“El caso Bonapelch”: vitalidad de la novela negra en el Río de la Plata

002_2Decía un personaje de El túnel que las novelas policiales del siglo XX eran el equivalente de los libros de caballerías en tiempos de Cervantes: un género manido, de estructura fija, con personajes claramente delineados y elementos que se volvían entrañables a fuerza de repetirse. Y que precisamente por su carácter predecible se prestaba a la parodia, a la manera en que se lo propuso el autor de Don Quijote. Lo cierto es que en el capítulo XLVII de la primera parte, el canónigo lector de caballerías elogiaba el género por el espacio que brindaba al escritor para desatar su imaginación: [los libros de caballerías] daban largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiese correr la pluma. Esto es en realidad lo que tienen los géneros populares, como la novela policial, también llamada con propiedad novela negra: un modelo de escritura que puede transmitir diversos contenidos y mensajes.

En el Río de la Plata el género ha sido particularmente fértil, desde la campaña que le hicieran Borges y Bioy Casares con El séptimo círculo y su anecdótico Bustos Domecq, pasando por los imprescindibles cuentos policiales de la serie negra que dirigió Ricardo Piglia allá por la década de 1970. Ese legado se honra periódicamente con novelas que siguen el esquema básico del policial, lo parodian o simplemente lo utilizan para propósitos algo más complejos. Un ejemplo famoso es el de La pregunta de sus ojos (2005) de Eduardo Sacheri; cuya adaptación fílmica El secreto de sus ojos es, dicho con perdón, superior a la novela original. En la vecina orilla, la novela negra cuenta con dos exponentes recientes. El primero es Hugo Fontana, quien publicó Barro y rubí en 2013 y ya había dejado testimonio de su maestría en el género con El noir suburbano.

El otro promotor y cultor de la novela negra es Hugo Burel, quien publicó el año pasado El caso Bonapelch. Se trata de una novela de lectura ágil, intensa y rica en matices, con una correcta recreación histórica y literaria del Montevideo de 1933, en medio del surgimiento de la dictadura de Gabriel Terra y la impunidad de la que gozaba el célebre Ricardo Bonapelch, yerno de uno de los hombres más ricos del Uruguay, José Salvo, recientemente muerto en extrañas circunstancias. Más que un misterio, el detective asignado debe revelar un secreto a voces, un rumor que atribuye al infame yerno (un hijo de la tierra, vividor y que explota su parecido físico con Carlos Gardel) haber urdido el asesinato para que parezca un accidente. Protegido por el nuevo régimen, Bonapelch resulta intocable y campea por Montevideo rodeado de otros perdularios amigos suyos. A este entorno enrarecido llega Guido Santini, uruguayo de nacimiento, pero neoyorkino de crianza, a quien su jefe acaba de asignarle este caso, el primero de su carrera de detective. Así, nos encontramos con una especie de rookie, al que volver a la remota Montevideo producía primero curiosidad, luego interés y al final desengaño. Como en toda novela policial que se respete, la búsqueda de la verdad guía los hechos, aunque a esta solo parece llegarse a través de un largo rastro de mentiras, rumores o verdades a medias.

Además de una trama bien construida, con los ingredientes de intriga y aventura justos, El caso Bonapelch también posee otros valores. Nuevamente, Hugo Burel indaga en torno a la memoria y la identidad del Uruguay contemporáneo, a partir de figuras emblemáticas de la modernidad del paisito (la Ciudad Vieja, el tango, los cafés, etc.), con el Palacio Salvo como símbolo de esa prosperidad y orgullo. El regreso de Guido Santini a la patria permite reflexionar sobre las particularidades de esa modernidad periférica, como diría Beatriz Sarlo, y recrear el pasado con nostalgia y escepticismo. Estas dos características se aúnan a las referencias cinéfilas, la ironía y una prosa eficaz. Elementos todos estos que son marca registrada de Hugo Burel, quien viene elaborando una obra original y siempre agradable de leer.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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