Regreso a “Bomarzo”

bomarzo-manuel-mujica-lainez-firmado-5598-MLA4482141076_062013-FEn Venecia se encuentra el famoso Retrato de gentilhombre en un estudio de Lorenzo Lotto. Este cuadro aparece en la novela Bomarzo y el caballero retratado se identifica con el protagonista de las memorias del duque que no muere, Pier Francesco “Vicino” Orsini. La novela nos cautiva por su esmerada recreación de la Italia renacentista y su estilo elegante, pero, más allá de tales logros, se erige la figura, atormentada, conflictiva, de aquel noble Orsini que busca incesantemente un norte a sus acciones y experiencias vitales. Ese norte está orientado hacia la gloria, meta que, considera él mismo, debería perseguir y recibir merecidamente por ser quien es. No olvidemos que en los célebres Triunfos de Francesco Petrarca, el último triunfo es el de la muerte, que se encuentra por encima de todos los demás (como el del amor o el de la honra entendida como prestigio). La muerte lo vence todo (sí, incluso al amor) y el ser humano debe aceptarlo. Vicino, a sabiendas del horóscopo que le asigna la inmortalidad, vive obsesionado con la idea de la muerte que, piensa, le es esquiva porque el futuro le tiene destinado algo grande. La muerte, para el duque de Bomarzo, no sería otra cosa que la claudicación. Y el torturado Vicino no puede tolerar la idea de la derrota. El afán de la gloria es la que lo guía. Por ella hace todo lo que está en sus manos para ser duque, cuando en realidad era el segundón repudiado por su padre, orgulloso condottiero. Por la gloria abraza la vida militar por un periodo breve, pese a que su cuerpo giboso le impide sobresalir en este campo. Por alcanzarla, asimismo, echa mano de la magia negra, cuando no de la alquimia, y no duda en cometer acciones oprobiosas.

Conforme se avanza en la lectura de esta voluminosa novela, vamos percibiendo la derrota aparente. Nada de lo que hace el duque de Bomarzo alcanza a satisfacerlo. Hasta la fortuna parece jugarle en contra: todas sus apuestas o tomas de posición en el ajedrez político salen mal, su matrimonio es infeliz y su descendencia no le resulta digna. Se cierne sobre él y su familia la sombra de la decadencia frente a otras familias, cuya nobleza es más reciente o definitivamente inferior a la suya. Frente a este panorama, Vicino encuentra en la construcción del bosque de figuras de piedra la manifestación artística que podrá redimir toda su existencia, marcada por la infamia personal y la nobleza sin auténtico brillo: este bosque, en el que se consagrarán los principales episodios y personajes que marcaron su vida, poseerá un sentido alegórico. Es irresistible la comparación de este bosque de Bomarzo con el jardín enigmático de Silvio en el Rosedal de Julio Ramón Ribeyro. El vínculo se halla no solo en el aparente misterio que encierran ambos espacios, sino en que la forma en que se llevan a cabo remite a la esencia de la alquimia.

Vicino se sumerge en esta seudociencia a través de su protegido Silvio de Narni. La alquimia posee una dimensión filosófica que puede ayudarnos a entender el sentido del bosque de las figuras y con él el sentido de la existencia del duque de Bomarzo. La alquimia consiste en la búsqueda de la piedra filosofal, meta que, al margen de ser alcanzada o no, solo es útil en la medida en que nos conduce a un conocimiento que se adquiere a lo largo de las pesquisas. En otras palabras: el provecho de la alquimia se encuentra en el medio, no en el fin. Aplicando esta idea a la vida del duque, la cual se  plasma en el bosque de figuras y ahora en el libro que estamos leyendo, diríase que la gloria se halla en la autoridad que da el fracaso de sus empresas, de su vivir entre el esplendor de los salones y la derrota que lo acecha. Todo ello, la vida del duque con sus fortunas y adversidades, quedará plasmado en el bosque y su conocimiento queda igualmente hermético, cerrado para los no iniciados. Por eso, quizás, la única profecía que se cumple dentro de la novela es la que escribió el padre de Vicino en sus papeles: Los monstruos no mueren. Precisamente de monstruos, estrambóticos, fascinantes e inolvidables, como fantasmas del pasado, está lleno el bosque de Bomarzo y las páginas de esta novela de Manuel Mujica Lainez.

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Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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3 respuestas a Regreso a “Bomarzo”

  1. Pingback: La defensa de la ingenuidad de la pintura en el Siglo de Oro, I | Oro de Indias

  2. beatriz dijo:

    El retrato de Lotto no inspiró a Mujica Lainez para escibir Bomarzo, sino el sacro bosque que da nombre a la novela homónima

    • orodeindias dijo:

      Gracias por la precisión. Lo cierto es que el retrato forma parte de la novela y el caballero que aparece retratado es identificado explícitamente con el personaje de Mujica Lainez. El origen de la novela se encuentra, efectivamente, en la visita del bosque, el cual motivó la investigación del autor argentino. Gracias por colaborar.

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