Tiempo de pícaros: la picaresca en “El ministerio del tiempo”

3066559Este trabajo se propone analizar la presencia de la picaresca, entendida tanto como mito literario y fenómeno social, en la serie El ministerio del tiempo, prestando particular atención al capítulo sexto, llamado “Tiempo de pícaros”. Postulo que esta ficción hace un empleo ambivalente de la picaresca para reflexionar en torno a la identidad española y sus valores, tema polémico y constante en tiempos de crisis como el actual. El ministerio del tiempo sigue la estela de Isabel, en la medida en que ambas son series que proponen un viaje por momentos históricos claves para la España moderna, dialogando con la memoria colectiva, dándole forma inclusive, y con una tradición crítica cultural e intelectual en torno a la historia nacional. Isabel remite a una época que ya para los autores españoles del Siglo de Oro había sido “el mejor momento de España”, en contraste con los tiempos de crisis económica y conflictos internacionales que se sucedieron tras el descubrimiento de América y el inicio de la dinastía austríaca (Kamen, 1983: 405-406). En El ministerio del tiempo se habla de la época de Felipe II como la de máximo esplendor de sus oficinas; en esto coincide con la llamada “leyenda rosa” de la historiografía que resalta las virtudes y funcionamiento del “Rey Prudente” (García Cárcel, 1986: 12).

La primera década del siglo XXI trajo consigo varias series de televisión que recreaban el periodo de 1931-1975, en un intento por recuperar la memoria colectiva sobre la Guerra Civil y promover una superación de las viejas dicotomías en torno a este episodio histórico así como desterrar el silencio, para dar paso a una “cultura de la memoria” que fuese madura (Ryan, 2012: 121-124). Se trata de un proyecto que lleva a cabo la generación de los nietos, la segunda generación, la de quienes no experimentaron el conflicto de 1936-1939. Se trata de una audiencia dispuesta a revisar el pasado y cuestionar ideas preconcebidas. Se busca, a la vez que preservar la memoria, superar conflictos y saber de dónde se viene para esclarecer hacia dónde se va. De hecho, podría situarse estas series, Isabel y El ministerio del tiempo, en esta misma corriente de recrear el pasado, como parte de la “Nueva Edad de Oro” (“New Golden Age”) de la que habla Paul Julian Smith (2006: 62), con Cuéntame cómo pasó como buque insignia, desde el 2001 y aún emitiéndose. El rol de la televisión, particularmente en la península, resulta clave, ya que “if we are concerned with the specificity of Spanish culture, then televisión shows are a more significant field than feature films” (Smith 2006: 72).

No es coincidencia que, en los últimos años, las ficciones de la televisión se vayan orientado a recrear episodios de la historia de España un poco más atrás que Cuéntame cómo pasó. “Television fiction is commonly used as a didactic representation to explain the reality to the mass” (Oller-Alonso y Barredo Ibáñez, 2012: 140). Hay un objetivo didáctico inherente a la ficción televisiva, mucho más patente en El ministerio del tiempo, ya que se está constantemente repasando la historia de España frente al público cada vez que la patrulla empieza una nueva misión. Así, “poner al día” al soldado Alonso de Entrerríos o “refrescarle la memoria” a Julián, el hombre de nuestro tiempo, es una maniobra que se repite a menudo. El ministerio del tiempo revisa la historia nacional y la enseña intentando transmitir una conciencia histórica, al ocuparse de momentos decisivos de la cultura española: los Reyes Católicos, el Siglo de Oro, la guerra de independencia, la Generación del 27, la postguerra, el regreso a la democracia.

Ahora bien, para ocuparnos de la picaresca en El ministerio del tiempo, debemos empezar preguntándonos ¿de qué hablamos cuando hablamos de la picaresca? El vocablo tiene varias acepciones que se solapan y confunden. Una es la acepción literaria (específicamente la del estilo de vida de Lázaro de Tormes, quien aparece en el capítulo sexto de El ministerio del tiempo), hay otra más bien sociológica (la mala vida, la de un delincuente) y una tercera, incluso, cultural (la picaresca como forma de vida típicamente española o incluso, por extensión, hispánica). En el capítulo “Tiempo de pícaros” se confunden estas acepciones, porque la palabra siempre ha tenido todas esas implicancias sobrepuestas. Es algo que no ocurre con otros géneros clásicos, como la pastoral o las caballerías. No hay una forma de vida pastoral o caballeresca con un correlato más o menos real en el pasado reciente o en la actualidad. Ya se burlaban los lectores del Siglo de Oro de la irrealidad de los pastores de los libros (como en el Coloquio de los perros cervantino) o lo anticuado que era lo caballeresco, con Don Quijote de la Mancha a la cabeza. Pero nunca se hizo nada así con la picaresca; por el contrario, su moralismo siempre dio carta blanca para su difusión y su representación de la realidad era, a veces, celebrada como verdad documental. Los pastores y los caballeros son parodiables; los pícaros no, pues su vida ya es una parodia permanente del orden social oficial.

