María de Zayas para transeúntes

herrajeros-amar-solo-por-vencer-maria-zayas-sotomayor-3-jpegEn una reciente visita a México cayó en mis manos un librillo que demuestra la actualidad de María de Zayas como figura literaria y de su obra como tema de estudio. La colección Relato Licenciado Vidriera de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicó el año pasado una edición de Amar solo por vencer, a cargo de Elizabeth Treviño Salazar, joven y apasionada “zayista”. El formato, un poco más grande que el octavo aurisecular, promueve a Zayas como “literatura de bolsillo”. Yo imagino leer la novela en el metro, quedar cautivado por la historia, llegar al final desgraciado a la que vez que a mi parada y dejar el librillo sobre el asiento, por ser tan ligero que se desliza entre la ropa y los bolsos con los que uno va siempre cargado en las ciudades. Y allí se queda Amar solo por vencer a la espera de otro lector que se siente en ese vagón y le provoque leer la novela, llevársela a casa o dejarla abandonada en la sala de espera de un dentista. Me resulta encomiable este tipo de edición porque estimula la circulación involuntaria de un texto que, cuatro siglos después de ser escrito, sigue interpelándonos con su discurso crítico y mordaz en torno a la situación de las mujeres.

Amar solo por vencer habla de una burla, la de un pícaro, criado de un caballero, a una adolescente privilegiada. Todas sus tretas para alcanzarla provienen de una tradición literaria que identificamos con la picaresca. Lo que sí resulta original es el desenlace de la obra, que trasciende los límites del texto picaresco clásico, ya vuelto costumbrismo para la época en la que Zayas escribe, a mediados del XVII. Este es el esqueleto del relato, ya que Zayas lo robustece con poemas, alusiones mitológicas, digresiones morales y reflexiones sobre el lugar de la mujer en la sociedad; elementos todos estos que configuraban el arte narrativo del Siglo de Oro, en el cual nuestra autora sobresale con dos colecciones de novelas, las Novelas amorosas y ejemplares (1637) y los Desengaños amorosos (1647), en la que se encuentra la novela que nos ocupa aquí.

La edición de Elizabeth Treviño se ciñe al propósito de difusión que posee Licenciado Vidriera: las notas explicativas son mínimas, pero suficientes para entender el sentido literal del texto de Zayas. Esto permite que un lector curioso, de gusto más bien contemporáneo, no se sienta abrumado por las notas filológicas que suelen revestir los textos del Siglo de Oro. La introducción de la editora, igualmente, traza la vida de Zayas, su ideología, así como la recepción de la que ha gozado su obra. Resalta, con tino, los valores literarios que posee su escritura, sus relaciones con otros escritores y el reconocimiento con el que contó ya en vida. Finalmente, se incluye una muy útil bibliografía esencial para introducirse al mundo de la autora. Con ello, Elizabeth Treviño ha confeccionado un libro humilde en formato, pero satisfactorio dentro de los alcances que se propone. Lectura intensa, a ratos irónica y en otros dramática, Amar solo por vencer constituye la mejor invitación a la obra de María de Zayas para un lector moderno. Así entramos al mundo de Zayas, de estrados femeninos, puertas que oyen, mujeres que ven y se dejan ver a la salida de las iglesias, galanes que conquistan con ropas, regalos y coches, familiares ambiciosos, rivales que se consumen por celos o envidia, dentro de un Madrid tan fastuoso como lleno de peligros para jóvenes de corazón limpio:

En la Babilonia de España, en la nueva maravilla de Europa, en la madre de la nobleza, en el jardín de los divinos entendimientos, en el amparo de todas las naciones, en la progenitora de la belleza, en el retrato de la gloria, en el archivo de todas las gracias, en la escuela de las ciencias, en el cielo tan parecido al cielo, que es locura dejarle si no es para irse al cielo, y, para decirlo todo de una vez, en la ilustre villa de Madrid, Babilonia, madre, maravilla, jardín, archivo, escuela, progenitora, retrato y cielo… (María de Zayas, Amar solo por vencer, p. 3)

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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