“El hereje” de Miguel Delibes

9788423342389Ignoro si alguien lo ha comentado ya, pero la impresionante escena del auto de fe de La peste parece provenir de la novela El hereje de Miguel Delibes o al menos cuenta con ella como magnífico e inspirador precedente (siendo la del texto más exacta en sus detalles históricos que la de serie, por cierto). Sirva este motivo, en todo caso, para invitar al curioso a leer el texto de Delibes, su última gran novela, de hecho. Yo la leí hace veinte años, sin saber que era prácticamente su canto de cisne, y quedé fascinado. Ahora, revisando datos para esta nota, veo que la retocó en años posteriores y hasta se agregaron imágenes en ediciones posteriores. Por romanticismo o nostalgia, me entregué a releer el original de El hereje (Ediciones Destino, 1998), con erratas incluidas.

Esta es la historia de Cipriano Salcedo, vallisoletano que, tras un periodo de cuestionamientos íntimos, es captado por el grupo luterano formado alrededor de la familia Cazalla, el cual será exterminado en uno de los autos de fe más impresionantes del siglo XVI en España. Históricamente, constituye un castigo ejemplar que funcionó: fue uno de los primeros actos de Felipe II como defensor de la fe católica dentro de la península y aseguró una ortodoxia sólida el resto del siglo. Este foco de iluminismo en Valladolid ha sido estudiado largamente y contamos con bibliografía detallada, en la que Delibes se apoyó, con nombres eminentes como Bennassar, Menéndez y Pelayo, o el mismo Marcel Bataillon en su clásico Erasmo y España. Como novela, El hereje nos introduce en esta manifestación de heterodoxia religiosa a través del drama espiritual de un individuo, cuyo recorrido vital parece orientarlo hacia esta nueva concepción de la divinidad. Sin perder detalles de recreación histórica (en que Delibes hace un buen trabajo) o de discusión religiosa (sin entrar en meollos teológicos, la novela presenta con llaneza las ideas en debate), El hereje nos conmueve, nos agita y nos invoca a comprender las tribulaciones de un cristiano que está dispuesto a dar la vida por sus convicciones, aunque estas generen repudio de parte de la masa. Tal es la gloria del fracaso de quien es oprimido por el pensamiento común. Pensemos en las recreaciones literarias del caso de Galileo Galilei (a veces con su cuota de inexactitudes históricas, naturalmente) y comprenderemos en qué radica la fuerza narrativa de El hereje.

La novela expone las dudas religiosas y las mezcla, hábilmente, con el contexto familiar de Cipriano, el cual es determinante para que el personaje acabe como luterano: huérfano de madre apenas nacido, su padre lo rechaza, el ama de leche (la inolvidable Minervina) lo acoge maternalmente en años esenciales y, más tarde, su crecimiento y madurez se dan en medio de una soledad cósmica que nunca lo abandonará. Por ello, el caso de Cipriano nos impacta más que aquellos de los otros condenados (tan o más herejes que él), porque conocemos su vida a fondo: sabemos del episodio del incesto con Minervina (el cual explicaría su preferencia hacia la salvación por la fe), su fracaso matrimonial con Teodomira (que lo deprime) y el sinsentido de su éxito económico (al que renuncia). Camino de la hoguera, Cipriano puede reflexionar sobre quién es y cómo llegó allí: “Una vida sin calor la mía, se dijo”. Falta de calor humano, sentido de comunidad, de lazos familiares seguros y amor.

Hasta el último momento, ya a punto de ser quemado, el pobre Cipriano se aferra a su fe personal, la del disidente, con una fidelidad serena que no vemos en los demás: el resto de herejes en el auto son débiles, se quiebran por el miedo a las llamas, se vuelven acomodaticios con conversiones de última hora (por miedo o por cambio sincero, nunca lo sabremos) o pierden la cordura y vociferan enloquecidos. Aunque agotado, destruido en su dignidad y físico, Cipriano se mantiene firme, racional dentro de su fe, y por ello experimenta la paz del mártir. Habiendo seguido su vida de experiencias quebradas página a página, es inútil juzgarlo. Finalmente, además de la problemática religiosa, El hereje (de la que se habló de adaptación fílmica a cargo de José Luis Cuerda en 2001) nos sumerge en la Castilla del siglo XVI a través de episodios llevados con gran sobriedad estilística y maestría de novelista experto: el circuito comercial de los tejidos, el mundo rural del Páramo, las calles del viejo Valladolid, la circulación de ideas, la vida doméstica, etc. Siquiera a propósito del éxito de La peste, volvamos a Miguel Delibes.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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