El conde de Montecristo: confiar y esperar

51yZDFSBNJL._SX327_BO1,204,203,200_¿Cuántas veces se ha contado esta historia? ¿Cuántas veces hemos escuchado de casos reales que se parecen a ella? Entre 1976 y 1977, un joven militar peruano fue encarcelado por haber pretendido vender información de seguridad nacional a una potencia extranjera. En sus días de encierro, las pocas personas que lo visitaban y escuchaban sus planes de lo que haría cuando lograse salir de allí le otorgaron el mote de El conde de Montesinos. Veinte años después, ese hombre, Vladimiro Montesinos Torres, era poderosísimo y pudo cobrar venganza, a su retorcida manera, de las antiguas afrentas a las que supuestamente lo sometió el ejército.

La historia de El conde de Montecristo es simple y quizás por ello eterna, efectiva y susceptible de simplificaciones como la de aquel infame militar peruano: un individuo virtuoso (joven, talentoso, con un futuro prometedor) cae en desgracia, sufre largos años, logra encumbrarse y, bajo una nueva identidad, se venga minuciosamente de cada una de las personas que lo perjudicaron. Este es el esquema básico y lo vemos en infinidad de relatos antiguos y recientes.  La trama del vengador que vuelve del más allá (porque todos lo dan por muerto) siempre es efectiva. ¿Quién no ha sido víctima de una injusticia? ¿Quién no teme ser descubierto tarde o temprano y tener que pagar por su maldad?

Los detalles que singularizan a la trama original de El conde de Montecristo y que suelen mitigarse en aquellas recreaciones, conscientes o inconscientes, de su historia son dos. El primero es la drástica y múltiple transformación del personaje, dado que Edmond Dantés ya no existe, pues murió (metafóricamente hablando) en el Castillo de If. Quien actúa ahora es el Conde de Montecristo, un sujeto misterioso, hombre cosmopolita, con una riqueza espléndida y un ingenio que no admiten la amistad o cualquier sinceramiento, ya que también es, según convenga, Lord Gilmore (un inglés) y el abate Bussoni (un italiano). El Conde de Montecristo es un millonario solitario, dos características que alimentan el misterio sobre su persona, a la que agrega un cierto orientalismo, como diría Edward Said: sus hábitos y acciones suelen identificarse, por lo sorprendentes y fastuosas, con el mundo exótico de Las mil y unas noches (no por nada su primer personaje fue Simbad El Marino). A su lado, los otros no dejan de sentir que viven constantemente extrañas coincidencias, de allí que el joven Alberto de Morcef le diga, rendido: “Con vos, señor conde, no se vive, se sueña”. En suma, un hombre extraño, fascinante por lo misterioso y por su inmensa fortuna con la que puede comprarlo todo. Para no hacer su riqueza algo violento o grosero, el conde ejerce la sprezzatura, la naturalidad premeditada, artificiosa, para someter suavemente la voluntad de los otros, provocarles miedo o admiración.

El segundo detalle que suele soslayarse en recreaciones es la dimensión religiosa de la obra. El conde de Montecristo va involucrándose en las vidas de los demás, haciendo justicia, siendo generoso con los que le parecen buenos y acorralando a quienes hicieron mal. Mediante sus acciones, se cree un instrumento de Dios, pues la Providencia parece favorecerlo. Montecristo, como hombre, realiza una venganza y hasta alcanza cierta satisfacción, pero su labor se concibe como una misión, la de un “enviado de Dios”: el ejecutante de la voluntad divina de levantar a los humildes y humillar a los encumbrados. Su escudo de armas refleja el sentido de su nombre: el monte de Cristo es el monte Calvario, un lugar de sufrimiento, pero también de redención. El conde identifica su humillación con la de Jesús durante la pasión y su posterior resurrección, que es el camino de la gloria eterna y el descanso junto al Padre. La religiosidad se hace más patente cuando, en la última parte de la novela, Montecristo reconoce que tiene dos padres: el biológico (muerto en la mayor pobreza) y el intelectual (el abate Faria, muerto en la cárcel), a los que identifica, respectivamente, con Dios, quien le dio la vida, y el Diablo, poseedor de la ciencia del bien y del mal.

Al final de novela, Montecristo debe desaparecer y morir para quienes lo conocieron, pues, como escribía Borges en El fin, “cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie”: el arrogante Morcef se suicida, el cruel Villefort enloquece y el avaro Danglars queda en la miseria. Maximiliano Morrell, el hijo de su viejo patrón (quien amparó a su padre en la miseria), recibe toda su fortuna para poder casarse con su amada Valentina, la cual, aunque hija de Villefort, rezuma inocencia. Este desenlace dichoso de Maximiliano es la nota de esperanza para que el lector acabe la novela sin amargura y que el conde de Montecristo se nos vuelva más humano. Aquella inmensa fortuna le permitió jugar a ser Dios en la viciosa París y, como Jesús, venció la muerte, pues le devolvió la vida a Valentina. Precisamente a ella y a Maximiliano les deja un mensaje, que es una interpretación de su vida como el desdichado Dantés y luego el afortunado Montecristo: No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Solo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida. Esto también queda plasmado efectivamente en la marinería que había ejercido Dantés vuelta metáfora de la vida: la nave del mercader, a merced de los elementos, requiere la fuerza, la prudencia y la habilidad para navegar. De allí que, para el conde de Montecristo, la sabiduría humana se cifra en dos palabras: ¡Confiar y esperar! Como él, con inmensa fortuna o sin ella, tengamos fe.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s