Además de ser un género novelesco y materia por ende de la poética y la teoría de la novela, la picaresca supone un mito literario, expresado a través de una situación esencial o estructura significante derivada de la narración picaresca propiamente dicha: el origen deshonroso, el hambre, las estafas, el uso del disfraz, la escatología, etc. (Guillén, 1971: 99-100). La picaresca también puede estudiarse como un fenómeno social, el cual se ve reflejado en la expresión literaria del Siglo de Oro (Maravall, 1986), con recreaciones, de personajes y escenas, que se prolongan hasta nuestros días. La picaresca, por tanto, desborda lo estrictamente literario o ficcional y se constituye en un tema de debate que concierne a la propia identidad española, según lo han advertido los intelectuales de ayer y de hoy. Entre los críticos de finales del siglo XIX e inicios del XX, influidos por la sociología y el positivismo (como George Ticknor, Alfred Morel-Fatio, Wilhelm Lauser y Albert Schultheiss), había consenso sobre la estrecha relación entre el surgimiento de este género literario con el contexto de pobreza inherente a la sociedad española del Siglo de Oro y sus particularidades (Montauban, 2003: 59).

Desde este punto de vista, la picaresca es inherente a la cultura española, un producto autóctono, creación original de un pueblo. Esta idea aún revolotea en el pensamiento común, tanto fuera de España como dentro de ella, y ha merecido la crítica de los intelectuales peninsulares, tanto para cuestionarla, como para asumirla y criticar a la sociedad en su conjunto por auspiciar la picaresca. Un ejemplo de esto último ocurrió en 2008, en una entrevista del programa Ratones coloraos, cuando Fernando Sánchez Dragó, presentando su libro Y si habla mal de España… es español, elaboró su diatriba hacia la picaresca como el más grande de los males españoles, puesto que subsumía vicios como la envidia, el rencor, la mentira o las maledicencias. […] Esta postura antipicaresca no es reciente entre la élite cultural española. El rechazo a la picaresca y al pícaro era moneda corriente entre los intelectuales de la primera mitad del siglo XX. José Ortega y Gasset, quien había empezado la lectura moderna del Quijote, con sus Meditaciones, sentía rechazo por el modelo literario de la picaresca, tanto como por el teatro barroco o Quevedo, por ejemplo (Portolés, 1986: 114). Las ediciones populares del Lazarillo de Tormes en la celebérrima Colección Austral de Espasa Calpe, cuya primera edición es de 1940, se lanzaron con un prefacio de Gregorio Marañón (que aún se conserva en la edición más rigurosa de García de la Concha para la misma colección, remozada en los últimos años). En este texto, el doctor Marañón declaraba su antipatía por el Lazarillo y toda su progenie debido a su inmoralidad, que provocó, según afirma, “una influencia pesimista, lamentable, en el alma española” (1958: 16). Además, y este es otro de los problemas de fondo de la polémica sobre la picaresca como parte de la literatura española, se acusaba al género de haber dado al mundo una visión deformada de España. Según Marañón: “A fuerza de leer estos libros, y de no leer otros, se ha ido formando la idea de que toda la gran España de la epopeya fue una España picaresca” (1958: 19). Para Marañón la picaresca forma parte de la leyenda negra sobre la nación española, a la que, no obstante, él ve del otro lado, es decir “la España de la epopeya”, la España del Cid y don Quijote, claro, dado que ambas figuras, en su interpretación romántica, se conectaban en la visión de los escritores de la Generación del 98.

[…] Dicho todo esto, queda claro que, desde la Generación del 98 hasta Sánchez Dragó, la cuestión está latente y se ofrece como un callejón sin salida: la picaresca, ¿mal español o mito de identidad? ¿Algo de lo cual sentirse orgullosos o más bien avergonzarnos? La tensión irresuelta entre estos dos polos se manifiesta en aquella picardía literaria, jocosa, ingeniosa (del pobre hambriento), y la ruin y canalla de quien no quiere trabajar y solo le interesa el dinero fácil. Estos polos opuestos están encarnados, en el capítulo sexto de El ministerio del tiempo, en Lázaro de Tormes y Alberto Díaz Bueno, respectivamente. Pícaros son el Lazarillo (pícaro “literario” o “clásico”, una imagen que llama a la simpatía) y Alberto Díaz Bueno (“pícaro actual”, que no es más que un ladrón de cuello blanco, un estafador). El telón de fondo es Salamanca en 1520, en plena revuelta comunera. […]

El artículo completo, junto a otros trabajos más diversos e interesantes, dentro de un monográfico sobre series de televisión, acaba de salir publicado en Impossibilia. Revista Internacional de Estudios Literarios 10(2015): 74-96.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Novedades bibliográficas, Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s