Un clásico de la crítica: “Patio de Letras” de Alberto Escobar

patio de letrasAlberto Escobar (1929-2000) fue un lingüista, filólogo y crítico literario peruano, doctorado en la Universidad de Munich (1958), profesor largamente identificado con la Universidad de San Marcos en Lima, pero con experiencia en universidades extranjeras, tanto norteamericanas como europeas. De hecho, falleció en Massachussets, donde vivía desde 1990.

Además de su labor lingüística, de la que no hablaremos aquí, fue uno de los renovadores de la crítica literaria en el Perú, incorporando teorías recientes en su época (como el estructuralismo), de la mano de un rigor filológico que, aún casi medio siglo después, no ha perdido vigencia. A él le debemos La partida inconclusa (1970), producto de sus clases de teoría literaria en la facultad, un compendio de reflexión que hermanaba filología, lingüística, semántica y estructuralismo, poniendo siempre el texto como objeto final del análisis.

Podría decirse que la praxis de las ideas que sostienen La partida inclusa se encuentra desperdigada en sus trabajos críticos, reunidos –la mayoría de ellos- en el volumen Patio de Letras, cuya primera edición es de 1965. El nombre del libro ya nos advierte sobre el origen eminentemente didáctico de los ensayos recogidos aquí. Patio de Letras alcanzó a tener cuatro ediciones (la última de 1999), añadiendo nuevos ensayos, pero siempre con el mismo espíritu: un estilo sencillo, análisis profundo, con sólidas intuiciones y sostenido en un conocimiento de primera mano de los textos, tanto en lo referido a su transmisión como a su retórica.

Comentaré a continuación algunos de los trabajos de la primera edición de Patio de Letras, ya que me parece que transmiten no solo pasión por la literatura, sino que brindan análisis ejemplares. Escobar dedica su primer ensayo a los Comentarios reales del Inca Garcilaso, donde ofrece un puñado de intuiciones que han sido abrazadas por la crítica garcilasista posterior (las armas y las letras, la filología andina, la identidad, etc.). El siguiente trabajo, acerca del famoso poema Acuérdate de mí del romántico peruano Carlos Augusto Salaverry presenta un análisis estilístico pormenorizado, que disecciona el poema en casi todos sus niveles. A continuación, en “Tensión, lenguaje y estructura: las Tradiciones peruanas”, Escobar adopta como punto de partida la ecdótica para el estudio de las versiones de los textos palmistas, observando cómo se forja su estilo y estrategias narrativas. Otro estudio modélico, en su método expositivo y analítico,  es “Incisiones en el arte del cuento modernista”, en el que aborda tres cuentos canónicos de los prosistas del modernismo en el Perú: “Los ojos de Lina” de Clemente Palma, “Mi corbata” de Manuel Beingolea y “El alfiler” de Ventura García Calderón. Tres textos muy diferentes, pero que revelan procedimientos comunes, característicos de su respectiva escuela literaria. El siguiente trabajo incluido en la edición original de Patio de Letras, más tarde impreso aparte, es “La Serpiente de Oro o el río de la vida”, monografía exhaustiva sobre la novela de los balseros de Calemar que publicó Ciro Alegría en 1935. Escobar explora los principales temas de la obra, con un detallado análisis estilístico de la prosa.

Los estudios vallejistas experimentaron un auge en la década de 1960. En “Símbolos en la poesía de Vallejo”, encontramos uno de los trabajos pioneros sobre el poeta de Santiago de Chuco. A partir de un tema (la nostalgia del hogar), Escobar estructura un trabajo que recorre la evolución de la lírica vallejiana. Finalmente, en “Sobre la novela y la crítica”, el investigador planteaba una sutil crítica a las interpretaciones de base contenidista que seguían vigentes por aquel entonces: la idea de que la narrativa hispanoamericana se ocupaba, esencialmente, de reflejar la naturaleza agreste y la integración de sus personajes con el paisaje que les rodea. Para desmontar esta idea, Escobar analiza obras de Ciro Alegría, José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro. En las conclusiones de este último trabajo, Escobar desarrolla una opinión que todavía sigue guardando sentido para la crítica:

Lo característico no es el elemento primario [la naturaleza y el paisaje]; lo esencial es el rol que compete a ese elemento una vez enfrentado con los restantes que integran la obra: así, la estructura del espacio natural alcanza significaciones ambivalentes (pequeño-propio; ancho-ajeno) en las novelas de Alegría; en Warma Kuyay, de la discontinuidad geográfica fluye la melancólica conciencia del desarraigo espiritual, mientras en El Sexto la cosificación volumétrica de la cárcel captura la composición de la sociedad peruana y le devuelve, simbólicamente, el ejercicio de la libertad. En Ribeyro, la tensión entre la territorialidad real e ideal descubre que una verdad destruida aprisiona a los personajes en un nuevo mito. (Patio de Letras, p. 298)

En suma, la literatura es más estructura, símbolo y discurso que solo la transmisión de un contenido fijo e ideológicamente uniforme. Conviene no olvidarlo, en esta época de crítica menos literaria y más comprometida con teorías que pretenden encasillarla, reduciendo sus horizontes y múltiples connotaciones.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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