“El amante uruguayo”: las muchas vidas de Enrique Amorim

25452_I_portada_amante_uruguayoCon un año y pico de atraso leo El amante uruguayo (2012) de Santiago Roncagliolo. Lectura pendiente, si se considera mi interés por el autor de Salto, reflejado por mi nota sobre El paisano Aguilar. El amante uruguayo configura una biografía de Amorim en su relación con Federico García Lorca y a la vez un testimonio de las miserias de ser millonario. La sensación final en torno a las fortunas y adversidades de Amorim es esa: la sensación de que fue explotado, utilizado, burlado, y quizás quienes lo hicieron pensaban que él hacía lo mismo con ellos, que Amorim –con su riqueza- les tenía subordinados y que había que cobrarse una revancha con él.

Sin embargo, en su intimidad, que fluye como un río sonoro en su diario personal inédito, se ve que se trataba solo de un individuo sensible cuyo único sueño era alcanzar la gloria y llamar la atención para lograrlo. Pero el mundo que vivió era contradictorio, a la par del glamour y la intensa vida social y literaria en la que se movía como pez en el agua, se encontraban las mediocridades de la literatura en la práctica, muy bien contadas y discutidas por Roncagliolo: en ese aspecto, la vida literaria es tan vil como la política, que poco tiene que ver con ideologías o grandes filosofías, sino con intrigas y mezquindades en las que se cifra la gloria o el olvido. ¿Esto es ser escritor? Pues sí.

Lamentablemente, las dotes literarias de Amorim no estaban en relación directa con sus millones. Sinceramente, ¿tenía talento? Seguro que sí, aunque no tanto como creía. A lo sumo un talento mediano, como tú o como yo, lector carísimo. Yo recomendaría La carreta, sobresaliente nouvelle, El paisano Aguilar y hasta su canto de cisne, Eva Burgos. El resto de su obra es anecdótico o quizás hasta prescindible. Su problema era creerse predestinado a la genialidad. Esa es otra faceta trágica de Amorim: abrazar la idea de que para ser genio hay que empezar por creérselo; él creía que lo era y por tanto albergaba expectativas muy grandes sobre sí mismo. Era, en todo caso, un artista, un hombre de muchas máscaras o muchas vidas. O como concluye Roncagliolo: “La gran obra de Amorim fue su propia vida. Era mejor personaje que narrador” (p. 363). A lo largo de sus sesenta años de existencia fue, entre otras cosas: poeta, escritor de novela rural, autor argentino, guionista de cine, documentalista, cuentista urbano sin éxito, comunista, groupie de Lorca y otros tantos genios de su época (Quiroga, Picasso, Chaplin, Neruda, etc.), falso playboy, editor de revistas, mecenas de otros escritores, socialite entre Buenos Aires y París. Quizás sus únicos rasgos esenciales, los que conservó toda su vida, fueron su homosexualidad, llevada con la mayor discreción, y su condición de millonario. La necrológica de Clarín es reveladora, ya que lo define como “lúcido testigo del siglo XX” (p. 359). En efecto, Amorim nunca fue protagonista, solo testigo o personaje secundario de las vidas de los grandes nombres con los que se codeó.

Precisamente uno de tales genios que conoció y que intentó que le contagiara algo de su don fue Federico García Lorca. El punto de partida del libro es el rol central que cumple en la vida de Amorim su fugaz relación con el granadino, vínculo real, pero que también funciona como estupendo reclamo para motivar el interés del público peninsular hacia un escritor uruguayo que no es ni Mario Benedetti (el más mediático en España, hasta el punto de incluirse boutades suyas en agendas) ni Juan Carlos Onetti (mejor escritor, aunque menos popular).  Al final, la figura de Enrique Amorim devora a García Lorca y lo vuelve un pivote en torno al cual el desdichado millonario (tan pobre que no tenía más que dinero, como diría Joaquín Sabina) intenta alcanzar reconocimiento.

img_art_12510_4516El amante uruguayo es un libro convincente, claro, bien escrito. Su autor, Santiago Roncagliolo, escribe bien, pero fácil. Quienes hayan leído Abril rojo o sus cuentos de Pudor atestiguarán la efectividad narrativa a la vez que la ligereza más propia de sitcom. El pasado de Roncagliolo como correcto guionista de telenovelas en su país natal lo avala. Con todo, aquello que Onetti denominaba en El pozo “el fondo definitivo que no tocaremos nunca” no se encuentra en ninguno de los dos títulos mencionados. Sin embargo, en la crónica, género menos pretencioso y de vocación menos elitista, se encuentran las mejores páginas de Roncagliolo. Su crónica sobre el líder maoísta peruano Abimael Guzmán, La cuarta espada, es tan interesante y placentera de leer como El amante uruguayo. Si La cuarta espada es una especie de Sendero Luminoso para Dummies y tampoco pretende ser más que eso, la biografía de Enrique Amorim posee sus mismos aciertos (un estilo llano, un relato que cautiva e ideas luminosas en su sencillez), a la vez que aquel didacticismo que puede sonar cansino al lector algo más culto: el narrador explica al lector peninsular curioso el panorama de la vida literaria rioplatense de la primera mitad del XX y otros hechos culturales e históricos con una candidez de guía turístico o profesor de escuela que le explica todo “como si fuera un niño de seis años” (Denzel Washington dixit en Philadelphia). Así, tiene que enfatizar que Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez ganaron ambos el Premio Nobel, contar quién fue Mariana Pineda y que los rioplatenses llaman aún a los españoles “gallegos” por la gran migración del inicios del XX. Sin embargo, esa misma simpleza de guía turístico le impide explicar qué significaba ser un “camisa vieja” durante la guerra civil…

Finalmente, El amante uruguayo es un libro interesante, ameno, con pasajes memorables y rico en su forma de crónica con ribetes literarios. Lectura para el tren o el avión, bebe del mismo olfato periodístico que estaba en el origen de La cuarta espada. Si la biografía de Guzmán surgió, como lo señalaba el mismo Roncagliolo, por el interés del público español en el terrorismo, El amante uruguayo se apoya en otro de los lugares comunes de la agenda del best-seller español todavía a estas alturas: la guerra civil. Imposible no recordar las palabras de la tonta Conchi en Soldados de Salamina, reclamándole al narrador por escribir sobre un facha, Rafael Sánchez Mazas, y no sobre Lorca, mártir y santo del conflicto dentro del imaginario español. El mismo oportunismo, apelando al lector mediano, ronda El amante uruguayo, no por nada en la cubierta aparece Amorim junto a García Lorca. Tal vez esta es la última expresión de la tragedia del millonario, escritor y comunista que fue el salteño: hasta para contar su vida, tan fascinante como desdichada, hubo que apelar a su amistad con un genio.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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2 respuestas a “El amante uruguayo”: las muchas vidas de Enrique Amorim

  1. sexpistols dijo:

    Grandioso como siempre, este articulo me motivo a leer el libro

  2. Pingback: Un amor de Borges, Estela Canto y El Aleph | Oro de Indias

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