa, según se lo comenta a Coque y Enrique, que le erigirán un busto por robar la susodicha antena.

Porque Antonio, a su manera, siente que sus actos son totalmente coherentes y justos. Posee un complejo de héroe que se pone de manifiesto a la perfección cuando se embarca en aventuras con Coque, un compañero más apropiadamente sanchesco, simple e inocente. En el cuarto capítulo de la sexta temporada (“Un cromo de Iniesta, unos payasos justicieros y un velatorio en el bajo B”), Antonio crea junto a Coque el dúo de los “payasos justicieros”, pareja que, según se ha visto en los avances de la próxima temporada, volverá. Ridículamente Antonio se identifica con Bruce Wayne, otro “mayorista” y “dueño de un imperio” como él. Como un vanidoso don Quijote, Antonio sueña con hacer algo trascendente (a veces por vías poco recomendables) y emplea el término “misión” o “aventura” para designar sus hazañas que a menudo acaban mal. Así,  ¿cuántas veces no se le ha visto siendo conducido por la policía al final de un capítulo?

Psicópata, fascista o simplemente un desequilibrado egocéntrico, Antonio revela su carácter lúdico, casi infantil, con uno de sus latiguillos más recordados: “Qué mal me sale todo”. En lo que en la vida real sería una amenaza pública, en la ficción resulta un personaje deliciosamente cáustico y un bombón interpretativo, como comenta Jordi Sánchez, el actor que lo encarna.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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