Una banda sonora 10: “La gata bajo la lluvia” de Rocío Dúrcal

1199263658Este tema pertenece al disco de 1981, Confidencias. Habría que contextualizarlo: en esos años locos se podían escribir canciones que plasmaran la dignidad de ciertas transgresiones que, en la actualidad, no requieren ninguna validación lírica. Me explico: lo que antes era un pecado y un escándalo, ahora es moneda corriente y puede celebrarse sin mayores tapujos o, peor todavía, darlo por aceptado hasta el punto de que no constituye un asunto apto para cantar. ¿Tiene sentido, acaso, en 2016, que una mujer de la calle (la gata) le cante a un hombre aparentemente honorable para decirle que no se preocupe, que ella entiende que la aventura no es más que eso porque la vida es así? La conducta sexual de estos tiempos diluye el conflicto. La gata no sufre del estigma de la inmoralidad que tenían las relaciones extramatrimoniales y el sujeto masculino sería un poliamoroso sin más.

Sin embargo, estábamos en 1981 y había que cantar al dolor, al deseo que vuelve un amor fugaz tan intenso y conflictivo. El yo de la canción no se queja, sino que se resigna a ser una más en la lista de conquistas del varón, aquel tú que nunca la replicará (algo que, felizmente, solo ocurre en el universo de Pimpinela). Su discurso es estoico: hasta pide perdón por las lágrimas que podrían brotarle. Para expresar su soledad, su entrega pasajera y su irresistible atractivo se identifica con la gata: aquella que llama la atención, provoca un mimo, pero no pertenece a nadie. La lluvia viene a ser su condena a la desdicha, la de ser una enamorada impulsiva, que vive la aventura sin proyectarse o pensar en las consecuencias morales de un amor evidentemente ilícito, callejero. Porque ella no es una mujer de su casa, como lo es quien debe buscar el hombre para sí (si es que ya no la tiene, esperándole al regresar de la oficina, cansado, cuando se afloja la corbata y la coloca, malamente, sobre la chaqueta que posa, descuidado, en el sillón).

Todo esto lo sabe el yo lírico y lo acepta, porque su amor fue tan efímero como inolvidable. Así lo demuestra el reencuentro inesperado, el cual provoca aquel torrente/dando vueltas por tu mente. Volver a verse reactiva la emoción, el calorcillo que pasa por las venas, la resaca de lo vivido, que choca contra la realidad: ya lo ves, la vida es así/ tú te vas y yo me quedo aquí. Pasó el momento y siempre quedará aquella casualidad de la misma hora, el mismo boulevard, cuando todo conspiró para que fueran uno. Las reglas de la sociabilidad, los prejuicios y la moralidad imponen guardar distancia y admitir que ninguno tuvo culpa alguna. Ello no quita que exista lugar, tal vez, a otro reencuentro, ojalá feliz, y entonces todo volverá a empezar y será posible:  Amor, si alguna vez nos vemos por ahí/ invítame un café y hazme el amor/ y si ya no vuelvo a verte/ ojalá que tengas suerte. No hay rencores, no hay pena ni hay olvido. Así es el código moral de las fieras.

La interpretación de Rocío Dúrcal en el clip original refleja el tono estoico, firme, de la canción, que no cae en el melodrama ni en el despecho. La cantante aparece con el color de la década de 1980: el fucsia, que connota una vivacidad madura, sólida. La voz sostenida nos demuestra que ella sabe quién es, que es fuerte, con los brazos en alto y la mirada fija. Rocío Dúrcal poseía un registro amplio y así como encarnó a esa gata bajo la lluvia, también proclamó que iba a casarse vestida de blanco o, cuando era casi una adolescente, cantó al amor más fresco que se resume en el imperativo acompáñame o sentía que todo es mío. Más tarde, también dijo que vivía, con suma ternura, el amor más bonito. Era una cantante versátil y hermosa, que supo crecer sobre el escenario y enlazar España con América.

Amor, tranquilo, no te voy a molestar
Mi suerte estaba echada ya lo sé
Y sé que hay un torrente
Dando vueltas por tu mente

Amor, lo nuestro solo fue casualidad
La misma hora, el mismo boulevard
No temas, no hay cuidado
No te culpo del pasado

Ya lo ves, la vida es así
Tú te vas y yo me quedo aquí
Lloverá y ya no seré tuya
Seré la gata bajo la lluvia
Y maullaré por ti

Amor, lo sé no digas nada de verdad
Si ves alguna lágrima, perdón
Yo sé que no has querido
Hacer llorar a un gato herido

Amor, si alguna vez nos vemos por ahí
Invítame un café y hazme el amor
Y si ya no vuelvo a verte
Ojalá que tengas suerte
Ya lo ves…

Para G.A.C., con claveles.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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