“Bla” de Juan Manuel Portillo

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“Bla” (2012)

He conocido a Juan Manuel Portillo este otoño y su vida de poeta se trasluce desde los comentarios más cotidianos hasta su propio atuendo. Hace unas semanas me obsequió su libro de poesía Bla, publicado en 2015. Tras su lectura, nos reunimos y me contó un poco más sobre sus proyectos poéticos y cuál es el lugar que ocupa Bla en su trayectoria.

De las muchas relaciones que puede establecer el escritor con el lenguaje, Juan Manuel ha optado por aquella basada en la constante experimentación. Así, cada libro suyo encierra un nuevo ensayo, una exploración con los recursos del lenguaje poético. Poeta desde joven, me cuenta que tiene algunos libros inéditos, en los que plasmó precisamente una poesía que podríamos identificar con lo que llamaban hace décadas el arte puro; en la senda de Martín Adán, pienso yo (uno de sus autores favoritos, según me confesó). Otra experiencia diferente, un paso más allá, representó su libro Passwords, el primero que se animó a publicar, en 2011; este implicó una incursión en el lenguaje de la poesía erótica.

Tras Passwords, Juan Manuel se tomó un descanso de sus deberes académicos de entonces y se decidió a emprender una nueva aventura. Esta vino de la mano de un largo viaje en carretera por el sur de Estados Unidos. El recorrido le brindó imágenes y sensaciones que ansiaba plasmar, pero con un aire nuevo: ya no se trataba de seguir los moldes poéticos que manejaba con la técnica que tiene bien aprendida (ya que Juan Manuel sabe de versificación clásica, me consta), sino de más bien explorar los límites del lenguaje y proponer la transmisión de la experiencia de la realidad asumiendo lo inefable. Esa es la puerta de entrada a la interpretación que ofrece el título Bla, que evoca la onomatopeya (blablablá), solo que ahora entrecortada, como reflejando el balbuceo al que nos condena la incapacidad del lenguaje de poder expresar todo lo que sentimos.

De hecho, otra clave de lectura de lectura de Bla es su carácter de poema unitario, en contraste con lo que podría creerse ante el fragmentarismo aparente página a página. Todos esos versos en verdad constituyen las partes de un solo poema, que se extiende a la primera a la última página. Si tenemos en cuenta que el libro se compuso en medio de un recorrido en automóvil, resulta coherente identificar esta estructura con el movimiento en el que quisiera embarcarnos la voz de Juan Manuel. Dentro de esa dinámica, de la velocidad de la mirada sobre las cosas, destaca la frustración frente a lo que no se puede comunicar. El yo poético entonces apunta a lo que denomina una “poética del silencio”: 

Poética de silencio que construye su voto de silencio con palabras
Como apagar la pantalla en que escribo
Y seguir tecleando

 Así el fingimiento del silencio tiene un sentido

 El diálogo roto es otra cosa
El diálogo roto no es otra cosa (Bla, p. 36)

Yo me inclino a pensar que en el último verso se afirma que el diálogo roto “no es”, precisamente porque el lenguaje, al haber perdido su capacidad de representación, permite aquel fingimiento del silencio y por ende se niega a abrazar también el principio de no contradicción que ordenaría la lógica.

Más interesante todavía aparece ante mí el fragmento de la p. 12 de Bla, que me hizo recordar, por un momento, las Correspondencias de Charles Baudelaire:

Tenía planeado un bosque
Viajar a la velocidad de un bosque
Tenía cientos de hojas que apuntaban al bosque

 Si Baudelaire afirmaba en su poema que el poeta pasaba a través de bosques de símbolos, en Bla el bosque ya no simboliza y es el que impone una velocidad de composición, aprovechando la dilogía de hojas, como aquellas de los árboles y los folios para escribir. Así, Bla es un poema con varios aciertos y una visión muy clara de sus objetivos. Es la obra de un poeta consolidado, intuitivo, diestro para elegir las palabras, sacarles su música y su sentido, y disponerlas sobre el papel. Espero con interés próximas publicaciones de Juan Manuel Portillo.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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