“Un inca platónico. Garcilaso de la Vega” de Carmen Bernand

un inca platonicienHay dos biografías clásicas sobre el historiador cuzqueño Garcilaso de la Vega, quien adhirió a su nombre el título de “Inca” como nom de plume: El Inca. The Life and Times of Garcilaso de la Vega de John Grier Varner (1968) y El Inca Garcilaso de Aurelio Miró Quesada (versión definitiva de 1994). La de Varner es la predominante en el mundo anglosajón, donde Garcilaso contó desde temprano (la primera traducción de los Comentarios al inglés se hizo en 1625) con un público y especialistas dedicados a su estudio (como el propio Varner, pero también Harold V. Livermore, quien tradujo los Comentarios, o Karen Spalding); mientras la de Miró Quesada ha sido de referencia obligatoria en el ámbito castellano. Un Inca platonicien viene a cubrir el mundo francófono, terreno en el cual Garcilaso ha gozado igualmente de muchos seguidores, sobre todo entre los ilustrados del siglo XVIII (con Voltaire a la cabeza), y un puñado de intelectuales que han indagado en torno a su obra (como Pierre Duviols o Marcel Bataillon). La vida y la interpretación de la obra del Inca Garcilaso se encuentran ahora accesibles en tres de las lenguas históricamente más influyentes en el academicismo.

Las dos biografías clásicas referidas (Varner y Miró Quesada) sumaban a un retrato vital de Garcilaso algunas ideas e interpretaciones que han influido en la bibliografía posterior. El libro de Carmen Bernand es mucho más explícito en estos objetivos hermenéuticos, partiendo desde su propio título. Se suele hablar, casi como un lugar común, del Inca Garcilaso como un neoplatónico, pero lo cierto es que la crítica tradicional nunca profundizó en esa cala y dejó testimonio de este aspecto filosófico en la dimensión más bien formal de la historia de los incas que elabora Garcilaso: su afán de ofrecer una visión idealizante, armónica de la civilización andina. Más recientemente, J. A. Mazzotti reveló las similitudes entre la cosmovisión andina y la hebrea que se encuentra plasmada en el sistema filosófico contenido en los Diálogos de amor. Asimismo, Giovanna Arias Carbone dedicó su tesis de licenciatura a las “fábulas historiales” que engarza el Inca, las cuales identifica con los “mitos historiales” que postula León Hebreo.

En esta senda interpretativa, Carmen Bernand ha elaborado la lectura más orgánica y profunda de la influencia del platonismo, tal como lo plasmó León Hebreo en sus Diálogos de amor, en la obra y la figura del Inca Garcilaso de la Vega. Un Inca platonicien fue publicado en 2006, por la editorial parisina Fayard y, lamentablemente, no ha contado con mayor difusión fuera del hispanismo francés. La profesora Bernand logra ofrecer una imagen completa del Inca Garcilaso como humanista, historiador apasionado y, ante todo, un mestizo en el sentido más poderoso del término: un sujeto que incorpora saberes diversos y los fusiona para producir un relato complejo, lleno de reverberaciones que abren cauces interpretativos que conectan el mundo andino, la cábala, la filosofía platónica y las condiciones conversa y también morisca, con las que el Inca habría tenido un contacto privilegiado, a través de experiencias tanto reales como intelectuales. Un Inca platonicien está dividido en tres partes: la primera se abre con una semblanza de las “fortunas y adversidades” de León Hebreo o Judá Abravanel, auténtico gurú del Inca (con el que, según la lectura de Bernand, tanto lo unía). A continuación, se plantea la encrucijada vital de Garcilaso, encarnada en su doble herencia, con sendos capítulos dedicados a su padre y a su madre. Este paralelismo entre León Hebreo y Garcilaso se mantiene constante a lo largo de la investigación, con argumentos y análisis en su mayoría convincentes y sugestivos: como los judíos, los incas son un pueblo elegido, milenario, sobre cuyo fundamento se levantará el cristianismo en América; el templo del sol o Coricancha, en la escritura de Garcilaso, se asemeja al templo de Salomón (modelo de rey con el que algunas crónicas identificaban al inca Pachacútec); la recurrencia y predilección por el número 12. Estos son algunos, entre muchos ejemplos, que se vuelven testimonio de la influencia tangible de León Hebreo en la obra del Inca Garcilaso.

Un Inca platonicien deja al lector lleno de ideas y estimula la relectura, desde otra perspectiva, de la obra del Inca. Complementa, en ese aspecto, otras interpretaciones mucho más populares que enfatizan su supuesta rebeldía, su resentimiento hacia la Corona o el carácter de los Comentarios reales como obra subversiva de lectura “entre líneas” para las élites andinas. Solo como curiosidad, que no hace mella significativa en la solidez argumentativa del volumen en su integridad, apuntaré un gazapo que ha provocado muchas páginas de magnífica filología (Rodolfo Cerrón-Palomino le dedica un capítulo): la traducción del poema quechua que, en muchas ediciones de los Comentarios reales (incluida la tan esmerada de Ángel Rosenblat), todavía dice, erróneamente, “al cántico”, se vuelve, en la traducción al francés de Bernand, “ce cantique” (231). Otro caso, más bien dudoso para mí: no conozco el contexto completo de la frase, pero me inclino a pensar que en “animales peregrinas, animales mestizos”, “peregrinas” no significa errants o errantes, como afirma Bernand (295), sino más bien “raros” o “extraños” (mucho más al lado del adjetivo “mestizos”), ya que esa acepción de peregrino era usual en la época, tanto o más que la moderna; con lo que la idea de la autora sobre la movilidad de los mestizos, al menos a partir de esa frase, queda debilitada. Por último, en Un Inca platonicien se llama “Sebastián” al padre del Inca Garcilaso, nombre si no apócrifo (se dice que producto de una mala lectura de capitán en un documento), al menos sí dudoso, ya que solo figura en dos documentos (Miró Quesada, El Inca Garcilaso, p. 9) y el Inca jamás llamó “Sebastián” a su padre; aunque “Sebastián” lo mienta Varner en su documentada biografía y Miró Quesada lo hace con reservas. Ninguna de esas observaciones, reitero, desmerece el magno estudio que nos ofrece Carmen Bernand en Un Inca platonicien, cuya lectura recomiendo encarecidamente, ya que nos ofrece una lectura distinta, rica y novedosa de un clásico que tanto tiene aún para darnos.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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