Don Quijote en clave de carnaval desde México

gabriela navaComo evocaba José Montero Reguera en El Quijote entre cuatro siglos, la publicación de The Romantic Approach to Don Quixote, del llorado maestro Anthony Close, hizo evidente la fractura, a mediados del siglo XX, entre dos maneras de analizar la obra maestra de Cervantes: la de los críticos “soft”, partidarios de la la lectura romántica y simbólica de la obra; y la de los “hard”, que buscaban resaltar los aspectos ideológicamente más transgresores. Solo a mediados de 1970 se abrió una tercera vía, que aún goza de gran salud, y que bebe del influjo de las teorías de Mikhail Bakhtin, en torno al carnaval y la cultura popular. Esta otra manera de leer Don Quijote de la Mancha y tantos otros textos del Siglo de Oro encuentra sus paradigmas en estudios que conjugan sabiamente erudición y sagacidad crítica, como los de Agustín Redondo, Maxime Chevalier, Monique Joly o Michel Moner (enumeración básica que no pretende ser exhaustiva, solo orientadora) en Francia, y en la crítica anglosajona el de James Iffland en su fundamental De fiestas y aguafiestas. Risa e ideología en Cervantes y Avellaneda (1999). A esta corriente de trabajos que ilustran el trasfondo festivo y popular de la obra cervantina, se viene a sumar ahora Los tres rostros de la plaza pública en el “Quijote” de Gabriela Nava, de la Universidad Autónoma de México. Se trata de otro de los volúmenes que traje conmigo en un viaje reciente.

El estudio se abre con un primer capítulo que desarrolla la teoría del carnaval como “rito regenerador”, como un “mundo al revés” o caos organizado que pretende cuestionar los fundamentos del orden social solo para derruirlo por unos instantes, brindarles un sosiego a los habitantes oprimidos y reconstruir su mundo. Los siguientes capítulos exploran Don Quijote de la Mancha a través de tres expresiones carnavalescas, plasmadas en espacios que reelaboran el cronotopo clásico de la “plaza pública”. En primer lugar, se analiza la venta, que opera como “espacio público festivo”. Mientras la venta de la primera salida es escenario de contrarrituales festivos (como la vela de armas), la de Juan Palomeque es el lugar de las mascaradas y las golpizas: las trazas de Maritornes, la princesa Micomicona, el cura y el barbero disfrazados, la aventura de los cueros de vino, etc. Al final de la primera parte de Don Quijote el encierro del hidalgo en una jaula evoca el destronamiento del rey Momo para acabar con el ciclo carnavalesco y dar paso a la regeneración del mundo.

Los capítulos tres y cuatro de Los tres rostros de la plaza pública indagan en torno a sendos espacios carnavalescos. En primer lugar, el palacio ducal es un espacio marcado por la espectacularidad (que nos haría pensar en un ambiente más bien cortesano y menos popular) y la teatralidad (ya que los disfraces improvisados de la primera parte dan paso a una producción más esmerada). La aventura de Clavileño marca el hito de la regeneración, nuevamente por la vía de parodia, ya que la pareja protagónica evoca a la pareja de enamorados propia del mundo caballeresco y produce la “cura” de las mujeres barbadas y otros enredos que imponen los duques como pruebas, de escarnio, para el caballero. Finalmente, el episodio de la ínsula Barataria propone otro espacio carnavalesco, el del mundo utópico, en el que Sancho Panza ejerce de “gobernante Momo”, a la que vez que se recrea el enfrentamiento entre don Carnal (Sancho) y la Cuaresma encarnada por su médico, que lo mata a dietas. La ínsula Barataria se erige como las antípodas de la realidad, un lugar imposible donde –no obstante- es posible que un villano iletrado gobierne con prudencia y buen tino. El destronamiento de este rey se produce con el remedo de batalla y su renuncia al gobierno por volver con su burro, arrinconado en el establo durante todo ese tiempo en que gozó tanto la miel como el acíbar del poder.

Los tres rostros de la plaza pública en el “Quijote” constituye un análisis claro y perspicaz de una veta que se muestra productiva para el análisis de la obra cervantina. Este estudio, en su brevedad, exhibe un engarce muy efectivo entre teoría y texto literario, además de un manejo bibliográfico eficaz. Finalmente, las páginas de Los tres rostros destilan pasión por Don Quijote y sus posibilidades como texto festivo, una perspectiva en la que aún hay mucho por hacer. Gabriela Nava nos brinda una lectura carnavalesca accesible y profunda de la clásica historia del hidalgo manchego, recuperando sus reverberaciones cósmicas (y cómicas) más esenciales.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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