Una banda sonora 9: “Love Theme” de Vangelis

sean-young-as-rachael-in-blade-runner1Blade Runner (1982) es una película de culto que soporta varias lecturas. Puede ser apreciada como ciencia-ficción, como una distopía, como una reelaboración del mito de Prometeo (en la línea del Frankenstein de M. Shelley), o simplemente como una historia de amor. Su origen se encuentra en una novela de Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), la cual adapta, con bastantes licencias, para seguir un derrotero propio. Blade Runner se destaca, además, por una puesta en escena futurista esmerada, con una estética que, pasadas más de tres décadas, no ha envejecido nada mal. Finalmente, la película posee un elemento adicional que la vuelve imprescindible: una banda sonora exquisita, a cargo del compositor griego Vangelis. De dicha banda sonora, extraigo una canción, Love Theme, pero podría recomendar todo el álbum.

El protagonista de la película es Deckard, un blade runner, cuyo oficio consiste en “retirar” (eufemismo para eliminar o matar) replicantes, esas máquinas que parecen tan humanas y que se han rebelado porque quieren tener una vida propia, independiente del servicio que brindan a la sociedad. Los replicantes están encabezados por Roy, un replicante líder nato, inteligente y de excelente físico, al que es necesario retirar. Deckard es el hombre que debe hacerse cargo. Como siempre, le convocan para un trabajo que al inicio no quiere aceptar: nuestro protagonista es un cazador solitario, huraño y poco diestro, sinceramente. Policía al que han dado de baja, malvive de chapuzas para sus antiguos jefes, haciendo el trabajo sucio que nadie más quiere hacer. Deckard gana poco, devora comida china y está escapando de la lluvia, cuando no de un replicante que le quiere matar, todo el tiempo.

Este hombre desmotivado, seco y poco inspirado conoce a Rachel, una replicante sumisa (porque no sabe que lo es) que trabaja para Tyrell, el moderno Prometeo de esta historia, el creador de Roy y objetivo clave de los rebeldes. Rachel es hermosa, aunque distante y rígida, con el cabello tieso y los hombros altos. Para ella, Deckard no es nadie al inicio, solo un intruso, una visita inoportuna. Ella se siente muy segura y cómoda en ese búnker que es el edificio de Tyrell, con su puesta de sol eterna. Solo sale de allí, busca a Deckard y le salva cuando empieza a sentir que está viviendo otra vida, porque ella –como Roy y los rebeldes- es una replicante, o sea nadie. Y así, Deckard y Rachel se aproximan. Son dos desconocidos que comparten sus silencios y sus soledades, para luego, tímidamente, hablar de recuerdos.

En efecto, Blade Runner, entre muchas cosas, es una película sobre la fragilidad de la memoria. Deckard y Rachel son dos extraños que se enamoran compartiendo recuerdos, pero sin proponérselo. Eso nos revela la escena principal de su segundo encuentro. Deckard está acostado, exhausto, ya que casi lo mata un replicante. Rachel tiene miedo, acaba de salvarlo, solo para que él le dé respuestas que, en realidad, no puede darle. Porque el pasado, lo único que parece firme y seguro, es incierto. Rachel lo descubre con la música, fuente de tantas memorias –yo lo sé, tengo la cabeza llena de melodías-, ya que sabe tocar el piano por habérsele implantado los recuerdos de otra persona (la sobrina de Tyrell). ¿Y si lo que recordamos en verdad lo hemos inventado? ¿O si alguien trafica con esos recuerdos, que no son más que sueños? Qué sinsentido sería la vida. Sin embargo, hay algo en esa fragilidad, en esas memorias volubles, imposibles, que se ponen en común y nos vuelven así de vulnerables, como cuando Rachel toca el piano (es una liberación: hasta se suelta el cabello) y Deckard, que acaba de levantarse, le dice que ha soñado con música. Ella le dice que no sabía si podía tocar, que recordaba haber tomado clases, pero finalmente, ¿son memorias propias o de la sobrina de Tyrell?

Solo entonces, en esa encrucijada de sueño, música y memorias ajenas, surge el amor, por más miserable e insignificante que sea. Compartir tus recuerdos, comprados o ajenos, es el amor o algo así como el amor. Y eso es terrible, es la indefensión total. Ya sabes lo débil que eres, lo poco que significa la vida y porque significa poco la entregas y necesitas decirlo. Por eso, Rachel quiere escapar, no puede aceptar la tragedia de no tener memoria, ya que equivale a no tener alma. Pero Deckard también sabe lo que es estar solo en el mundo y no la deja irse. Con su torpeza y modales rudos, le expresa sus sentimientos y la urge a manifestar los suyos. Rachel le dice a Deckard esas frases que él le pide, porque tiene miedo y no se atreve: te deseo, te quiero, bésame. No necesitas más que eso para alcanzar algo así como el amor. O la sensación de que eso es el amor.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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