El mejor capítulo de “Isabel”

isabel-michelle-jennerEn una entrevista a Javier Olivares en Dentro de “El Ministerio del Tiempo”, este comentaba las dificultades que afrontó para emitir la serie Isabel. En ese contexto, Olivares mencionó que una de las escenas eliminadas en la versión televisada era la de Gonzalo Chacón, maestro de Isabel, revelando que su plan, además de una venganza contra el círculo del marqués de Villena, supone una reacción frente al grupo de cristianos viejos (el grupo de los “conservadores”) y a favor de una postura “progresista”. Me parece que, sin la escena omitida, Isabel no pierde ninguno de sus méritos ni se mella su precisión histórica.

Ese es uno de los méritos de Isabel: la representación, con las licencias ficcionales del caso, de una época de cambio político, social y económico en España, que sienta las bases de un imperio que llega a su apogeo entre los siglos XVI y XVII, un siglo después del reinado de los Reyes Católicos. Estos cambios gestados por Isabel y Fernando, junto a un equipo de figuras políticas como Gonzalo Chacón o Gutierre de Cárdenas, entrañó conflictos, desafíos y ansiedades que se recrean bien en la serie. Las tres temporadas son parejas, aunque probablemente la primera sobresale más, por el hecho de enfocarse en la maduración de la joven que empieza con un rol totalmente secundario en el ajedrez del poder. Toda la vida de la reina de Castilla está marcada por pruebas, pero en la primera temporada su inexperiencia hace que cada nuevo desafío y la forma en que lo supera parezcan lapidarios. A este respecto, he aquí el que considero el mejor capítulo de Isabel. Se trata del capítulo 12 de la primera temporada. Este congrega varios de los elementos dramáticos de la etapa previa al reinado de Isabel: la pugna por la sucesión, las fricciones de pareja con Fernando y la necesidad de consolidar su independencia frente a la figura inmensa del arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo.

Toda la trama de este capítulo gira alrededor de la diplomacia; por lo que se exhiben virtudes como el saber llevar a cabo determinados gestos políticos, emplear las palabras medidas, guardar silencio, tomar decisiones rápidas y practicar el autocontrol. Las pasiones humanas están a flor de piel: el afán de protagonismo de algunos, la ira desatada, la codicia sin fin, la intolerancia y el exceso de confianza. Al final, solo alcanzarán sus objetivos quienes sean atemperados y sepan mover sus piezas con inteligencia, tomando decisiones contra lo que se esperaba de ellos. Estas estrategias de la diplomacia no eximen de guardar el decoro frente a los rivales (que no enemigos). Una de las claves del triunfo del bando ganador, el de Isabel y Fernando, será aquel “jugar limpio” con los Mendoza, a quienes se aproximan y ayudan para ganárselos para su bando. La apuesta es segura y dará enormes frutos a mediano y largo plazo. Pedro González de Mendoza será uno de los protagonistas fundamentales del reinado de Isabel, según se ve en las temporadas siguientes, como mentor de Francisco Jiménez de Cisneros (quien gobernará Castilla como regente años más tarde) e introductor del Renacimiento en España.

1584715Esta jugada maestra de Isabel y Fernando de apostar por su aparente rival proviene del sabio consejo del rey don Juan de Aragón, quien observa el cambio generacional e intuye la nueva forma de gobernar. La decisión secreta de apoyar a Mendoza produce confusión en los personajes del bando del marqués de Villena y también hace caer al sagaz Carrillo, quien perderá progresivamente su influencia. ¿Acaso Fernando e Isabel están traicionando al arzobispo? Nicolás Maquiavelo, gran admirador del rey Fernando, hubiera dicho que no, ya que un rey no puede traicionar a nadie, pues no debe rendir cuentas ni obediencia más que a sí mismo.

Como juez que debe dirimir la causa entre los bandos rivales aparece el cardenal Rodrigo Borgia, futuro papa, y astuto jugador político. Él también mueve sus fichas y obtendrá lo que quiere de ambos grupos de poder. Para ello, actuará con prudencia, explotando su autoridad, estudiando a los personajes involucrados y haciéndoles creer por separado, según convenga, que está de su parte. El personaje de Borgia, por su desempeño y su peso, devora el capítulo y logra que todos bailen a su ritmo. Los únicos que sabrán seguirle el paso y obtener de él lo que desean son Isabel y Fernando, apoyados por Gutierre de Cárdenas, sobrino de Chacón, el maestro a cuyas espaldas los jóvenes trazan y ejecutan su plan. Al descubrir la celada y comprobar su éxito, Gonzalo Chacón admite el procedimiento, acepta la jugada como válida y muestra su nuevo respeto frente a los discípulos con una frase que expresa una secreta satisfacción de viejo preceptor: Entonces, señora, ¿cuál es el siguiente paso?

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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