“Barro y rubí”: Hugo Fontana y la novela negra rioplatense

BARRO-Y-RUBÍ-tapa-655x1024Según su propio autor, Barro y rubí (2013) pretendía ser, en principio, un relato lleno de lugares comunes del género que recrea, la novela negra. Barro y rubí es el homenaje de un narrador de fuste como Hugo Fontana, quien ya había acometido un proyecto similar en El noir suburbano, verdadero ejercicio narrativo que aún no ha sido puesto en valor. Asociado con una narrativa más bien provinciana –como que ha ubicado buen número de sus ficciones en su natal Canelones-, esta es la primera de sus narraciones ambientada exclusivamente en Montevideo.

¿Cómo es el Montevideo que recrea Fontana? Menos nostálgico que el de Hugo Burel, sin duda, aunque más gris y siniestro, otra ciudad de la furia. Igual de misterioso, pero en clave de intriga policial: se huele la sangre, el alcohol, los bares de mala muerte, los trajes cruzados de los matones, los gemelos en las mangas de los hombres ricos que ordenan, el perfume femenino que invita a la seducción y el humo del tabaco que enrarece el ambiente. Montevideo es otra ciudad, la ciudad de los crímenes posibles, de los lances amorosos y el peligro de morir si vas tras la verdad. Erika Fernández, la protagonista, es una detective, con lecturas (incluyendo psicoanálisis y otras teorías postmodernas), que recorre Montevideo, del puerto y la ciudad vieja a los barrios burgueses, insomne, aficionada al whisky y a lucir el escote, aprovechando su atractivo físico para conseguir información. Su asistente, El Cabra, conjuga el humor picaresco y la cinefilia que hacen de Barro y rubí una recreación doblemente artística: los personajes, en especial Erika y El Cabra, parecen ser conscientes de formar parte de una trama de novela negra, con referentes literarios y fílmicos que imprecan al lector enterado y lo envuelven en la complicidad de las artes como sustituto de la vida. Imposible ser indiferente a afirmaciones como esta: “No se puede ser amigo de una persona que dice que Todos los hermosos caballos es una gran película”. O dejar pasar este guiño en medio de la atmósfera de seducción que envuelve a una ocasional pareja:

-Todo hombre desea, al menos eso dice siempre un escritor amigo mío, casarse con una violinista- le explicó su partenaire con romántico misterio, por fortuna sin informarle de ningún titular.
– Todo escritor desea, al menos algún día, escribir como Juan Carlos Onetti– le contestó ella cuidando de no desbaratar el misterio sugerido.

¿Y de qué trata Barro y rubí? De una investigación que no acaba bien, de una búsqueda en la que lo placentero –como en toda buena novela negra- se encuentra en medio y no en la resolución del misterio: en las atmósferas humeantes, el descenso al lumpen, la sensación de resaca y los diálogos inteligentes y duros. Un puñado de elementos retóricos que nos religan con la mejor tradición de un género que Hugo Fontana conoce demasiado bien. Quizás el mejor resumen del argumento lo da uno de los personajes, el laureado cineasta latinoamericano con un pasado inesperado:

No tengo la menor idea de lo que pudo haber pasado con la cinta después de habérsela entregado a la señora ni nunca me interesó, pero podría ser motivo de una buena novela. Imagínese: algo similar a lo que pasaba en Los puentes de Madison, con la diferencia de que lo que  encuentran los hijos, en lugar de un par de cartas, unas fotos y una cadenita de oro, es una película pornográfica protagonizada por el padre, y en la que también interviene la madre.

Misterios, búsquedas, y guiños literarios y fílmicos aparte, Barro y rubí también supone una reflexión acerca de los límites borrosos entre el erotismo y la pornografía: los epígrafes de Pietro Aretino, las referencias al cine para adultos actual, así como el desarrollo de los hechos narrados, elementos todos bien cohesionados, configuran una novela sólida, contundente, en su brevedad. Desde el título, cuyo sentido solo comprenderá el discreto lector sumergiéndose en este mundo ficcional de noches perdidas y cuerpos ultrajados, Barro y rubí es la mejor demostración de la maestría narrativa de Hugo Fontana.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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2 respuestas a “Barro y rubí”: Hugo Fontana y la novela negra rioplatense

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