“Opiniones del gato Murr sobre la vida” de E. T. A. Hoffmann

murEl escritor alemán Ernst T. A. Hoffmann es conocido por el gran público a causa de sus cuentos y la ópera de Offenbach que los popularizó aún más. De los relatos, quizás el más famoso es El hombre de arena, que se ha mantenido vigente en recreaciones hasta nuestros días y que se convirtió en el muy recomendable ballet Coppélia, la niña de los ojos de cristal. Por sus cuentos, Hoffmann es uno de los fundadores del género fantástico, aunque en su obra todavía este se encuentra fuertemente vinculado a la sátira y al humor. Precisamente la conjunción de fantasía y humor, como en El hombre de arena, gestó lo macabro o el terror, fenómeno literario que un escritor como Stephen King ha explorado largamente. Parte de la estética de Hoffmann permanece y encuentra en tiempos actuales a la novela gráfica como un nuevo soporte para su desarrollo.

El texto que me ocupa aquí es Opiniones del gato Murr sobre la vida, con una fragmentaria biografía del director de orquesta Johannes Kreisler, una novela que escribió Hoffmann en sus últimos años y que resulta una delicia. Para empezar, es un divertimento de escritor que, en las postrimerías de su vida, maneja sus recursos y emprende una escritura vigorosa con mano suelta, pero segura. La novela tiene un planteamiento completamente fantástico: un editor ha encontrado que, en el reverso del manuscrito sobre la vida del director de orquesta Kreisler, un gato llamado Murr ha escrito su propia autobiografía a la manera de Jean Jacques Rousseau. Lo que leemos nosotros es, entonces, el texto de Murr que se interrumpe periódicamente para dar paso al correspondiente fragmento de los hechos de Kreisler. Esta lectura en paralelo, a cuyo ritmo nos acostumbramos pronto, es la que provoca en el lector risas, asombro y, por momentos, una inquietud que, siglo y pico más tarde, Sigmund Freud llamaría lo siniestro. Las risas vienen por el estilo grandilocuente del gato, cuyo tono por pasajes recuerda algo del humor cervantino (en el texto hay referencias al Coloquio de los perros y el mismo Hoffmann había pergeñado años atrás una recreación). Muchas reflexiones de Murr destilan una parodia del genio romántico, puesta al servicio de una sátira social que apunta al sentimentalismo, herencia rousseauniana. Así, muchas páginas que destina Murr a hablar sobre su educación, el valor de las lecturas y la forja de un estilo literario parecen evocar, entre burlas y veras, tratados a la manera del Emilio. El asombro va abriendo paso a la inquietud cuando descubrimos que el primer amo de Murr, el maestro Abraham, tiene un pasado oscuro en Italia y se rumorea que ha sido un mago. En las páginas dedicadas a Kreisler, discípulo de Abraham, hay quien sospecha que el maestro ha enseñado a escribir al gato, ya que este estaría dejando manuscritos de su propia pata desperdigados por allí.

Abraham, que tiene algo de sabio y de loco, entrega a Murr al director de orquesta, quien no le va a la zaga en excentricidad. Se dice, con razón, que, como notable músico que también era, Hoffmann volcó en el personaje de Kreisler algo de su experiencia en la profesión. Su época, inicios del XIX, es también la de Beethoven y, como este, Kreisler sufre la incomprensión tanto como la admiración de una aristocracia que todavía no acaba de aceptar que un músico merezca un tratamiento mejor que el que recibe un criado. En las partes que se ocupan del director de orquesta, encontramos enredos palaciegos, aventuras y lances de amor que un teórico como Murr, pese a su pasión, no alcanza.

Aunque posee páginas notables, Opiniones del gato Murr sobre la vida no es una novela perfecta. Mantiene el interés del lector hasta el final, pero su conclusión abrupta se siente forzada. Con todo, ¿habría sido posible un desenlace mejor? Lo dudo. La novela, de estructura episódica, no conduce a un final cerrado y es comprensible que al autor se le acabara la inventiva para las aventuras de ambos personajes, que se yuxtaponen pero nunca llegan a fusionarse. En ese contrapunto, precisamente, entre las aventuras de Kreisler y las ensoñaciones de Murr, reside el mérito novelesco del libro. Me inclino a pensar que Hoffmann aspiraba a que Opiniones del gato Murr sobre la vida fuera leído así: a saltos, de manera fragmentaria, como se leen las misceláneas y las enciclopedias.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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