Formas poéticas breves en la obra del Inca Garcilaso de la Vega

ScanLa obra histórica del Inca Garcilaso, impregnada de humanismo, es una rica fuente de materiales provenientes de la cultura literaria del autor. En sus textos, el Inca desperdiga alusiones a versos de diversa procedencia, generalmente recogidos de la tradición oral. En ocasiones, se trata de versos de claro origen peninsular, provenientes del romancero viejo castellano, que al insertarse en episodios de la Conquista del Perú aparecen revestidos de nuevos significados y connotaciones. Este fenómeno presenta conexiones con el de los cuentecillos tradicionales, que plantean relaciones de ida y vuelta entre España y América. Un ejemplo paradigmático de esto es el ciclo de Francisco de Carvajal, mejor conocido en su época como El demonio de los Andes, protagonista de infinidad de anécdotas, cada cual más legendaria que otra, y en cuya boca pone Garcilaso buena parte de su saber de versos sueltos. El estudio de tales versos en su contexto, indiano y de guerra, revela transformaciones relevantes tanto para la literatura colonial como para la del Siglo de Oro. Nuestro trabajo intenta ser una primera exploración en torno al material lírico inserto en la obra del Inca, en aras de un desarrollo posterior mucho más en profundidad.

La tradición crítica garcilasista cuenta con dos trabajos que abordan la figura del Inca Garcilaso y su relación con la poesía. A José Antonio Mazzotti le debemos un documentado y reflexivo trabajo sobre los gustos líricos de Garcilaso como medio para comprender su compleja identidad dual, transatlántica y mestiza. Por su parte, Raquel Chang-Rodríguez ha delineado las preferencias poéticas del Inca, resaltando su inclinación por la materia tradicional, a la vez que un reconocimiento de las innovaciones métricas que se producían en la época, como buen conocedor del panorama literario (Chang-Rodríguez 99). Ambas contribuciones son imprescindibles como punto de partida para el estudio propuesto aquí.

En primer lugar, ya está aceptado por la crítica garcilasista el gusto, de tinte clásico, del Inca por el romancero y la poesía cancioneril propia del XV, es decir composiciones octosilábicas, en oposición a la introducción del endecasílabo que, en principio, se identificaba con la moda italianizante de la primera mitad del XVI. Mientras los romances eran anónimos, de contenido heroico o tradicional, la poesía de cancionero era de corte amoroso, pero en la senda del amor cortés medieval, llena de alusiones religiosas y caballerescas. José Antonio Mazzotti, en su indagación en torno al espinoso tema de la identidad del Inca ya estableció la inclinación de Garcilaso hacia la figura de Garci Sánchez de Badajoz, poeta cancioneril y soldado, y no, como se venía repitiendo en décadas pasadas, por su tío abuelo Garcilaso de la Vega. El testimonio de esto se encuentra en la Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas, borrador de un texto que nunca llegó a publicarse, donde el Inca revela su particular canon poético castellano, en el cual imperan los versos octosílabos, las coplas y un rechazo a la poesía italianizante que se apoya en Cristóbal de Castillejo, a quien el Inca cita y celebra como figura de su parnaso personal, junto a Sánchez de Badajoz. Con esto se desmonta por completo la idea, de vieja raigambre, en torno al cambio de nombre de Gómez Suárez a Garcilaso de la Vega como producto de la simpatía del Inca por su famoso tío abuelo, el poeta toledano.

Resulta por lo demás curioso que un hombre como el Inca, nacido en 1539, educado en la segunda mitad del XVI y creador de una obra historiográfica ambiciosa gestada en las últimas décadas de dicho siglo, tenga en principio gustos poéticos tan anticuados, provenientes de la literatura producida en el XV, es decir una centuria antes. En realidad, más que un gesto reaccionario del Garcilaso, habría que pensar en las circunstancias específicas de su educación literaria, la cual explica esta preferencia. De hecho, su infancia y adolescencia, cuando recibe sus primeras letras, están impregnadas de literatura del XV, o de Prerrenacimiento. Su padre y sus compañeros eran sujetos formados en aquel siglo previo y aún admiraban el verso anónimo de ocho sílabas en el que se resumía la historia de su pueblo. La mentalidad del conquistador, en muchos sentidos, seguía siendo medieval, como lo estudió Irving Leonard, incluyendo, claro está, su concepción literaria, llena de fantasía y encarnación aún del espíritu de la Reconquista (Leonard 29-40). Recién en las Flores de baria poesía, cancionero que empieza a formarse en México hacia 1577, tendremos muestras de la poesía italianizante en América, pero para entonces el Inca ya se había marchado del Perú (había emprendido viaje en 1560) y no pudo conocer estas primicias que empezaban a difundirse en tierras americanas. Como sostiene Óscar Coello, la poesía que está de moda en Perú hasta finales del XVI es la tradicional, la del anónimo romancero, impregnada de tono épico (…)

El artículo completo aparece en Crónicas urbanas 18(2016): 85-92.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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