“El húsar” de Arturo Pérez-Reverte

obra breve.jpgEn una entrevista para RNE, Manuel Ventero se dirigía en los términos más elogiosos a Arturo Pérez Reverte, en tanto escritor canónico, miembro de la RAE y con todas las medallas colgadas. Al referirse a sus orígenes literarios, el periodista se refiere a su primera obra, El húsar, compuesta en 1983, como una novela muy buena, pese a que no tuvo la menor repercusión en su momento. Pérez-Reverte, lúcido y cazurro, tras decir que, en efecto, “nadie le hizo ningún caso ni a esa[El húsar] ni a la segunda [El maestro de esgrima]”, le comenta: “Me lo han dicho ahora [que es muy buena novela], pero ahora ya me da igual. Pudieron decírmelo entonces, que me hubiera hecho un poco más de falta”. La mayoría de lectores de Pérez-Reverte conoció El húsar en el texto que aparece en el volumen de textos reunidos bajo el título de Obra breve/ 1 (1995), la cual perdió el dígito en ediciones más recientes y circula como Obra breve a secas. También corren actualmente ediciones sueltas de El húsar, aunque con la indicación de que se trata de una “nueva edición revisada por el autor”.

Volví a leer la Obra breve/1 en un viaje en avión, como quería Donoso que lo leyeran en sus últimos años. Revisé el prólogo apasionado de Rafael Conte, quien reconocía los valores de El húsar, pese a que, como ya sabemos, es un texto discreto, destino común a las primeras obras de un autor, por más consagrado que sea después: ocurre con Los jefes de Mario Vargas Llosa, La hojarasca de Gabriel García Márquez o el primer cuento de Onetti (“Avenida de Mayo- Diagonal Norte- Avenida de Mayo”). Sin embargo, el primer texto cobra sentido en la extensión de una obra, es decir un conjunto de textos que presentan un universo particular, un estilo consolidado y un progreso. De El húsar se puede decir que anuncia, en embrión, todo lo que Pérez-Reverte escribiría años después.

Rafael Conte considera El húsar un ejercicio de estilo, una demostración de recursos e intereses narrativos de un escritor que empieza. Yo agregaría que es una síntesis de propósitos, tanto temáticos como diegéticos. Lo primero que llama la atención es su sólida estructura, con un buen manejo del tempo narrativo y la elipsis: todas las acciones se desarrollan en el lapso de un día. Esta brevedad del tiempo interno es el que permite definir El húsar como relato extenso en lugar de novela corta. Quizás lo único que se extraña, porque escasea, es el matiz irónico que suele poseer el narrador de Pérez-Reverte cuando aborda temas heroicos, cuyo ejemplo mayor es La sombra del águila. El narrador de El húsar tiene un estilo sobrio y nunca pierde el estribo, lo cual delataría el carácter primerizo de su autor, quien contaba al momento de su publicación con 32 años.

El tema de El húsar es la decepción frente al romanticismo bélico. Para que quede claro, el narrador repite, quizás excesivamente, aquello de “la gloria” como la gran meta del protagonista, el joven estrasburgués Frederic Glüntz, quien se encuentra en una convulsa España como parte del ejército invasor francés. Desde la noche previa al combate, Frederic acumula ansiedad y deseo de entrar en batalla para demostrarse a sí mismo que es un valiente y volver a su ciudad natal vuelto un héroe: para lograrlo, debe ser fiero e inmisericorde, como buen húsar, en la primera carga, tan soñada por él. Conforme transcurre el día, la guerra muestra a Frederic su lado más cansino, vulgar y sucio: los húsares se aburren esperando, se cuentan las crueldades de las guerrillas españolas, que no respetan ningún principio de honor, y la batalla, en la práctica, es caótica, ruidosa, sin arte ni distinción para nadie. Toda la arrogancia de Frederic, quien triunfa en su primera carga, se viene abajo cuando enfrenta a los lanceros españoles que arrasan con él y sus compañeros. Su desengaño queda manifiesto en su transformación física: el joven rubio y guapo se convierte en un monigote, con el rostro hinchado y débil por la fiebre, monstruoso y con el uniforme embarrado. La derrota del joven es contrastada con la del viejo húsar moribundo al que se encuentra en su huida: este último, veterano escéptico, sabe que así es el final de todo soldado, mientras que Frederic experimenta la decepción de sus ensueños juveniles. Entonces recuperamos el iluminador epígrafe de Louis Ferdinand Céline (testigo desengañado de la Primera Guerra Mundial) para comprender a cabalidad el escepticismo de la escena, que se transmite entonces al texto todo.

¿Qué significa ser un héroe, entonces? ¿Cuál es la verdadera gloria? Quizás sea mirar a la muerte directamente a la cara, sin miedo, cuando viene a buscarte. Para tener esa seguridad hay que haber vivido mucho o al menos lo suficiente para sentir esa “cansada indiferencia” que atribuye el narrador a Frederic al ver llegar a los campesinos con sed de sangre francesa. Así debe morir un guerrero; tal como fantaseaba el melancólico Juan Dahlmann del cuento El sur. Este tipo de final, en que el protagonista enfrenta la muerte inminente, lo recrea Pérez-Reverte en la última página de Un asunto de honor, aunque aquí el tratamiento es distinto: el héroe, aquel camionero ex convicto, Manolo Jarales, pelea por el amor de una joven a la que piensa proteger con su propia vida y no lo mueven ni la vanidad ni nada parecido a la gloria. Solo por ello, su muerte se salva de ser absurda como la del joven Glüntz.

Finalmente, El húsar, Un asunto de honor o La sombra del águila son textos que examinan el significado del heroísmo. El primero lo hace con una sobriedad de aroma realista decimonónico; el segundo con un naturalismo casi de comic; el tercero echando mano de la caricatura y el esperpento. Los tres se encuentran en ese volumen de Obra breve que se complementa con un cuento como “La pasajera del San Carlos”, un ameno entremés, y un puñado de artículos (bajo el título Sobre cuadros, libros y héroes) imprescindibles para comprender el arte poética de Pérez Reverte: “La fiel infantería” nos remite a lo que, muchos años después, será El sol de Breda, “Cuatro héroes cansados” nos lleva a El club Dumas, “Ladrones de guante blanco” explica El tango de la guardia vieja, etc.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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