“Misericordia” de Benito Pérez Galdós

16368529Esta novela es otra de las más representativas de la década maravillosa de la narrativa de Benito Pérez Galdós. Escrita a inicios de 1897, en cuestión de semanas, demuestra a un narrador en la plenitud de sus habilidades. En particular, Misericordia es el intento del autor canario de realizar un proyecto a lo Dickens, con una investigación en los bajos fondos madrileños que lo llevó a descubrir figuras reales que inspiraron algunos de estos personajes inolvidables. Años más tarde, en 1913, un anciano Galdós explicaría el proyecto en términos de “descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando a los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal y merecedora de corrección”. Uno de estos ejemplos de la suma pobreza es el marroquí Mordejai, con su extraño lenguaje (que bien podría llamarse aljamiado), un invidente que de tanto rezar frente a la iglesia de la Virgen de la Almudena es de todos conocido simplemente como “el ciego Almudena”. En su prólogo, un tanto nostálgico, Galdós aún lo recuerda y se apena de no haber podido recoger todo lo que pudo escuchar a este modelo vivo de su novela.

Uno de los logros de Misericordia es que, pese a explorar, como señala su autor, la miseria “picaresca o criminal y merecedora de corrección”, la recreación rehúye del estilo típicamente picaresco, si por ello se entiende una mirada exclusivamente grotesca y cómica. Si Mordejai o Benina, el personaje femenino que lo secunda y roba protagonismo, provocan sonreír ello no se produce por la carcajada cruel y satírica que identificamos con el Lazarillo o El buscón de Quevedo. Estos personajes miserables conmueven, dan lástima y, sobre todo Benina, encierran algo de santidad. Por ello, Misericordia supera, hasta cierto punto, la representación picaresca acostumbrada en las letras españolas para referirse a las clases más bajas.

El mundo de Misericordia es de miseria, pero está se encuentra distribuida tanto entre los pobres de solemnidad, aquellos que piden sin cortarse en todo acto público, como entre los pobres vergonzantes, como se decía antiguamente: aquellos que, por haber caído en la escala social, se resisten a admitir su desgracia y malviven de las migajas de otros. Estos ámbitos, el de los que sueñan con lo que nunca han tenido y los que ansían recuperar lo que perdieron, se muestran como espacios fluidos y alguien como Benina transita por ambos cómodamente. También llamada Nina (hipocorístico, diríase, de su nombre original Benigna), ella es quien mendiga y empeña hasta lo que no tiene para socorrer a su antigua ama, la todavía altiva y a ratos irritante doña Paca (que fue en su mejor época la señora Francisca), y a la hija de esta, además de su primo Frasquito, otro muerto de hambre que suspira por su lejana vida de caballero.

Benina sueña con ser rica, cierto, pero no por fines egoístas, sino para ayudar a esa familia a la que en tiempos más felices sirvió. Es un alma bendita que ha inventado fantasías consoladoras para sobrevivir el día a día de estrechez y no deja de pensar en lo que hará cuando mejore su suerte. Más nostálgico que imaginativo, en cambio, el señor Frasquito se la pasa contándole a la hija de doña Paca cómo es París y cuánto se parece la joven a la emperatriz Eugenia. Son sueños de opio en una casa llena de mugre y abandono, donde se suspira por un trozo de carne y se remiendan los harapos.

Dicen que en la estrechez se conocen los corazones. En Misericordia, se conocerán también, y mejor, en la buena fortuna. Si bien la novela ofrece una representación no picaresca, propone una reflexión ética que nos interpela acerca de la fe, la auténtica pobreza y el valor de las personas. Benito Pérez Galdós nos propone la soledad cósmica del santo (o la santa, en realidad), de cuyo corazón de oro nadie es digno. Tras el sube y baja de la fortuna, en la última página de Misericordia, Benina brinda la mejor lección de vida a aquella mujer, pragmática, mezquina y recelosa, que se ahoga frente a la primera adversidad, la perdona y la bendice. Tal es la medida de su persona.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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