Para empezar a leer a Juan Carlos Onetti

obra_pozo_600Juan Carlos Onetti nació en Montevideo en 1908. De formación autodidacta, se dedicó a todo tipo de trabajos para sobrevivir. Su formación literaria fue folletinesca: Emilio Salgari, Julio Verne y Edgar Melville. A los veintidós años (1930), Onetti se fue a Buenos Aires, en busca de un futuro. Estuvo en Argentina casi diez años, hasta 1939 y volvió a Montevideo, fracasado en su intento de alcanzar cierta estabilidad económica, pero con algunas victorias literarias: sus primeros cuentos eran publicados en los diarios La Nación y La Prensa. En ellos se reconocen ya los temas frecuentes en su narrativa como el del individuo solitario que fuma, está incomunicado del mundo y es adicto a la fantasía.

De vuelta en Montevideo, Onetti entró a trabajar en el semanario Marcha, como secretario de redacción. Entonces publica su primera novela, El pozo (1939). En ella se concentra toda la novedad que representaba Onetti en ese entonces. En esta novela, un hombre que está solo en un cuarto sucio de pensión, en un barrio pobre, hace el recuento de su vida y de sus sueños a lo largo de una noche calurosa, al final de un día de fiesta nacional y en la víspera de que cumpla cuarenta años. En este argumento se percibe la angustia existencial y la incomunicación humana, elementos inherentes a la vida urbana en el río de la Plata, debido al proceso de modernización que había sacudido a sus habitantes en las primeras décadas del siglo XX.

El protagonista, Eladio Linacero, es el primer outsider hispanoamericano y a su vez el fundador de una nueva literatura. Recuérdese que por aquellos años en otros países estaba en auge el indigenismo. Este carácter de “adelantado a su época” es lo que perjudicará a largo plazo la carrera de Onetti, pues le impidió gozar por décadas de un reconocimiento que solo le llegaría en la vejez. Un outsider es un marginal. Eladio Linacero se reconoce como tal debido a la sensación de no formar parte de la sociedad. El individuo se siente extrañado frente a lo que es su patria, su gente. En El pozo se refleja la angustia de no saber qué ocurre, qué va a pasar frente a un país sin historia: “Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos”, en referencia a los famosos “treinta y tres orientales” que fundaron la nación. El gaucho, símbolo de la nación, no significa nada para Eladio Linacero (ni para el propio Onetti).

¿Qué propone el outsider que es Eladio Linacero? Absolutamente nada. Se define como “un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad”. Para él nada vale la pena. Ya todo está dicho. No hay futuro. Solo queda refugiarse en sí mismo. Eladio Linacero es un sujeto que fantasea con aventuras en lugares lejanos: Alaska, Holanda, Suiza… Estas fantasías o sueños de aventura, de ser aquello que él no puede ser, no pueden ser comunicados pues se teme la incomprensión: “Yo soy un pobre hombre que se vuelve por las noches hacia la sombra de la pared para pensar cosas disparatadas y fantásticas” (El pozo). Y efectivamente, cuando Eladio se atreva a contar sus sueños será incomprendido. Se los cuenta a un intelectual y a una prostituta. Esta lo considera loco o pervertido; por otra parte, el intelectual no entiende que una persona sueñe y que esos sueños no estén al servicio de una obra: “Es muy hermoso… Sí. Pero no entiendo bien si todo eso es un plan para un cuento o algo así”.

Tal respuesta, proviniendo de un intelectual, motiva la amargura de Eladio: “No, ningún plan. Tengo asco de todo. ¿Me entiende? Por la gente, la vida, los versos con cuello almidonado. Me tiro en un rincón e imagino todo eso. Cosas así y suciedades, todas las noches”. Más tarde, una vez que el protagonista se da por vencido, una vez que ha comprobado la imposibilidad de comunicarse con otros seres humanos, se abandona a la noche y se sumerge en ella como un cadáver: “La noche me alzó entre sus aguas como el cuerpo lívido de un muerto y me arrastra inexorable, entre fríos y vagas espumas, noches abajo”.

Esta temática de la derrota se trasluce también en sus cuentos. Uno de los más conocidos (hasta el punto de figurar en la Antología del cuento triste de Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs) es Un sueño realizado. En este, un director de teatro de provincias retirado evoca un episodio de su carrera. Una mujer le pide montar una pequeña pieza teatral sin mayor argumento que una escena absurda que, según ella, es un sueño que tuvo. La puesta en escena de este será precisamente el sueño hecho realidad, el sueño realizado. El director acepta porque ella le paga, no por otra cosa. Al final del cuento, una vez montada la pieza y puesta en ejecución, se descubre que la mujer ha muerto en la escena. Se entiende que ella ha dado su vida por su sueño, una fantasía que la redime, la salva de lo cotidiano y vulgar de su existencia.

Otro cuento en el que se ve el papel primordial de la fantasía para los personajes onettianos es El álbum. Aquí, un jovencito llamado Jorge Malabia descubre a una mujer que acaba de llegar a la ciudad, una pequeña ciudad de provincia llamada Santa María, cargada de maletas. Extrañado por su presencia, busca acercarse a ella y conocerla. Así lo hace y ella lo empieza a hechizar contándole anécdotas de su vida: Nueva York, San Francisco, Colonia, Maguncia. De repente, la mujer se marcha inesperadamente dejando sus maletas empeñadas por falta de pago en su hotel. Jorge Malabia, el muchacho fascinado, paga la cuenta de la mujer y recibe sus maletas. Cuando las abre, no deja de experimentar un singular desengaño: “En cuclillas, envejecido, tratando de manejar la pipa con evidente soberbia, vi las fotografías en que la mujer –menos joven y más crédula a medida que iba pasando rabioso las páginas- cabalgaba en Egipto, sonreía a jugadores de golf en un prado escocés, abrazaba actrices de cine en un cabaret de California, presentía la muerte en el ventisquero del Ruan, hacía reales, infamaba cada una de las historias que me había contado, cada tarde en que la estuve queriendo y la escuché”.

Nótese la decepción que acarrea el comprobar que todas las historias contadas por la extraña mujer eran reales, no inventadas. Jorge Malabia es un soñador y creía haber encontrado en aquella mujer a su pareja perfecta: otra soñadora. Sin embargo, descubrir que la mujer ha vivido le resta mérito a sus palabras. La mujer no ha soñado nada, lo ha vivido todo y lo cuenta sin amor, sin involucrar en ello un acto de entrega. Eladio Linacero consideraba que los sueños eran como secretos. Contar los sueños opera como una confesión. Jorge Malabia creía que la mujer estaba confesándose, estaba abriéndose a él mediante la narración de sus fantasías en otros países. Sin embargo, las fotos que este encuentra en la maleta vuelven real y por lo tanto despreciable lo narrado. En el mundo onettiano, al individuo solo le queda refugiarse en sus sueños. En los cuentos, los personajes no hacen más que soñar y elaborar fantasías que pueden permitirles tolerar mejor la vida, que es un agobio, porque no ofrece mayores expectativas.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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4 respuestas a Para empezar a leer a Juan Carlos Onetti

  1. Pingback: Concurso Literario Juan Carlos Onetti: Polémica por las nuevas bases > Poemas del Alma

  2. Pingback: Un rey llamado Juan Carlos – El blog de Fabio

  3. Excelente el artículo. Lo incluí en mi entrada sobre Onetti: http://wp.me/pyM8s-bv

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