El libro del juego de las suertes

suertes 1A fines del siglo XV, Lorenzo Spirito creó un juego para el solaz de una noble familia de Perugia. Con el paso del tiempo, el juego, contenido en un libro interactivo, se popularizó y la versión manuscrita, compuesta por el mismo Spirito, dio paso a ediciones impresas que lo reproducían, con mayor o menor fortuna, dependiendo de la tecnología disponible. El primer impreso del que se tiene noticia apareció en Vicenza, en 1473, con el nombre Delli Sorti. Como su nombre lo señala, el juego consiste en averiguar qué nos depara el futuro. Para ello, se proponen veinte preguntas. Este número varía de acuerdo a la edición manejada; yo empleo la traducción española de Valencia, 1528. Las que pueden llamar nuestra atención, por ser tan pertinentes por entonces y no tanto ahora, son estas:

Si se vencerá una guerra…
Si habrá buena cosecha este año…
Si se vengará una injuria…
Si será bueno hacer un camino [‘hacer un viaje’]…
Si saldrá del trabajo [‘dificultad’] en que está…
Si el marido le es bueno…
Si será buena la mujer…

dadosCada una de esas preguntas nos envía a la página de un rey. Ubicada la página del monarca respectivo, este nos lleva a un signo. En este punto, se necesitan tres dados negros. Según la tirada, se consulta la tabla bajo el signo requerido; como en la imagen de la derecha, donde presento el signo de estrella con las todas combinaciones posibles de los tres dados. La combinación de números que arrojan los dados nos llevará a una esfera, con la indicación de un río. Cada esfera posee una gran cantidad de ríos que contienen a su vez un determinado verso atribuido a un profeta (en la imagen de abajo coloco la esfera de sagitario). El verso al que nos lleva la esfera es el último paso y en él se encuentra la respuesta a nuestra pregunta. La faceta eminentemente lúdica del libro, con sus idas y vueltas de reyes a signos, de signos a esferas y de esferas a versos de profetas, es una elaboración más sofisticada de aquel entretenimiento medieval de leer la suerte leyendo al azar versos de la Eneida de Virgilio, el viejo maestro de Occidente.

esferaLope de Vega, que de astrología sabía mucho, deleita al lector recreando una sesión de este juego en una escena de su novela pastoril La Arcadia. Yo admito que, cuando era más joven y crédulo, disfruté jugándolo con una pareja de entonces. Se lo presté a un amigo de esos tiempos pretéritos un fin de semana y aún recuerdo su comentario breve cuando me lo devolvió. A mi pregunta de qué tal le había ido con las respuestas, él dijo: todas respuestas aciagas, Mansilla. Y eso ocurrió hacia 2002 ó 2003, cuando éramos aún parte de la generación del hambre y estos deleites auriseculares eran extraordinarios. El mismo hallazgo de este ejemplar que conservo en mi biblioteca personal fue de ese tipo. Al menos uno de los tres mil ejemplares numerados, el 386, llegó a Lima y anduvo dando tumbos casi veinte años, desde 1983, hasta que yo lo adquirí. La edición va acompañada de una separata con el estudio introductorio de Javier Ruiz y un marcador de páginas que ya tiene algunas manchas amarillas producto de la erosión del tiempo.

suertes salvajeRecientemente se lo mostré a alguien que me preguntó si había algún ejemplar todavía circulando. Parece que sí. En una búsqueda sencilla por internet, es posible ubicar ejemplares de aquella edición madrileña de Miraguano a la venta a un precio más que razonable. Hay información sobre otras ediciones de la época, como una de 1534, también salida en Valencia, localizada por Margarita Peña en una biblioteca alemana (y publicada por ella misma en 2002, en editorial Martínez Roca). Un libro raro, sin duda, divertido y, sobre todo, misterioso: prohibido por la Inquisición (aparece en el mismo índice de 1559 donde se censura el Lazarillo), se especula que puede tener usos poco recomendables y que bajo su aparente frivolidad (qué cosa más frívola que adivinar el futuro) esconde un conocimiento que puede traer calamidades en malas manos; de allí el grabado del salvaje con el mazo en la contraportada. Quizás por esa razón y porque ya no soy del todo un bisoño siglodorista, no lo presto.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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