“Tu nombre es Kizzy”: fortuna televisiva de una frase de novela

En una lista de lecturas juveniles de la década de 1980, junto a títulos como La isla del tesoro, Los tres mosqueteros o Veinte mil leguas de viaje submarino, habría que incluir Raíces de Alex Haley, un best seller publicado en 1976, cuyo germen se encuentra en el contexto de la lucha por los derechos civiles y personajes como Martin Luther King o Malcolm X. Alex Haley, colaborador del Reader’s Digest y autor de la biografía de Malcolm X, escribió su historia familiar como paradigma de la comunidad afroamericana, a la que dotó de un nuevo orgullo, debido a su lucha por la libertad y sus orígenes ultramarinos. No exenta de polémicas (como lo ocurrido con la novela El africano), Raíces se leyó mucho entre los setenta y los ochenta, y su popularidad generó una serie televisiva que ahora es un clásico. Así como Ricardo Piglia decía que cada generación de lectores requería traducciones nuevas, los espectadores de ahora también merecen sus propias adaptaciones a la pantalla. Quizás por ello en 2016, cuarenta años después de la publicación de la novela, se lanzó la nueva serie basada en Raíces.

Para un lector del libro de Haley en la colección inolvidable de Oveja Negra, no deja de ser interesante ver este nuevo intento, tanto para reconocer sus méritos como para estudiar sus licencias y transformaciones. Por tradición, la literatura se encuentra a muchos cuerpos de ventaja del formato televisivo en términos de complejidad de construcción y propuestas estéticas; no obstante, en los últimos años la calidad de las ficciones en la pantalla chica está reduciendo aquella brecha evolutiva. Con todo, no deja de ser cierto que, por regla general, las adaptaciones a la televisión suelen alterar (para bien o para mal, por remozar o por simplificar) las ficciones originales, por diversas razones: desde algunas eminentemente prácticas (el lucimiento de tal o cual actor o la presión de los productores) hasta otras de cariz ideológico (porque mantener algo en particular sería ofensivo o por endosar ciertas ideas en boga). En el terreno hallamos de todo y cada caso merecería una reflexión aparte. Una intuición añadida, que quizás sustenta lo dicho en torno a la brecha entre televisión y literatura: en esta última, se asume que el lector siempre es inteligente o que debería ser capaz de decodificar imágenes, alusiones, elipsis, etc.; en la pantalla, en cambio, la tendencia (con honrosas excepciones) es asumir que el televidente es ingenuo o lego. Este principio explica, aunque no justifica, que algunas adaptaciones rocen la candidez, por la necesidad, digamos, del guionista de transmitir clara y llanamente la idea principal que, según él, plasmaba el original.

A continuación, incluyo un ejercicio que puede iluminar algo de lo que vengo diciendo. Una de las escenas inolvidables de la novela Raíces es el bautizo de la hija de Kunta Kinte. Este, fiel a sus convicciones e identidad africana, no desea un nombre inglés para ella y pretende transmitirle su linaje, tal como se hizo con él. Tras tomarse un tiempo (como don Quijote con sus cosas), realiza su ceremonia privada: lleva a la pequeña en brazos a campo abierto, le susurra al oído su nombre tres veces (porque en su cultura el niño debe ser el primero en saberlo) y alzándola frente a la luna, exclama: “¡Mira! Es lo único más grande que tú”. Al volver a su choza, su esposa Bell quiere saber el nombre propuesto, ya que teme que tenga un sabor tan africano que les provoque problemas con el amo. Kunta le explica el significado del nombre: “Kizzy” en mandinka significa “quédate quieto” y eso es precisamente lo que desea para su hija, que ella no sea vendida (como Bell le contó que hicieron con los hijos que tuvo en su juventud) y que estén los tres juntos siempre como familia. Quien haya leído la novela sabrá si el deseo de Kunta llega a cumplirse o no.

En la primera versión televisiva (1977), la escena es algo diferente, ya que se mezcla con la evocación de un hombre que Kunta había conocido tiempo atrás: aquel esclavo que le propone fugarse juntos cuando vuelva a escuchar el tambor. En la adaptación, Kunta lleva a Kizzy en brazos y retumba ese sonido familiar que lo llama a dejarlo todo y buscar, nuevamente, la libertad. El ritmo intenso de los tambores refleja el dilema de Kunta en ese momento: Kizzy es la familia, es decir asentarse y renunciar a ese sueño de fuga, que se identifica a su vez con el tambor, instrumento que evoca su identidad despojada de guerrero mandinka. Bell lo intuye, sale a buscarlo y lo enfrenta: “Kunta, este es tu hogar”. Kunta lo niega, pero aporta una idea nueva: su familia, porque lleva a su hija, sangre de su sangre, una niña inocente en brazos, para la que espera un futuro de relativa paz, el mejor que podría brindarle junto a Bell. Ya en casa, Kunta le explica a Kizzy el significado de su nombre, pero le da una interpretación que nada tiene que ver con el pasado de Bell (que intenta Kunta remediar como un gran acto de amor de su parte) o el concepto de familia que desarrollaba la novela: “Tu nombre significa ‘quédate’, pero no significa ‘quédate como esclava’, nunca lo entiendas así. Tú eres la hija de Kunta Kinte…”


La última adaptación se apoya en la idea principal de la clásica. Dos grandes diferencias saltan a la vista. La primera es que el bautizo se hace junto a Bell, quien es introducida como parte del rito. Esto no formaba parte de la novela y hasta me atrevería a sostener que es inverosímil, pero es una concesión a los tiempos actuales y funciona, ya que refuerza el concepto de familia que Kunta está fundando. La segunda diferencia es un acierto que compensa la inverosimilitud anterior: la exclamación en árabe, que conecta a Kunta con su identidad de africano musulmán (“¡Allahu Akbar!”). “Tu nombre significa ‘quédate’, pero no ‘quédate como esclava’. Kizzy, eres hija de Kunta Kinte, la hija de Bell y, aunque nunca los conozcas, eres la nieta de Omoro y Binta Kinte. ¡Allahu Akbar! Mira, lo único más grande que tú”. Nuevamente, se ha sustituido el significado original del nombre de Kizzy en la novela (que remitía a Bell) para llamar la atención sobre el gran tema de toda la obra: la libertad.


Naturalmente, lo expuesto aquí son comentarios de lector/espectador, que observa y juzga según sus propios gustos estéticos. En realidad, las dos escenas, la clásica y la reciente, son efectivas y transmiten bien (con actuación, con música, con fotografía), al margen de los matices advertidos aquí, la emoción que pretendía Haley, cuando, en medio de la escena, afirmaba: “Kunta sintió que África corría por sus venas”.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s