Dos novelas de Luis Nieto Degregori

asesinato en la gran ciudad del cuzco portadaLa obra del cuzqueño Luis Nieto Degregori demuestra cómo un escritor puede renovar la tradición literaria en la que se halla inserto: apropiándose de ella y enriqueciéndola con nuevas perspectivas y temas, sin negar su legado o deformarlo. Tras la colección de relatos Señores destos reynos (1994), Nieto Degregori compuso dos novelas: Cuzco después del amor (2003) y Asesinato en la gran ciudad del Cuzco (2007). Ambos textos son buenos ejemplos de la renovada narrativa andina que, tras los clásicos indigenistas, no solo se mantiene aferrada a la recreación de la tierra y sus conflictos ancestrales, sino que incorpora elementos de la singular modernidad que ha llegado (para quedarse) a los Andes.

Asesinato en la gran ciudad del Cuzco empieza como una novela de misterio, con la visión de un cadáver en terribles condiciones que será una imagen traumática para el protagonista, el padre Diego de Esquivel. El misterio del crimen lo persigue el resto de su vida y su indagación en torno al caso lo llevará a descubrir todas las aristas, manías, defectos y virtudes de su familia, poseedora del Marquesado de Valleumbroso. Él, como hijo natural del marqués, puede aproximarse a la historia familiar, que se confunde en cierto punto con la historia local, con ojos que intentan ser objetivos, sin saber al inicio que será imposible ser neutral frente a todos los hechos que la gente de su sangre (primero que nadie su padre, el todopoderoso marqués) ha llevado a cabo para refrendar el grito de guerra que se escucha en todo el Cuzco: En Madrid, el rey; en Lima, el virrey y en Cuzco, los Esquivel. ¿Cómo sobrellevar el peso de un apellido, de un linaje controvertido? La escritura puede funcionar como una compensación; de allí que Diego centre sus esfuerzos en escribir la historia de su familia con todos los documentos que puede recopilar, en aras de transmitir una imagen justa, equilibrada, de los Esquivel, pensando en el futuro y la fama con la que carga ya la familia. Los actos de los Esquivel (cuando no crímenes, fechorías o corruptelas) permiten al lector conocer a una galería de personajes de la época, cuyas tribulaciones no nos dejan indiferentes: la ingenua Leandra, enamorada del marqués y víctima suya; don Rodrigo, aquel corregidor español que intenta domeñar a los Esquivel y fracasa; o el Cartolín, el bandolero feroz. Todos remiten al retablo conocido de la sociedad colonial, pero en Asesinato en la gran ciudad del Cuzco están vivos y sus dramas cotidianos nos resultan subyugantes.

img-910153101-0001Muy distinta en factura es Cuzco después del amor, novela que también empieza con un asesinato, para luego dar paso a un texto marcado por un tono memorialista: el de la temprana juventud hasta llegar a la mediana edad de Martín Hernández. A través del recuento de sus amores juveniles, echamos un vistazo al Cuzco de finales de los setenta y toda la década de 1980, hasta llegar a inicios de la década siguiente, cuando el mismo Martín percibe un declive de la ciudad –iniciada desde mucho tiempo atrás- que no se puede ya ocultar. La reflexión sobre la arquitectura y la política, de la mano de la fascinación por el arte y las casonas de la ciudad, hacen que la búsqueda de nuevas experiencias en el amor se encuentre sublimada a la altura de una pesquisa estética. Es virtud del narrador incorporar elementos tan diversos –además de reflexiones de género- en una trama que mantiene el interés de su lector, para ofrecerle un desenlace realmente inesperado. Cuzco después del amor es también una novela erótica, en la medida en que el narrador se ocupa, comenta y reflexiona sobre el amor físico, manteniendo una prosa mesurada y sabia. Por todo lo dicho, esta novela significa una notable renovación dentro de narrativa andina, a la que se incorpora y amolda cómodamente. En suma, Asesinato en la gran ciudad del Cuzco y Cuzco después del amor son obras altamente recomendables y muestras ejemplares del buen oficio de narrador de Luis Nieto Degregori.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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