“Sin mañana” de Vivant Denon

Vivant_DenonLa literatura erótica tiene en Sin mañana (1777) de Vivant Denon una de sus piezas más emblemáticas y recomendables. Relato de veintipocas páginas, elogiado como narración perfecta por Milan Kundera en su Arte de la novela e igualmente apreciado por un buen puñado de intelectuales y diletantes de la literatura y el arte, Sin mañana nos da pie a reflexionar sobre la evolución del erotismo. Este texto puede considerarse un punto de inflexión, entre la literatura erótica renacentista (con el Aretino a la cabeza) y el erotismo moderno, más cercano a nosotros, que podríamos identificar con Arthur Schnitzler o Albert Cohen.

El erotismo renacentista, presente también en la poesía erótica del Siglo de Oro, se caracteriza por el énfasis cómico, festivo, prácticamente la única forma conocida por entonces para exaltar el goce sexual, y lo complementa con el sensualismo de descripciones más o menos rígidas que configuran el vocabulario cerrado que ya se ha estudiado bastante. En cambio, el erotismo más reciente se ha desprendido del elemento risible. Si lo integra lo vuelve accesorio o lo convierte en interludio cómico a la manera de Henry Miller o Charles Bukowski. Se privilegia ahora la decoración, la metáfora más o menos original (lejos ya del rígido vocabulario renacentista), aún a riesgo de perjudicar el estilo. El efecto decorativo o de embellecimiento estilístico es el que pretende distinguir el erotismo actual de la mera pornografía (fronteras, por cierto, menos claras durante la Antigüedad y el mismo Renacimiento).

A caballo entre estas dos tendencias, la una aún clásica y obscena hasta rozar la pornografía, y la otra más bien sofisticada y pretenciosamente artística, podemos ubicar un texto como Sin mañana. El texto de Denon es deudor del disfraz y el engaño, impronta carnavalesca que es motivo clásico, con el añadido de una incipiente sofisticación que logra celebrar convincentemente el placer físico y sus emociones prescindiendo de cualquier descripción gráfica ni apelando a las metáforas trilladas. ¿En qué reside el erotismo de Sin mañana entonces? En una narración sutil, que hace del misterio, de la intriga, el hilo de las emociones del protagonista, un joven veinteañero, consciente de estar participando en una aventura novelesca. La bruma, la incertidumbre, la agitación de lo inesperado guían sus acciones, entre el ímpetu juvenil y la curiosidad por el amor en los brazos de una mujer mayor y experta en lances amorosos.

_visd_00B9JPG0036VComo telón de fondo, un palacio, un jardín de las delicias que evoca el ambiente de ninfas y faunos de la pastoral, además de un triángulo amoroso –eterno aliciente del deseo- que es más complejo de lo que parece. ¿Quién es el burlador y el burlado en este relato? La duda nos persigue hasta el final y nos acompaña el resto de nuestra vida, como al protagonista de la historia. Se trata de un joven que, en su ignorancia presente y su sabiduría narrativa, desperdiga claves para la interpretación de su aventura. Una de ellas probablemente sea el mito de Eros y Psique. Para empezar, estos personajes son explícitamente evocados por el narrador: “Habríamos rivalizado con Psique y Eros. Yo era tan joven como este; y encontraba a la señora de T… tan encantadora como aquella” (p. 36).  Pero además, y lo más importante para nosotros tal vez, se pone de manifiesto uno de los elementos esenciales de este mito: “La discreción es la primera de las virtudes; se le deben muchos instantes de felicidad” (p. 41). Los encuentros placenteros de Psique y Eros, recordémoslo, solo eran posibles mientras los amantes no tuvieran rostro o sus identidades no se revelaran. El final de la aventura amorosa, el germen de la tragedia, se halla en la revelación de quién es uno de los amantes. Esta falta es la que debe purgarse con la peregrinación de Psique hasta recuperar a su amado para dar paso a un amor más bien místico a la vez que institucionalizado, aprobado por los dioses e incorporado a la esfera pública. Se pierde el goce exclusivamente erótico y clandestino de los primeros encuentros. Algo de eso lo intuye el narrador de Sin mañana y así lo expresa en el título mismo de su relato. No hay futuro, solo el presente, la noche juntos. Regálame una noche es lo que piden los amantes y se conforman con ello. Porque allí está cifrado el pasado, solo como una espera para el encuentro y el futuro que se queda entre cuatro paredes. Esto es, finalmente, lo que permanece en la literatura erótica desde el periodo clásico hasta el contemporáneo, desde el Aretino hasta Schniztler, pasando por Denon: en el amor entendido como placer físico no existe porvenir, solo el presente que nos urge y convoca alrededor de los sentidos y el goce de la piel.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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Una respuesta a “Sin mañana” de Vivant Denon

  1. rleceta dijo:

    Como leí en alguna parte sobre este relato “el placer no tiene moraleja”

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