El “Lazarillo de Tormes” de Luis Jaime Cisneros

luis-jaime-cisnerosDos años después de aparecido, llega a mis manos, buscando otra cosa en una biblioteca universitaria, el volumen Luis Jaime Cisneros, un amauta, colección de artículos y semblanzas en memoria del ilustre profesor Luis Jaime Cisneros Vizquerra (1921-2011). Tuve ocasión de participar en este libro homenaje con un trabajo que se propone un examen de la edición del Lazarillo de Tormes que llevó a cabo Cisneros como tesis de licenciatura en filología en la Universidad de Buenos Aires. En esta misma ciudad se publicó su edición bajo el sello de la editorial Kier, en 1946. La mayoría de ensayos del libro proviene de antiguos estudiantes suyos. Luis Jaime fue una influencia determinante para varias generaciones que recibieron su enseñanza primero en la Universidad de San Marcos y luego en la Universidad Católica. En ese aspecto, el volumen es bastante emotivo, las evocaciones de su presencia y su personalidad encuentran su máxima expresión en el material gráfico que se inserta como apéndice. En ese contexto, siento mi contribución algo extraña, ya que no fui estudiante de Luis Jaime Cisneros. Tampoco frecuenté su oficina en el campus o su casa en mis años formativos. Mi conocimiento de Luis Jaime fue bastante tardío y breve. Este es mi testimonio mínimo.

Creo que fue en las vacaciones de 2007, cuando un amigo que por entonces trabajaba en la facultad de letras me dijo que Luis Jaime Cisneros quería verme. Yo estaba pasando el verano en Lima, como lo hice durante todos los años de mi doctorado en España, e iba a la Universidad Católica a encontrarme con viejos compañeros de la facultad. Para entonces yo ya había publicado un artículo en el Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, gracias a la mediación de aquel amigo, y hasta intercambiado un par de mensajes, escuetos y cordiales, con Luis Jaime en su calidad de director de la publicación (eran correos enviados desde la dirección electrónica de su esposa, que consistían en un documento adjunto donde había una nota escrita por él en procesador de texto), pero no lo había tratado nunca en persona. En mis años de facultad él ya no enseñaba y por eso no llegué a ser su estudiante. Como nadie nos había presentado tampoco, era alguien ajeno para mí. No obstante, creo que por la época en que escribía mi tesis de licenciatura (alrededor del año 2002) nos cruzamos en el departamento de humanidades y ambos intentamos un saludo al vuelo. Habíamos hecho contacto visual y nos mantuvimos la mirada por unos segundos. Yo hice una ligera venia, que él, creo recordar, imitó.

Y eso había sido todo hasta entonces. Probablemente por esa época él había recibido la noticia de que alguien estaba escribiendo una tesis sobre novela picaresca y le resultaría curiosa mi presencia. Al poco tiempo de defender aquella tesis, yo me había marchado a España y sumergido por completo en el siglodorismo. En ese periodo escribí el artículo que salió en el Boletín de la Academia Peruana (en 2005), un trabajo en el que se ejercía el parricidio (como nunca más lo he vuelto a hacer, ya estoy viejo y no me apetece) con la voluntad afirmativa que me daba el brío de los veinticinco años. Ese texto, en el que se ejercía estricta filología para corregir algunos dislates, no solo le había gustado a Cisneros, sino que le había parecido lo suficientemente sólido para publicarlo en la revista de la institución de la que precisamente el autor criticado era celebérrimo miembro, aunque como vivía en otro país de seguro nunca se enteró (o eso al menos quiero pensar yo).

En mi memoria, la cita en la casa de la avenida La Paz no fue ni muy larga ni muy corta. No recuerdo con exactitud los temas de los que hablamos, aunque en torno a ellos salieron egregios nombres de la especialidad, como Américo Castro (quien había sido su profesor en Buenos Aires) o María Soledad Carrasco Urgoiti (a la que Cisneros llamaba simplemente Marisol). Entre sus recuerdos, también salían observaciones en torno a cómo habían cambiado las cosas. Luis Jaime Cisneros provenía de una época en la que los chicos pasaban por la transición de pantalones cortos a largos, la gente guardaba luto por un año y la universidad era privilegio de muchachos de buena familia. Él lo había visto todo y estaba allí para contarlo.

El motivo principal de aquella cita era encargarme una reseña para Lexis, que yo acepté por ser un tema de mi interés. En años siguientes continuaría mis colaboraciones, mediante un par de artículos y algunas recensiones más, con la revista de mi primera alma mater. Me alentaban las palabras de Luis Jaime: “No deje de colaborar con Lexis, apreciamos su trabajo”. Él usaba el usted conmigo, supongo que por un sentido de camaradería de caballero antiguo, el mismo que hacía que te llamara por tu apellido (“oiga López”, “dígame Aguirre”, “vea Mansilla”, etc.). Otra detalle al vuelo: aunque charlábamos en su biblioteca, nunca hojeé sus libros o me sentí tentado a pedirle alguno prestado. Eso sí, recuerdo que me dijo, señalándome un armario o estante al fondo, que tenía todos los volúmenes del BRAE, lo cual me admiró, ya que debía ser la única persona en Lima con la colección completa (quizás si hay otra es Martha Hildebrandt, pienso).

el-lazarillo-de-tormes-luis-jaime-cisneros-edit-kier-13647-MLA139805350_1633-FHice mi trabajo en pocos días y a la semana o semana y media volví a su casa para devolverle el libro reseñado. Creo que a propósito de mi texto hablamos de Marcel Bataillon, quien tenía un artículo sobre la fiesta de moros y cristianos en América, y sobre Menéndez Pidal, en particular el último encuentro de Luis Jaime con él en Madrid, en la década de 1960. Mi viaje era inminente, pero aquellas conversaciones me habían resultado tan amenas, que me despedí diciéndole que a lo mejor nos veíamos antes de mi partida. Me dijo que sí, que para entonces nos podíamos tomar unos whiskies, que le diera un golpe de teléfono y quedábamos.

El caso es que aún nos debemos ese whisky. Se me complicaron las despedidas y los preparativos de mi viaje aquel año (ese curso 2007-2008 era el último de mi doctorado) y luego pasaron los demás volando. El verano siguiente no estuve en Lima más de diez días. No recuerdo si nos vimos el 2009. Estuve casi los tres meses estivales aquel año. No volví a visitar Lima en verano hasta 2012, cuando Luis Jaime ya había fallecido. Como se ve, mi recuerdo no es precisamente íntimo, pero sí amistoso. Creo que había una complicidad basada en intereses literarios compartidos y en la filología como método para abordarlos. El primer testimonio del trabajo de Luis Jaime en este campo fue precisamente la edición del Lazarillo de Tormes. Para tener una idea más clara de su valor y originalidad en el momento de su publicación (1946), invito a leer aquel trabajo incluido en Luis Jaime Cisneros, un amauta. Dadas las condiciones de mi experiencia y contacto con él, esta es la mejor forma que tengo de honrar su memoria y calidad profesional.

Rodríguez Mansilla, Fernando. “El Lazarillo de Tormes de Luis Jaime Cisneros”. Luis Jaime Cisneros, un amauta. Ed. Marco Martos y Gladys Flores. Lima: Academia Peruana de la Lengua- Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2012. 25-34.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Novedades bibliográficas y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El “Lazarillo de Tormes” de Luis Jaime Cisneros

  1. Pingback: Un clásico de la crítica 3: “De la edad conflictiva” de Américo Castro | Oro de Indias

  2. Pingback: Una poliantea cervantina: “Misceláneas ejemplares” | Oro de Indias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s