“Kew Gardens y otros cuentos” de Virginia Woolf

woolfVirginia Woolf (1882-1941) es ampliamente conocida por sus novelas, como La señora Dalloway o Las olas, y por su condición de mito literario. Se trata de una figura destacada dentro del feminismo por su ensayo Una habitación propia, así como por las circunstancias que rodean su muerte: un suicidio, motivado por la enfermedad mental, lanzándose a un río con un abrigo lleno de piedras para facilitar el ahogamiento. En años recientes, una película, The Hours, consolidó esta imagen de la escritora entre el público actual. Un libro como Kew Gardens y otros cuentos recupera la prosa más delicada y fantástica de Woolf, y la pone al alcance del lector curioso con estupendas ilustraciones que lo proveen de una experiencia dinámica de texto e imagen.

El volumen, editado por Nórdica Libros, se compone de tres cuentos. Además del que le da título, se encuentran “Una casa encantada” y “La marca en la pared”. Estos relatos hubieran sido considerados cuentos fantásticos por Jorge Luis Borges. Otros posibles epítetos serían únicos o extraños. Se trata de cuentos que rarifican la realidad, la amplían o cuestionan, desde la perspectiva inconforme de un narrador. “Kew Gardens”, mediante una voz en tercera persona, nos presenta escenas múltiples de personajes congregados alrededor de un paisaje, el cual configura una atmósfera de ensueño. “Una casa encantada” nos invita a auscultar varios planos de la realidad y a confundirnos en ellos de manera inquietante. Finalmente, “La marca en la pared” es un monólogo que nos envuelve en una larga divagación, a propósito de un ínfimo detalle que activa la mente del narrador.

Sería fácil etiquetar estas ficciones como escapistas. Más exacto sería considerarlas historias de soñadores o de paseantes solitarios que observan su entorno como quien lee un libro o admira un cuadro. Estos textos, compuestos hace casi un siglo, todavía nos implican, interrogan y fascinan, con la fineza de la literatura que no envejece. De la fantasía romántica hecha de fragmentos en “Kew Garden” o la historia de fantasmas de “Una casa encantada”, nos quedamos con las intermitencias de “La marca en la pared”, esa extraña mancha que adopta cuantas formas quiere ver en ella el narrador, quien empieza a tomar distancia de sí mismo, como cuando se imagina estar frente a un espejo roto:

Supongamos que el espejo se rompe, la imagen desaparece y la figura romántica rodeada de verdes profundidades boscosas ya no está, sino solo la envoltura de la persona tal como la ven los demás… ¡qué asfixiante, superficial, árido e imponente se vuelve el mundo! Un mundo en el que no se puede vivir. Cuando nos miramos cara a cara en los autobuses y los vagones del metro, miramos el espejo que refleja la mirada ausente y vidriosa de nuestros ojos. Los novelistas del futuro comprenderán cada vez más la importancia de estos reflejos, porque no hay un único reflejo, por supuesto, sino un número casi infinito; estas son las profundidades que explorarán, los fantasmas que perseguirán.

Escritos con una prosa suave y rica en imágenes, vertida al castellano por Magdalena Palmer, los textos de Kew Gardens y otros cuentos son presentados junto a ilustraciones de Elena Ferrándiz que tanto recuerdan a la paleta y el estilo de William Turner, con sus tonos de madera, sombra y niebla.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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