Poetas ingleses metafísicos del siglo XVII, de Mauricio y Blanca Molho

Poetas ingleses metafísicos del siglo XVIIMauricio Molho fue un hispanista singular. Judío sefardí, la poliomelitis infantil le produjo cojera y además una sordera de oído izquierdo. Acabó la secundaria en Francia, pero hizo la carrera en España tras la invasión nazi. Se doctoró en filología románica bajo la dirección de Rafael Lapesa en la Universidad Complutense de Madrid. Se casó con una española, Blanca González de Escandón, quien adoptó su apellido para publicar sus trabajos simplemente como Blanca Molho. Mauricio Molho era principalmente un lingüista y a él le debemos una magna obra llamada Sistemática del verbo español (Gredos, 1975), producto de su tesis doctoral francesa. También lució su talento como traductor de los clásicos picarescos al francés (como el Lazarillo, el Guzmán de Alfarache y el Coloquio de los perros). De hecho, el prólogo que antepuso a dichas traducciones se llegó a publicar como ensayo independiente e iluminador en español: Introducción al pensamiento picaresco (1972). Fue uno de los primeros en explorar la impronta tradicional en la obra cervantina (Cervantes: raíces folclóricas, 1976) y ofrecer una aproximación de base lingüística novedosa a los textos de Quevedo y Góngora (Semántica y poética, 1978). Todos estos múltiples intereses encuentran su complemento, o su coronación, según quiera verse, con la antología, que preparó junto a su esposa Blanca, de la poesía inglesa del siglo XVII llamada, a partir de Samuel Johnson, “metafísica”. Esta obra fue publicada por primera vez en 1948 (cuando Molho contaba con 27 años) y probablemente en el contexto de la postguerra pasó sin mucha fortuna. Su segunda edición, de 1970, bajo el sello de Carlos Barral en su irrepetible colección Libros de Enlace (donde apareció también la fundamental antología Nueve novísimos), es la que gozó de mayor difusión, hasta el punto de que algunos piensan que tal es la edición original. En 2001 la antología fue reeditada por Acantilado. Molho murió en 1995, pero su obra sigue vigente.

Yo encontré Poetas ingleses metafísicos del siglo XVII en la cuesta de Moyano el mes de diciembre pasado y el libro me acompaña en todos mis viajes desde entonces. No hay forma de agradecerles suficiente a los esposos Molho la labor de difusión, con tanto buen tino en escoger y traducir, que llevaron a cabo hace ya más de setenta años. Este es mi testimonio de lector agradecido que desearía que todos pudieran disfrutar de aquella antología. El libro se abre con un prólogo penetrante de Mauricio Molho, quien revela las claves de la poesía metafísica, que corre parejas con la poesía barroca española, aunque posea sus particularidades. El prologuista logra transmitirnos su pasión de lector por textos de hace cuatro siglos; porque estos poemas están muy vivos, pese a que sus autores pudren hace tanto. El príncipe de este grupo es, sin duda, John Donne, pero también destacan George Herbert y Henry Vaughan, junto a autores menos conocidos, como John Fletcher, cuyo único poema antologado (“The Passionate Man’s Song”) lo hace digno de mérito.

Como esta entrada es sencillamente una invitación a leer Poetas ingleses metafísicos, me bastará con ofrecer uno de los poemas traducidos (“The Funeral”, en inglés), ejemplo de cómo, según indica Mauricio Molho, “en la obra de John Donne, amor y poesía se engarzan tan estrechamente que apenas es posible separar su actividad poética de la erótica” (p. 18):

SEPELIO

Quienquiera que amortaje
mi cuerpo, no destroce ni interrogue
a esta delicada
corona de cabellos de mi brazo.
No debéis de tocar la señal, el misterio,
pues es mi alma visible,
virrey de aquella que, partiendo al cielo,
la dejará porque custodie y guarde
de la disolución mis miembros, sus provincias.

Porque si mi cerebro
deja caer el hilo de la vida
mejor podrán ligar las más dispersas partes,
y reconstruirme uno, estos cabellos,
que nacieron y tienen fuerza y arte
de un más noble cerebro.
A no ser que ella quiera
que por ellos conozca mi castigo,
lo mismo que se esposa al prisionero
al condenarlo a muerte.

Pero que represente
cuanto quiera su dueña, el brazalete;
con él me enterraréis,
que, pues soy mártir del amor, quizás
pudiera producir idolatría,
si a otras manos llegase esta reliquia.
Y como fue humildad
poner en ello cuanto el alma pudo,
así es una manera de osadía
que, pues vos no queréis nada de mí,
entierre yo de vos alguna cosa.

(John Donne, “Sepelio”, Poetas ingleses metafísicos del siglo XVII, trad. Mauricio y Blanca Molho, Barcelona: Barral Editores, 1970, pp. 67-69.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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