“La habitación de Nona” de Cristina Fernández Cubas

9788490660751El cuento es un arte difícil. A diferencia de la novela, cuya extensión le permite ciertas libertades (formales, estilísticas y estructurales), el cuento requiere de una precisión en el manejo de recursos que hace que se necesite una sensibilidad especial, como la de la cocinera que sabe el punto exacto de cocción o de sal que debe tener un plato. Por ello, es más sencillo escribir una novela convincente que un cuento. Una novela puede salvarse por una buena prosa o un tema que la haga interesante; un cuento debe tener todos sus aspectos desarrollados de forma completa, como piezas bien engarzadas, sin cabos sueltos. En otras palabras, como decía Julio Cortázar: una novela gana por puntos, un cuento lo hace por knock-out. Hay eximios cuentistas que son mediocres novelistas (porque se ahogan en distancias largas) y excelentes novelistas que escriben cuentos lamentables (porque se llenan de palabras o despliegan demasiados recursos).

Dicho esto, la aparición de un buen libro de cuentos es un suceso. Sobre todo en una época en que ya no se estila sacar colecciones orgánicas de relatos. Darle forma a una obra del tipo de Dublineses (Joyce), Ficciones (Borges) u Otras tardes (Loayza), ya no se estila, probablemente por exigencias del mercado editorial: los libros de cuentos no se venden bien (salvo que se trate de un consagrado), siempre tendrá más posibilidades mediáticas una novela. Como dice Ricardo Piglia: “Por supuesto ningún editor editaría hoy un libro como Ficciones de Borges. Muy difícil, muy intelectual, y encima son cuentos, el autor además es conocido como poeta y como autor de pequeños ensayos herméticos y extravagantes. Eso diría el informe de un editor hoy, sobre un libro como Ficciones. No es negocio” (Conversación en Princeton).  El espacio idóneo de los cuentos sigue siendo el que ofrecen las revistas. La habitación de Nona, el último libro de cuentos de Cristina Fernández Cubas, resulta un reencuentro con un género literario al que ella ha aportado mucho para mantener su vitalidad en las últimas décadas.

Se trata de una colección de seis relatos, encabezados por el que da nombre al libro. “La habitación de Nona” nos propone un universo extraño, de la mano de una narradora que proyecta sus obsesiones en su hermana, para llevar al lector hasta un final que evoca las mejores tramas de terror psicológico. A continuación, “Hablar con viejas” propone otro homenaje, aquí al cuento de hadas, haciendo de la realidad cotidiana el nicho de lo horrible. “Interno con fuga” significa una leve desaceleración en la emoción del lector, pero sigue el tono del thriller en un ambiente totalmente distinto al del cuento anterior: un relato en primera persona, con un yo que se identifica con la autora implícita, nos plantea el misterio de un cuadro (el mismo que ilustra la tapa del libro) cuya interpretación puede resultar fatal. Como ejecutando un desembrague narrativo (es jerga semiótica útil aquí), “El final de Barbro” nos sumerge en las miserias familiares de la burguesía, con lo que el tono de la narración adopta rasgos naturalistas. “La vida nueva” es un cuento fantástico solvente. Por último, “Días entre los Wasi-Wano” (algo más extenso que “La habitación de Nona”) se presta a ser leída casi como una nouvelle, con un tema tan viejo como conmovedor y aún efectivo a cargo de una pluma diestra: el ingreso (emocionante y triste luego) al mundo de los adultos, con la experiencia del primer desengaño y la añoranza de la inocencia que se acaba de perder.

En conclusión, La habitación de Nona ofrece seis relatos, de diversa extensión y tono, que representan el regreso de una de las maestras del relato en lengua castellana. Tras siete años de la publicación de Todos los cuentos (2008), Cristina Fernández Cubas demuestra que, como escritora, sigue en estupenda forma. Recomiendo leer estos cuentos de noche, en la cama, junto a la luz del velador, y con el silencio propicio. Dado el calor estival, las ventanas están abiertas. Al sumergirse en esos mundos narrativos, los sonidos de la calle adoptan nuevos matices, hasta volverse, a ratos, francamente desasosegantes para un lector desvelado.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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