La picaresca otra vez: las desgracias encadenadas de Cándida

candida fesserHace casi quinientos años, nos consta que salió a la venta en las calles de Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Medina del Campo un libro llamado La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. El texto representaba una novedad para los lectores de la época, acostumbrados a ficciones idealizantes de corte caballeresco y a textos religiosos, como las vidas de santos. El libro dio paso a una progenie, la familia picaresca, que ha atravesado fronteras espaciales, lingüísticas y temporales. Un adjetivo como “picaresco” y el sustantivo abstracto “picaresca” forman parte del vocabulario cotidiano del español general y es en la literatura escrita en esta lengua donde dicha forma literaria ha encontrado sus manifestaciones más logradas y famosas.

Pese a su popularidad y tradición antigua, aquellos textos que podemos identificar como ejemplo de la “picaresca” todavía rehúyen una definición clara y distinta. El corpus picaresco es ingente y muy diverso. Al margen de taxonomías que ya se hicieron (y creo que se agotaron ya) con todo tipo de resultados en la segunda mitad del XX, actualmente me inclino a pensar, siguiendo a Alfonso Rey (Lectura del “Buscón”) que existe una temática picaresca, antes que un pensamiento picaresco o un género novelístico rígido. Es la única razón por la que me atrevo a sostener que Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien  (cuyo subtítulo reza Cándida, memorias de una asistenta) tiene algo (o mucho, el lector juzgará) de picaresca. En Cuando Dios aprieta… (en adelante Cándida), la pluma de Guillermo Fesser logra recrear, con suma maestría y mérito, la voz de una mujer simple, su protagonista, quien nos cuenta su vida o, mejor dicho, sus fortunas y adversidades.

Una vieja superstición dice que para que exista picaresca debe existir pícaro. ¿Es Cándida una pícara? Parece que no. A diferencia de pícaros varones, ella no comete actos delictivos, no usurpa identidades, no rehúye al trabajo, tampoco predica; a diferencia de las pícaras, ella no cae en la prostitución (de hecho le repugna), no busca casarse con el mejor partido, ni hace de su físico una ventaja para cometer estafas. ¿Dónde está entonces el ingrediente “picaresco” de Cándida, palpable, al menos intuitivamente, para cualquier lector más o menos informado? Se me ocurre, para empezar, que la narración es picaresca en la medida en que está estructurada como una serie de desgracias encadenadas, impregnadas de un humor, de tinte grotesco, que encontramos página a página.

¿A qué me refiero con desgracias encadenadas? He aquí una breve digresión aclaratoria. La narración extensa clásica (consideremos “clásico” todo lo anterior al siglo XVIII) es episódica y se suele organizar de dos formas. La primera es la mezcla de duelos y gozos, como en el Poema del Cid o el mismo Don Quijote de la Mancha, con episodios felices y otros funestos para el héroe, que sube y baja como montado en una montaña rusa. La segunda forma de narrar está constituida por lo que, como diría Quevedo en el Buscón, son las desgracias encadenadas, una sarta de episodios infortunados que experimenta el protagonista, en un proceso de degradación física y/o moral. Esta última es la estructura típica de la novela picaresca; inclusive cuando el protagonista tiene lances felices (pensemos en los magníficos robos urdidos por Guzmán de Alfarache en Italia), estos solo lo son en apariencia, porque forman parte de un proceso de desintegración del sujeto, que tiene su particular descenso a los infiernos, como Lázaro cornudo y contento o el propio Guzmán que reflexiona moralmente sobre su mala acción en el mismo episodio en que la comete. Esto no quiere decir que Cándida sea un sujeto moralmente degradado como Guzmán de Alfarache o una hija de Celestina cualquiera, sino que la forma del relato se ciñe a esta estructura de desgracias encadenadas que evoca una tradición narrativa que se identifica con las vidas de pícaros.

Bajo una estructura de episodios repletos de tropiezos y dificultades, hallamos todo el catálogo de temas de la picaresca más tradicional: la epopeya del hambre (sobre todo durante la infancia y la juventud), la soledad frente a un mundo hostil donde siempre corres riesgo de ser víctima, la locuacidad de la protagonista (la manía del “pícaro hablador” que decía Gonzalo Sobejano), los episodios grotescos o de plano tragicómicos (como estar muriéndose de hambre, encontrar un bote de Cola-Cao, ilusionarse, calentar un cazo de agua para meterse algo en el estómago y descubrir, al abrirlo, que alguien lo llenó de arena), el tópico de “mozo de muchos amos” vuelto “asistenta de muchos señores”, etcétera.

Otra característica notable, que no es un elemento típicamente picaresco, pero es solidario de la literatura cómica (y la picaresca es parte del género cómico), son las prevaricaciones idiomáticas de Cándida, en la senda de Sancho Panza, cuyos defectos lingüísticos, magnífico mecanismo cervantino de humor, merecieron el estudio de Amado Alonso. Cándida afirma estar constantemente entre la espalda y la pared, el 28 de diciembre para ella es el día de los santos indecentes, el caudillo de España era el generalísimo Frankestein, cuando se enferma le aplican indiciones, nos recuerda que lo cortés no quita lo paciente, alguien insignificante es un cerdo a la izquierda, cometer infidelidad los casados es delito de indulterio y así sucesivamente. Este particular lenguaje no solo revela la ignorancia, que se confunde con bondad e inocencia, de la protagonista (cuyo nombre es bastante connotativo en ese sentido), sino que la identifica –por qué no- con otro personaje “de muy poca sal en la mollera”, Sancho Panza, tan emprendedor como ingenuo (hay que verla cuando conoce el mar, tal cual el villano emocionadísimo en Barcelona): Cándida se rompe las manos trabajando, busca oportunidades de comprar una casa y siempre aspira a más, aunque tenga que lidiar con su mayor adversidad, que no es ni su origen social ni su espíritu, sino su familia. Tanto sus parientes como su esposo y luego sus hijos se aprovechan de ella y a ratos uno se la imagina apagando un fuego con un cubo de agua en una habitación, mientras la otra empieza a ser invadida por las llamas.

Pero las adversidades no le quitan el buen humor y esto también es picaresco. Benito Brancaforte solía usar la figura de Sísifo para explicar esa dinámica del héroe pícaro que empuja la rueda con sumo esfuerzo para, a poco de alcanzar la cumbre, ver cómo es vencido por su peso y ha de volver a empezar, con el mismo tesón. Las palabras de Mariano, el hijo de Cándida, cuando las angustias embargan son un magnífico cierre para las desgracias encadenadas que parecen no tener nunca remisión, sobre todo tras el espejismo de su estancia en Nueva York: “Tranquila, mama, que eso es como todo”. La vida prosigue, esto no acaba, más vale seguir luchando, con el mejor ánimo posible, porque nadie dijo que esto era el paraíso y –como decía un filósofo montado en un burro- desnudo nací y desnudo me hallo. Quinientos años han pasado desde la autobiografía falsa de un tal Lázaro de Tormes (cuya nociva influencia tanto irritaba a don Gregorio Marañón) y todavía nos cautivan líneas como estas:

Aparte de los trabajos forzados, en el colegio enseñaban a leer y escribir. Pero a mí, como era la recadera, apenas me daba tiempo de estudiar. Lo poco que hoy sé leer es porque lo he aprendido en la televisión. O sea, las letras, que las junto y eso. Es al igual que mi hijo el Mariano: él nunca ha atendido la escuela pero sabe conducir y sabe de cuentas porque le ha surgido de su propio interior. O sea, que los dos somos autómatas.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s