“El cielo de Lima” de Juan Gómez Bárcena

EL-CIELO-DE-LIMADecía Roberto Bolaño que antiguamente los escritores solían provenir de la clase alta y encontraban en la literatura un camino hacia la decadencia, rindiendo homenaje a ese mandamiento que propagó Charles Baudelaire: épater le bourgeois. Los protagonistas de El cielo de Lima encajan en esa vocación. Carlos Rodríguez y José Gálvez son señoritos de la Lima de inicios del siglo XX, una ciudad con un ambiente de belle époque, con el modernismo consolidado, fumaderos de opio, señoritas refinadas, prostíbulos y rondas por paseos peatonales de inspiración francesa. Ambos son jóvenes insuflados de literatura, víctimas de aquella enfermedad que Juan Carlos Onetti llamaba literatosis: la enfermedad de los aspirantes a escritores que asumen el oficio como una religión o un doloroso destino en el que hay que dejarse la piel. El problema es que estos aprendices imberbes empiezan un juego infantil y perverso que acaba por escapárseles de las manos: escriben cartas a Juan Ramón Jiménez, su gurú lírico, haciéndose pasar por una frágil y sensible muchacha, Georgina Hübner. Esta voz femenina, inexistente, se convertirá, sin proponérselo ellos, en musa del poeta andaluz.

Con la protagonista ausente, construcción de palabras de Rodríguez y Gálvez, se constituye un triángulo amoroso singular: el de Juan Ramón y los muchachos que le admiran y pelean por el control de la voz de Georgina, única forma de mantener contacto con su ídolo. El desarrollo del binomio Rodríguez- Gálvez, que empiezan siendo grandes amigos y luego se distancian, es uno de los grandes aciertos de la novela. Ambos encarnarían las dos maneras de ser escritor: la del aristócrata, Gálvez, que encuentra en la literatura una forma de rebelarse ante las convenciones sociales de su casta y la de un nuevo rico, como Rodríguez, que encuentra en las letras una forma de legitimarse al lado de su amigo de abolengo. Para ellos la literatura en la práctica, o sea en la redacción de las cartas de Georgina, es un entretenimiento, una distracción que, no obstante, se vuelve esencial en sus vidas. Constantemente el narrador resalta hechos que constituyen “lo mejor”, “lo más emocionante” que les iba ocurriendo, un guiño insoslayable a La educación sentimental de Gustave Flaubert. Y es que la anécdota central de El cielo de Lima, la ficción de Georgina Hübner, se erige, precisamente como lo único que pudo dar sentido a su vocación literaria, la cual naufraga en la mediocridad. La anécdota con Juan Ramón es lo mejor que les ocurrió como aspirantes a escritores y las circunstancias que la rodean forman parte de la educación sentimental de los muchachos.

Además de este elaborado triángulo amoroso que confluye en el tránsito hacia la madurez de Gálvez y Rodríguez, contando entonces lo de Georgina como una más de sus mocedades, El cielo de Lima posee otro mérito sobresaliente: su narrador quiebra constantemente el pacto ficcional. Parece decirle al lector, totalmente cómplice y envuelto en su relato: esto que lees es una novela y yo un narrador que imagina. El narrador de El cielo de Lima revela las costuras de la ficción y de esa forma nos propone el juego inverso al que llevan a cabo Gálvez y Rodríguez: ellos imaginan a una mujer para beneplácito de Juan Ramón, nuestro narrador imagina una Lima que solo conoce a través de los libros convincentemente para su lector.

Porque es historia de libros, finalmente, El cielo de Lima nos recuerda que la literatura bebe de sí misma, que es un juego, sí, en el que se nos puede ir, literalmente, la vida. Juan Ramón vivió tal pasión por Georgina que la plasmó en un poema que es una elegía. A los amigos, Carlos Rodríguez y José Gálvez, no les queda sino admitir que ellos escribieron a través de él: “Es nuestra vida […] esto es lo mejor que hemos hecho” (El cielo de Lima, p. 311). Nuevamente el guiño a Flaubert y la infinita mezcla de literatura y vida como una luz que nunca se apaga. El cielo de Lima reaviva las ganas de leer las obras de las nuevas plumas.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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