A cien millas de Manhattan: Nueva York a fondo

portada-cien-millas-manhattanA mediados de 2002, Guillermo Fesser se fue a vivir al pueblo de su esposa, en Estados Unidos. Buscaba descansar de la larga travesía que había significado su programa de radio Gomaespuma (que llevaba casi veinte años al aire con una audiencia fiel). El pueblo elegido se llama Rhinebeck, a cien millas (unos ciento sesenta kilómetros) de Manhattan. Rhinebeck es la puerta de entrada al centro del estado de Nueva York (NYS, por sus siglas en inglés), que es mucho más grande que la famosa ciudad de Nueva York (NYC, por sus siglas en inglés). Al llegar a su nuevo hogar, el único proyecto de Fesser era convertir su novela Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien (o Cándida, de la que ya hablamos aquí) en un guion de película. Sin embargo, su instinto de cazador de historias, su curiosidad y el azar, que le pone enfrente personajes de toda laya en situaciones de lo más cotidianas, le demuestran que a veces lo que pensamos que será un camino sencillo, en línea recta, se vuelve un viaje con paradas entretenidas y desvíos inesperados.

Fruto de ese primer año en Rhinebeck, lleno de distracciones a causa de la vida tranquila en un pueblo donde todo el mundo se conoce o desea conocerse, Fesser compuso A cien millas de Manhattan (2008), un libro de crónicas sobre aquel pueblo neoyorkino que todavía lo acoge y cuyos rincones y personajes explora como lo hacían los viajeros europeos decimonónicos con un cuaderno de notas: preguntando a sus gentes, reflexionando sobre lo visto, investigando sobre aspectos históricos o sociológicos, experimentando, etc. El protagonista de A cien millas de Manhattan, con ganas de escuchar y conocer, no sufre exactamente lo que se conoce como choques culturales, sino que, a menudo, se admira casi como un niño. Estructurado en capítulos que abarcan cada uno un mes de su estancia anual (desde el agosto de 2002 en que aterriza hasta septiembre del año siguiente), el libro posee un ritmo narrativo que nunca agota. El método de Fesser expuesto en A cien millas de Manhattan consiste en conocer gente con historias muy personales que permiten ampliar su conocimiento del mundo, captando tanto lo común (desde su experiencia europea) como lo diferente (los aspectos culturales que encuentra norteamericanos). Desde el primer capítulo, esta tendencia se muestra como un estupendo método narrativo: la historia del taxista, descendiente de italianos, miembro de una estrambótica iglesia y entrenador de cross country en la escuela del pueblo, es la mejor forma de ingresar al universo de Rhinebeck y sus habitantes. Tras él, otros personajes tan o más curiosos van desfilando: el especialista en tuberías, el criador de bisontes o el profesor de español de la escuela local. Y mientras ellos pasan, el tiempo también lo hace, las estaciones y las festividades se suceden, cumpliendo el ciclo vital. La mirada de Fesser está atenta a todos estos cambios, a aquello llamativo detrás lo que cual puede haber una historia interesante. De hecho, la mención ocasional de su proyecto de guion de Cándida en la crónica hace pensar que de cualquiera de los personajes con los que se topa podría también hacerse una película.

A cien millas de Manhattan es algo más que un libro de viajes en torno a la american way of life. Su autor va más allá de los prejuicios de turista o de europeo que solo resalta lo distinto. Una de las dimensiones más ricas que presenta A cien millas de Manhattan de los Estados Unidos es su rostro migrante, porque es un país tan nuevo como original en sus adaptaciones o recreaciones del legado que sus habitantes traen en las maletas. Página a página, se comenta la múltiple herencia de hispanohablantes, hebreos, asiáticos, italianos y holandeses que alimenta Nueva York y le da a esta región una identidad singular. Toda esa riqueza cultural se muestra semanalmente a través del bloque radial A cien millas de Manhattan. Para quienes gusten de dicho programa o del trabajo de Guillermo Fesser, conviene leer el libro que lo originó.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s