Diario de Luis Alberto de Celis, V: dos notas filológicas a canciones “pop”

Releyendo el diario de mi malogrado amigo, encontré una entrada en la que se explaya en torno a dos canciones de Eros Ramazzotti. Por su interés, he desgajado sus comentarios sobre ciertos versos de esos temas que parecían gustarle lo suficiente como para dedicarles una página de su diario personal. Creo que constituyen una muestra curiosa de su sensibilidad, que hilvanaba lo cursi y la divagación humanística hasta en los detalles más pop o cotidianos, ínfimos.

En su álbum Todo historias, Eros Ramazzotti tiene dos canciones que pueden escucharse como un díptico: “Ya no hay fantasía” y la que le sigue, “Nostalsong”. “Ya no hay fantasía” es una canción sobre la sensación de spleen o ennui. Su letra podría integrar la sección “Spleen e ideal” de las Flores del mal: el hastío, el marasmo, la falta de todo impulso: “Que aburrido estoy/ se me pasa el día/ sin saber quién soy/ ni lo que hago…”. El yo de la canción no se encuentra, no sabe qué hacer para salir de ese pozo. Y se queja diciendo: “Ya no hay fantasía”. En italiano original, el verso es casi el mismo: “non c’e piu fantasia”. La diferencia notable está en que “fantasia” en italiano no es exactamente “fantasía” en español. “Fantasia” en italiano significa “creatividad”, “imaginación”, o sea una capacidad intelectiva. Yo recuerdo que en Diálogo de la lengua, Juan de Valdés escribía “fantasia” en su texto usando ese sentido del italiano, o sea no como un sustantivo, como una cosa, sino como una virtud o talento, algo que el ser humano hace: “fantasia” como capacidad creativa o imaginativa en el español del XVI es un italianismo. ¿Lo sabría el traductor de la canción de Eros? Seguro que no y que la volcó tal cual por fines de rima. Si dices en español actual: “ya no hay fantasía”, es como decir “ya no hay ilusión”, con toda la carga de idealismo y hasta ingenuidad que puede representar, algo que empiezas teniendo y luego pierdes, de pronto o lentamente. Un atributo que te viene de afuera, además, una cosa que tienes o no tienes. Decir o entender el verso como “ya no hay creatividad/ imaginación” recuperaría toda el sentido que tiene una canción que habla sobre el spleen romántico. Si revisas o escuchas toda la canción lo que digo es coherente. La “fantasía” que Eros echa en falta no es la del vocablo español.

Y luego de la canción que habla del spleen, sigue la canción que sí tiene mucho de “fantasia”, de arte, de contenido y sentimiento: “Nostalsong”. Y el tema es el recuerdo, claro. Como ocurre con muchas canciones de amor, el yo poético masculino no hace más que evocar lo dichoso que fue. La memoria ante todo. Una primera lectura de aquel verso “qué escenario tendré tan perfecto junto a ti”, lleva a considerar que el lugar es perfecto por la compañía, no por el entorno real ni por otro elemento externo. Bueno, ahora voy un poco más allá: allí “perfecto” está usado en su sentido latino clásico de “completo”, “acabado” y no en el sentido común del castellano actual, “perfecto” como “sin errores”, “óptimo”, “sin mácula”. Es el mismo sentido latino original que tiene la palabra en los nombres de los tiempos gramaticales: el pretérito perfecto es la acción ya acabada, concluida, en oposición al “imperfecto”, que es la acción que se interrumpió, que no se completó. En mi clase de gramática y composición, suelo recrearme comentándoles a mis estudiantes ese significado de latín, trazando una línea de tiempo y preguntándoles por qué creen que hay tantas formas de hablar del pasado, con tantos matices y solo dos para el futuro y una para el presente. Por eso, el pluscuamperfecto es lo que se completó, se acabó hace ya largo tiempo, está largamente acabado: “había comido” está más lejos en el tiempo que “he comido” y por eso es mucho más perfecto. “Qué escenario tan perfecto” significa “qué escenario tan completo”, en el que solo hay dos figuras que se complementan y cubren todo el escenario, que se vuelve el universo todo. Eso es lo que puede ser el amor: un escenario en el que dos, los amantes, se cantan el uno al otro.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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