“Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación” de Ricardo Piglia

NH551_GLa publicación del primer volumen de Los diarios de Emilio Renzi, subtitulado Años de formación fue el suceso literario de finales del año pasado. Es una obra híbrida: se propone como una recopilación de los cuadernos que llevó Emilio Renzi, alter ego de Ricardo Piglia desde sus inicios literarios, a lo largo de los últimos cincuenta años. Evidentemente, las ideas y vivencias de Renzi traslucen las de Piglia y son una caja de resonancia de sus postulados estéticos y teóricos en torno a la literatura. El libro, dividido en dos partes, consta de veinte capítulos. Selecciones de los diarios, entre 1957 y 1967, se encuentran en capítulos alternos, que son acompañados por textos diversos: ensayos, fragmentos de memorias, relatos y hasta una cuarta clase de texto que podría considerarse una mezcla de los tres últimos (como el que, magistralmente, cierra el volumen: “Canto rodado”).

¿Para qué lee uno los diarios de un escritor? Básicamente para aprender, para acceder a lo más cercano a un taller o laboratorio, el espacio en el que el autor elaboró bocetos, ideas sueltas, entusiasmos, pesares y hasta las angustias que embargan a quien ejerce el oficio como forma de vida. Porque si algo queda claro de la lectura de Los diarios de Emilio Renzi es que su autor ha llevado una vida entregada a la literatura, tanto en la teoría (asumiéndose como escritor), como en la praxis (como quien tiene que vivir, mal que bien, de ella). Salvo algunos agobios laborales o sentimentales, las entradas de diario giran en torno a las dos actividades esenciales: leer y escribir. Las referencias a la política, aunque se tratase de años turbulentos, son mínimas y por lo general ajustadas a alguna dificultad económica o a una convicción ideológica que, no obstante, se mantiene siempre al margen del juicio crítico; Piglia tiene una ética de izquierdas, pero sus valoraciones literarias van más allá de su posición en el debate político. Finalmente, todo lo que ofrecen esas entradas de diario (ideas, argumentos, apuntes de lecturas, anécdotas personales) pasa por el filtro de la filosofía vital y de una teoría literaria.

A ratos, Los cuadernos de Emilio Renzi parecen la puesta en práctica de aquella idea muy cara a Piglia, en la senda de Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges, de elaborar la llamada “literatura no empírica”, es decir: plantear cómo sería el texto que quisiéramos leer antes siquiera de intentar escribirlo. En otras ocasiones, las memorias de Piglia/Renzi alcanzan cumbres de gran emotividad, a partir de los recuerdos familiares, como la influencia de su madre en su arte de narrar o la figura de su abuelo, que se llamaba igual que él (Emilio) y que parecería propiciar en él la vocación por escribir; esto se da a partir del proyecto del Nono basado en su experiencia de la Primera Guerra Mundial, con todos los documentos y objetos que, sumados a la memoria del veterano, debían dar forma a un libro. Quién sabe si ese libro se ha venido escribiendo solo, secretamente, todos estos años o ha sido ese texto que nunca se acaba y queda mejor imaginado que realmente escrito, como lo dictarían los postulados de la literatura no empírica. Porque así como se menciona ese libro, vinculado a la memoria familiar y a los primeros escarceos en el oficio, también aparece otro, incesantemente: la historia de los atracadores que escapan a Uruguay, que merece una línea suelta un domingo 29 de octubre de 1967: “La novela del atraco se va a llamar Entre hombres”. Como se sabe, dicha novela solo se publicó en 1997 bajo el título de Plata Quemada.

El final de estos Años de formación está marcado por el viaje de Renzi a Cuba, invitado a Casa de las Américas, en cuyo concurso quedó finalista. La mención en aquel certamen tan prestigioso por entonces significaba la confirmación de un estatus de escritor que Renzi busca de la primera página de su diario, el cual es, en esencia, una recopilación de notas sueltas de un aspirante a escritor, que empieza siendo un lector. Magnífica lección de uno de los últimos maestros de la literatura escrita en español. Esperamos que el segundo volumen de los Diarios, que se titula Los años felices nos siga deparando grandes iluminaciones.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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