“Minerva y el centauro”: Audrey Hepburn y el sueño del amor

20091124_Botticelli_Minerva_Centauro_dettaglioHace un tiempo, fisgoneando en una biblioteca que persiste en otro país, me reencontré con la celebérrima antología de los Nueve novísimos que preparó José María Castellet en 1970. Releer su prólogo desenfadado significó un viaje por aquella estética que por entonces llamaban camp, la cual sentó las bases de la tan mentada postmodernidad que actualmente vivimos. Castellet reconocía dos grupos, el de los seniors (con un inspiradísimo Manuel Vázquez Montalbán a la cabeza) y el de los más jóvenes, los verdaderos novísimos, que denominó entonces la coqueluche. De esos nombres, quizás el que alcanzó más popularidad, por su arduo trabajo editorial posterior, ha sido Pere Gimferrer (que por entonces era Pedro, cosas del franquismo), seguido de los hermanos Moix (Terenci y Ana María, la única voz femenina de la antología). Yo sigo apreciando, como ocurrió desde la primera lectura, a Guillermo Carnero, cuyos poemas de Nueve novísimos provienen de Dibujo de la muerte (1967), publicado a los veinte años de su edad. De la muestra de poesía de Carnero, me quedo con el siguiente texto:

MINERVA Y EL CENTAURO

Más fácil fue, sin duda, cuando el cuerpo feliz
no reclamaba aún su imperioso derecho,
amar en soledad. Y hasta parece hermoso
el mecanismo hoy no del todo ausente
de amar y poseer sin riesgo alguno.
Era el amor entonces
el puro sentimiento literario
de alojar rostros vivos, que el deseo llamaba
oscuramente, en mundos de ficción: Audrey Hepburn
(su cuerpecito de
garcon damné
frágil y siempre en riesgo de morir
solo en la oscuridad, cual nuestros sueños)
en el París vistoso de los Musical Plays
Mundo privado de realidad
y por eso feliz, donde querer
era animar el límpido cortejo
de las imágenes.

                               Ahora que el deseo
se agita sin respuesta como un pájaro herido
parece más real aquel amor de entonces,
solo, pero señor de sus fantasmas.

El tema del poema es tan sencillo como conmovedor para el lector: la nostalgia por la pureza del amor idealizado o platónico, en oposición al amor físico que impregna todo de deseo y el dolor del cuerpo que reclama su “imperioso derecho” de poseer el objeto amado. Sin embargo, el poeta tiene veinte años al momento de la publicación del poema. ¿Hay lugar a nostalgia tan precoz? No es necesario caer en la crítica biográfica (que puede iluminar ciertas obras poéticas, como en el caso de ciertos versos de César Vallejo) para comprender que se construye aquí una persona poética. No es el primer poeta joven que se lamenta de los males de amor propios de un adulto: recordemos a Góngora quejándose de los diez años desperdiciados en amar a alguien que no le corresponde en su letrilla “déjame en paz, amor tirano” (fechada en 1580, cuando el cordobés es, a la sazón, un veinteañero). Una lectura biográfica del poema haría pensar en un Góngora prendado a los diez y marchito de amor, harto y desengañado, a la edad en la que –por lo general- se sufre con mayor intensidad de los arrebatos del hijo de Venus.

audreyValga esta digresión para ponderar el poema de Carnero, contextualizarlo en una práctica lírica de rancio abolengo (el lamento del joven poeta que se siente de repente viejo en amores) y reparar en el título de la composición, el cual da la clave para comprender el tema a cabalidad: el cuadro de Botticelli del mismo nombre evoca la lujuria del centauro (hombre barbado, todo testosterona, cuyas patas de caballo expresan su pasión, su energía desbocada), que es sosegado por la belleza de la inteligente Minerva (la Palas de los griegos). Esta diosa es la que invita a amar sin caer en el exceso, a recuperar el sueño del amor adolescente, aquel amor entendido como “puro sentimiento literario/ de alojar rostros vivos”. Se trata de la experiencia intelectual del amor que no se rinde a lo mundano o lo físico y por tanto efímero. El amor digno de Minerva en el poema es el que ofrece la imagen de Audrey Hepburn, icono que conjuga serena belleza, elegancia y sabiduría, en correspondencia con la diosa botticelliana. Nos hallamos frente a la sensibilidad camp en estado puro, en la elevación de una figura de la cultura popular a rango de mitología. Y como tal, solo accesible a través del arte (como espectador), de la imaginación (como creador) o del sueño. Carnero no era el único que elevaba a Audrey Hepburn a su panteón personal. En la misma antología de Castellet, Manuel Vázquez Montalbán se refería indirectamente a Audrey Hepburn, a través de su personaje en la célebre película Desayuno en Tiffany’s: “Nunca desayunaré en Tiffany…”, rezaba su poema, haciendo del espacio de la mítica joyería un territorio sagrado, una Ítaca a la que no se cree llegar, porque es un sueño, una larga aspiración del alma y lo que importa es el camino, no su culminación.

Carnero y Vázquez Montalbán recogieron un estado de ánimo que perduró. El icono de Audrey Hepburn ha sido emulado hasta el hartazgo en las últimas décadas, con resultados desiguales. Sin pretensión de fatigar una lista y solo con fines ilustrativos de lo que puede ocurrir cuando se intenta fabricar a una estrella, se me vienen tres a la cabeza: Audrey Tautou, a la que su propio nombre de pila impulsaba a ser la nueva Hepburn gracias a Amélie y su estética naif, tan de fines de los años noventa; Penélope Cruz, que intentó rendir tributo al modelo por un tiempo breve, para hacerse de un espacio en la industria de Hollywood, pero nunca cuajó; y Zooey Deschanel (The New Girl), quien a ratos me recuerda al personaje del cuento La careta de Julio Ramón Ribeyro, aquel que se puso una careta para una fiesta de disfraces y, por arte de algún geniecillo maligno, ya no pudo sacársela.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a “Minerva y el centauro”: Audrey Hepburn y el sueño del amor

  1. Pingback: Memorias de gris: canciones que mi madre me enseñó, II | Oro de Indias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s