Una banda sonora 11: “De vez en cuando la vida”

serratcadalocoHubo un tiempo, quizás aquel de la fragancia de las primeras cosas, en que el mundo era nuevo y todo sonaba distinto, original y determinante para el resto de la vida. En esa época, yo odiaba a ratos mi presente y solo quería crecer e irme, con la convicción de que el futuro estaba en otra parte, otras personas y otras experiencias. Lo que podía leer, escuchar u admirar que atrapaba mi atención constituía un credo y una forma de acceder al mundo. Mi sensibilidad se iba forjando, de la mano de un puñado de autores y artistas a los que he vuelto, a intervalos o constantemente. Algunos que pensé descartar volvieron, como cuando se recuerda la sensación de estar solo como Octavio Paz en una disco de moda. Otros han sido ya superados, porque su mensaje ya me quedó claro y no me apetece repetirlo, como aquel que decía que el campo siempre le había parecido una cosa triste, con sus lodazales interminables, sus casas donde la gente nunca está y sus caminos que no llevan a ninguna parte. De esos años formativos, que tienen la amargura de la primera juventud, el almuerzo siempre tarde y el infame olor del pasamanos de autobús, viene un tema de Joan Manuel Serrat: De vez en cuando la vida. Yo tenía diecisiete años y un corazón sencillo que quedaba hechizado ante esos versos contundentes, delicados y tan nuevos en mis oídos.

De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos.

Se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.

De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.

De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

Creo recordar que el verso que me impresionó más por entonces, de seguro porque me resultaba muy familiar, era feliz como un niño cuando sale de la escuela. Siempre me ha sonado más acertado que feliz como niño con zapatos nuevos, probablemente porque yo odiaba la escuela y el alivio de salir no tenía comparación con calzar cuero nuevo. El tema transmite una filosofía sencilla que alimenta muchas otras canciones (pienso en La vida te lleva por caminos raros). Lo particular de De vez en cuando la vida es su estoicismo cotidiano, la fineza con la que nos insta a dejarnos llevar por lo que nos tiene reservado el porvenir: la vida puede ser generosa, a veces más, otras menos, pero siempre nos da y queda a nuestro albedrío aprovechar la circunstancia. Cuántas veces nos sentimos en buenas manos, cuántas veces estuvimos preparados para salir al escenario perfecto que delineamos, con tanta diligencia, junto a aquella persona. La vida no deja de darnos y hemos de ser agradecidos, porque hasta aquel sueño tan escurridizo es un regalo que no esperábamos. Con lo que la vida nos depara ni siquiera cabe hablar de mérito: cuántas gentes conocemos que no merecen un ápice de lo que tienen… Por eso debemos practicar el carpe diem y no envidiar a nadie. Hemos de estar listos tanto para reír como para llorar, porque todo pasará. Vivamos el sueño escurridizo y gocémoslo, porque luego habrá que despertar. Entonces sabremos qué se siente despertar de súbito, sin saber qué pasa, chupando un palo sentados/ sobre una calabaza. Será una broma de la vida, esa buena vida que también ha sabido homenajearnos. Cuántas veces cantamos con fuerza para hacer notar que estábamos tan vivos. Ahora tampoco dejaré de hacerlo, porque es un buen día y aguardo con esperanza que la vida, hoy, mañana o pasado, tal como ayer, se suelte el pelo y me invite a salir con ella a escena, siempre, siempre, insistentemente.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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